domingo, 31 de octubre de 2021

Ya te digo

 


Quizás sea mejor no llevarles la contraria.

Se han organizado, ya ves. En este bosquecillo los perros abandonados de la zona se han hecho fuertes.

Pero a ellos ¿qué les importa si cogemos piñas para recolectar piñones?

Seguramente nada, pero eso díselo a ellos.

Yo se lo diría, pero ya ves cómo se han puesto cuando he dejado suelto a Micifú

Es que traer al gato con nosotros no sé yo si era la mejor idea, ya te lo advertí, pero tú erre que erre.

Y luego se quejarán del predio de los piñones

Ya te digo.

 

 

miércoles, 20 de octubre de 2021

Metáforas en jueves

 


Siguiendo la propuesta de Dorotea sobre metáforas, mi participación es este texto.

Ha llegado el otoño. Las nieves del tiempo han calado en su corazón, y hasta en sus piernas. Cuando llega al bosquecillo, con su alfombra de hojas y de recuerdos medio confusos, las ventanas del alma se le llenan de nombres de quienes ya partieron. Las suyas, recordando, no son lágrimas de cocodrilo. Son lágrimas amargas, densas, sobrecogiendo la mirada hacia dentro.

Cuando regresa a casa, mi trabajo en un calvario, porque me cuesta cada día más recomponer su ánimo, intentar que sonría o conseguir que coma algo. Hasta es costoso que se avenga a estirarse un rato para hacer una cabezada, siempre corta, ante la tele mientras yo arreglo la cocina. Mi padre tiene un dolor de ausencia más grande cada vez que octubre llega a su fin. Hoy me ha preguntado cuándo iremos al cementerio.

Yo estoy entre la espalda y la pared. Por un lado, pienso que le irá mal encararse de nuevo a la foto de mi madre en la foto de su tumba, pero, por otro lado, no llevarle, implica el riesgo de que crea que no quiero ir.

Palabras: 184

domingo, 17 de octubre de 2021

Naúfrago varado

 


Ha pasado un año, pero sigue siendo una incógnita por qué lo hiciste, si lo hiciste. Dicen que cuando supiste que eras un náufrago en el islote que tuviste que fabricarte, no perdiste del todo la esperanza en que algo  pudiera salvarse de tu naufragio personal. Creíste plausible que, como un geranio a destiempo, los celos hacia Roberto, el usurpador, pudieran quedar atrás para ti. Rogaste porque Eva regresara a tus brazos. Te aferraste a la idea de que aun siendo un timorato crecido en un barrio del extrarradio, te habías cultivado entre bragas de seda y apartamentos de diseño. Figurarías de nuevo, tal vez incluso para ella, en el mercado de los solteros apetecibles, como un gato de angora refinado, que puede exhibirse en los salones de Sarriá.  Entraste en meses de recogimiento, te reíste con el contratante de los hermanos Marx, nuevamente adicto a las pelis antiguas. Te vestiste, superando tu reciente apego a los grises y negros, de rebelde sin causa, con un look de motorista venido a menos que encontrabas austero en el espejo, como cuando en tu infancia coqueteabas con ser el cowboy más serio de nuestro bloque de protección oficial.

Algo falló en tus engranajes, bien entrenados para defenderse, algo se te rompió cuando Eva se convirtió, ya definitivamente, en quimera. Tu vuelo fallido desde la cima del Pedraforca pudo ser accidental, y creo que, en definitiva, perseguías tu sueño de abrir las alas y huir de nuestro maldito barrio y sus miserias. Brindo por ti, amigo y vecino, cuando la hora de las “aventis” se nos escurrió entre los dedos, y los años, sin saber cómo. 

Las palabras marcadas en negrita son las elegidas para un texto, como ejercicio de un taller de escritura.

Palabras 274


jueves, 14 de octubre de 2021

Dos frases, en jueves

 


Siguiendo la propuesta de Neogéminis, dando a elegir el uso de dos frases, mi aportación es la que sigue

Me habían advertido. Ese antiguo convento que transformaron en hospedería, tenía, según las malas lenguas, como mínimo un fantasma. Unos dicen que bromista, que llevaba a quien traspasaba una puerta de trampantojo pintada en una pared, a otra dimensión, o a otra época. Otros, los más, decían que, tras la puerta de adorno, había el esqueleto de una mujer que fue emparedada con su hijo reciéen nacido en el siglo XVIII, una monja que obviamente, no mantuvo el celibato.

Agoté el disfrute de mi ducha redentora, con la sensación de que alguien me observaba, y, como suele pasarme, la imaginación se me disparó. Con el albornoz blanco bien cerrado, descalza, y con el pelo aún mojado, hice amago de abrir esa puerta de mentira. Que no se abrió, y que dejó flotando en el aire un aroma a colonia Heno de Pravia. Por la mañana pareció estar abierta y la abrí, pero, por supuesto, sin rastros de lo que alguna vez fue vida, a tenor del olor.

Me instalé en el escritorio. Escribía el capítulo en el que la escritora descubre cómo un cuerpo decapitado es encontrado en el remanso de un riachuelo, cuando una tela húmeda me rodeó la cara, quiero creer que fue real, aunque saberlo no cambie nada, porque sentí el aroma de colonia mucho más intenso.   Llamé a recepción. Una mujer me convenció de que ese dibujo no era más que eso, un dibujo. En la noche soñé con una tela sobre mi cara y desperté sudorosa y agitada. Miré a la pared del dibujo. Palpé la pared por donde debería haber unas bisagras, pero no hallé nada más que el propio dibujo.

Hice la maleta, y dejé le hotel.   Que otro descubriera la verdad sobre el antiguo convento.

Palabras: 293


domingo, 10 de octubre de 2021

Súbitamente, el otoño

 

El bosque estaba ahí, esperando. Llevaba un par de días oteando el horizonte, notando que la brisa se intensificaba. Sintiendo cómo las hojas, de día en día, iban perdiendo el verdor para transformarse en cientos de variedades de ocres. Viendo cómo algunas de ellas, díscolas e impacientes, se precipitaban sobre el lecho de tierra, asustando con su descenso a alguna hormiga diligente.  El sol había brillado intensamente días antes.

Pero al fin escuchó unos truenos, lejanos, como de un eco tardío y envolvente. La lluvia hizo su aparición. Atropellándose, como desbocada, dejando caer el agua a borbotones. Con esa puntualidad tan alocada. Había llegado el otoño. El bosque, empapado, le recibió ilusionado.

jueves, 7 de octubre de 2021

Una de caballos, en jueves

 


Siguiendo la propuesta de Myriam, sobre el mundo de los caballos, mi aportación es la que sigue.

Indalecio estaba casi todo el día en la cuadra, donde cuidaba a los caballos del club de polo. Había criado y cuidado a un potrillo negro y movido, noble y de buen porte, que, sin embargo, mostró desde muy pequeño un espíritu indomable. Le llamó “Rayo” y nadie salvo él se atrevió a perder tiempo y esfuerzo en entenderle,  así que, desde la adolescencia del chico, el caballo indómito había sido su único amigo. Le explicó de sus cuitas y sus aciertos, de la soledad que le invadía y de la incapacidad para establecer una amistad medio normal con alguien. Esa tarde intuyó que algo pasaría. Que una tormenta iba a descargarse. Sintió que su fiel Rayo estaba a punto de escapar para ser libre. No le sorprendió no encontrarle en la noche. Los rayos iluminaron a un caballo negro, sudoroso, envuelto en el vapor que producía la lluvia sobre su cuerpo. Las crines adheridas al cuello, la mirada extraviada, las patas inquietas. El joven notificó su ausencia, que parecía no importar a nadie, y pertrechado con un buen impermeable, fue al bosque cercano, donde le encontró mordisqueando hierba bajo un árbol centenario. Le acarició, se miraron, y tras abrazar su cuello, le montó a pelo. A horcajadas de sus sueños, en comunión perfecta, un hombre que sólo hablaba con los caballos, se perdió en el horizonte. 

Unos dicen que cuando ven una sombra de alguien a caballo, galopando por las afueras del pueblo, es que se acerca una tormenta intensa. Otros dicen que, de noche, por las cuadras del club, con cada la luna llena, un alma en pena vaga a caballo, atemorizando a quienes no aman a los animales. Lo único que sé es que, cuando voy con mi perro al bosque, éste ladra al vacío que hay bajo un árbol centenario.  

 Palabras 298


domingo, 3 de octubre de 2021

¿Y eso?



Cariño, tenemos que hablar

─ ¿Y eso?
─ He encontrado un preservativo en el Audi.
─ No suelo usar tu coche
─ Ya, pero cuando te fuiste con las amigas a Peñíscola sí que te lo llevaste.
─ Claro, no me iba a ir en el Ibiza
─ Pues ya me dirás qué hicisteis las tres.
─Te voy a explicar un secreto. Lola iba muy suelta, estuvo con nosotras, pero muy poco, capaz que sea suyo. Tal vez lo llevaba en el bolso y se le cayó
─ Puede ser. Me genera curiosidad saber de su amante
─ ¿Y eso?
─ Porque es de color avellana y de talla extra grande