jueves, 6 de mayo de 2021

De picnic, en jueves

 


Siguiendo la propuesta de Mar, un día de picnic, mi aportación es la siguiente

Lo llamaron picnic. No sé si ese nombre se lo inventaron, pero nosotras lo llamamos “fiesta”. Primero notamos leves vibraciones del suelo, acompañadas de un sonido repetitivo y un olor a tubo de escape. Cuando paran los coches, el bosquecillo, con sus mesas preparadas para barbacoas, se llena de voces alegres, a veces con griterío de niños. Yo prefiero que no hagan barbacoas, porque el olor, y el humo, me irritan la garganta, pero en nuestro grupo, por lo menos diez hermanas prefieren las barbacoas, porque dicen que los restos de carnes asadas les sientan de maravilla. En cualquier caso, la tortilla de patatas está casi garantizada.  Rara vez no queda rastro de algún fragmento en el suelo.  Más de una hermana nos ha de llamar para que la ayudemos a trasportar trocitos al hormiguero.

Nunca pensamos que ese niño fuera tan cruel. Apenas habían salido de los coches, era casi imperceptible el olor a comida que iban sacando de ellos, cuando un niño se ha acercado al hormiguero, se ha agachado, ha buscado un palito y se ha puesto a jugar a meterlo en nuestra casa y ha sonreído. Le he mirado y casi he podido intuir lo que hizo después. Me he salvado de la inundación, sí, pero la desolación de quedarme sin casa entre ese olor a orina tan intenso, me ha dejado mareada. Si encuentro a un buen puñado de hermanas, subiremos por las piernas del chaval y le morderemos cuanto podamos.

 

Palabras: 246

lunes, 3 de mayo de 2021

Obsesivos

 


A quien no entiendo es a él. Tanto quejarse de que ella era una obsesiva de la limpieza. Tanto que suspiraba con vivir en una casa donde no tener que levantar las piernas para dejar paso al mocho. Tanto añorar su piso compartido, con cierto aspecto de ser humano y de estar habitado. Tanto criticar vivir en una casa impoluta, con aspecto y olor a quirófano, y ahora es él quien todo el santo día va limpiando sobre limpio, molestando las hijas para que levanten las piernas y poder pasar la fregona, cuando ellas van de visita, por verle, de tanto en tanto.

jueves, 29 de abril de 2021

Curiosidad en jueves

 


Siguiendo la propuesta de Molí del Canyer, sobre la curiosidad, mi aportación es la siguiente

Boika, el adolescente, sintió el golpe en su cabeza.  La pistola TASER habría caído de alguna avioneta sobre la jungla, si bien él no la había escuchado.  Un regalo del cielo, se dijo, eso es señal que los dioses están de acuerdo en que supera la prueba y sea el más valiente de la tribu.

Con el aparato en la mano, empezó a examinarlo, sin entender si servía para algo. Contento por el regalo, lo enseñó a su familia, quien no sabía su función, por muchas vueltas que daban al cacharro negro con forma de pequeño tirachinas. Consultaron con el jefe, quien tampoco había visto nada igual, como años atrás pasara en una tribu africana respecto a una botella de Coca-Cola. A Boika le pedían prestado el aparato para diversas actividades sin importancia, y llegó el día de su paso a la adultez, que no superó. Era cazar en solitario un primate, para alimentar a la tribu. 

Ese día, enfadado, tiró hacia arriba el regalo negro reluciente. Y ahí quedó, aposentado en una rama alta. Un mono aullador buscada comida y vio algo negro. Por curiosidad, se lo llevó a la nariz, y nada, no olía a nada. Luego lo chupó. Nada, no sabía nada.  Comenzó a apretar luego por todos lados, hasta dar con la posición correcta para producir la descarga. Chamuscado y bien cocinado por dentro, cayó cuan largo era sobre Boika, quien se había quedado apoyado en el tronco de ese árbol, meditando. Contento regresó a la aldea.  

Aunque tarde, había superado la prueba y ya era un adulto. Algún día descubriría el uso del regalo de los dioses, si tenía suficiente curiosidad, y acabaría por ser el jefe de la tribu.

Palabras 282

miércoles, 21 de abril de 2021

Cumpleaños de Mara, en jueves

 


Siguiendo la propuesta de Demiurgo, el cumpleaños de un personaje suyo, Mara Verso o Mara Laira, mi aportación es al siguiente: 

La locutora llegó acalorada a su casa. No había tenido tiempo de preparar su siguiente programa como ella solía hacer. Todos reconocían que se notaba el trabajo previo de sus locuciones y entrevistas, pero luego se extrañaban del tiempo que debía invertir antes de entrar en antena. Ni siquiera su amigo especial Pedro parecía entender las horas que pasaba en la emisora.

Mara tenía unos minutos nada más para ir a una exposición que se inauguraba precisamente ese día, su cumpleaños. Cuarenta primaveras, edad más que oportuna para hacer primeros balances, se había dicho por la mañana, pero eso debería esperar a otro momento. Ni Pedro se había acordado, de hecho, no la había felicitado nadie. Sonó le móvil, Alicia, la productora, le comunicaba que la inauguración se retrasaría una hora, tiempo para repasar los datos biográficos del fotógrafo, se dijo. Se permitió un baño caliente, con sales y aceites esenciales de lavanda. Se vistió elegante pero cómoda, y tomó el taxi hasta el lugar de la inauguración. Le sorprendió ver apagado el edifico. También le llamó la atención que no estuviera la furgoneta de su emisora, ni un Joan mirando el reloj impaciente, como era costumbre. La puerta estaba abierta, y las luces de emergencia dejaban ir una parca y rojiza luz.

“Genial, están con un corte de luz, se dijo”. Suponiendo que Joan estaba dentro, colocando los aparatos se animó a llamarle, mirando de reojo la puerta, porque nada encajaba y estaba por darse la vuelta y salir a la calle.   De pronto, se iluminó la sala por completo. De una cortina salieron los compañeros de la emisora. Pedro llevaba un ramo de flores en las manos. Su madre, dos hermanas y tres amigas también se habían escondido y salían corriendo hacia ella con los brazos abiertos.

“Sorpresa”, decían todos sonriendo. La inauguración estaba prevista para el día siguiente, pero a ella le habían enredado con las fechas. Por esa noche dejaría que la alegría de cumplir años la llenase de abrazos y complicidad. Ya haría balance otro año. O no.

 Palabras: 343

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lunes, 19 de abril de 2021

Parlanchina

 


Te quiero Pilar, te quiero─ dijo al agitar su pañuelo en el andén. Ella aceptaba el traslado a la otra punta del país. Pilar, parlanchina, hablaba por los codos. De tan jovial, se pasó de la raya cuando comentó, seguramente sin mala intención, la duración de su potencia amatoria. No calibró las consecuencias. Ella, inocente, juró haberlo contado sólo a cuatro amigas, pero una de ellas conocía a un compañero de trabajo de él. Desde el día en que oyó hablar de un eyaculador precoz ante la máquina del café, su oficina se convirtió en un lugar inhóspito y hostil.

jueves, 15 de abril de 2021

Anacronía, analepsis en jueves

 


Siguiendo la iniciativa de Mag, la trastienda del pecado, mi aportación es la siguiente

Con sus cuarenta y tantos años bien llevados, su hija ya viviendo sola, y con un trabajo estable, y en una familia convencional, nada le había preparado para llegar a la UCI como llegó. Sin aire, boqueando como un pez en una pescadería. Cuando despertó supo que la vida continuaba. Se sorprendió cuando una auxiliar le preguntó qué fue de Joan, el nombre tatuado, aunque entendía la razón de su curiosidad.  En ese momento recordó con precisión de cirujano una tarde lejana. Con aquellas sábanas arrebujadas en una cama como ring de boxeo, y a ella misma, volando en pequeñas muertes, casi levitando con el rubor en sus mejillas, y ese pecho de Joan, abierto de amaneceres para conquistar. Rememoró el instante en que decidieron ir al tatuador, y cómo, cogidos de la mano, entraron en la tienda. Era una estupidez poner un nombre, lo supo siempre, pero fue ella quien insistió, con aquella ebullición pasional aún por sus venas.

Joan, aquel primer amor de juventud volvió, enconado, a su mente. Lo que durante más de veinte años había esquivado, recordar, aparecía por arte de magia, mientras unas lágrimas resbalaban lentas por sus mejillas. La baja espalda había sido el lugar elegido para tatuarse el nombre de quien, pocos meses después, fallecería en un accidente de moto. El marido consoló el llanto de Laura, atribuyéndolo a la emoción de haber sobrevivido al Covid, intubada y boca abajo.

Palbras:235

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martes, 13 de abril de 2021

Animales de compañía



Hablando todo el día con el loro del vecino. Así le encontraba cada tarde al llegar de mi trabajo. Me quedaba escuchando las conversaciones con la sensación de ser un extraño. Boby no me hacía ningún caso hasta que la vecina guardaba en su piso la jaula. Luego dejaba que el perro me convenciera para salir de paseo, aunque cada vez me sentía menos acompañado. El día que se perdió no corrí a buscarle. 

Ahora vivo solo. El loro de la vecina, en su monologo, nombra a Boby a menudo, y yo le imagino charlando con cualquier animal de compañía


jueves, 8 de abril de 2021

Vejez con pez, en jueves

 


Siguiendo la iniciativa de Dorotea, sobre la vejez, mi aportación es la que sigue

Venga mamá, aligera un poco, que nos cierran la entrada

Qué más quisiera, pero los pies no me dan para más, Pedro.

Soy Luis, recuerda que papá murió hace dos años

Si tú lo dices, será verdad, pero vino a verme esta mañana, mientras desayunaba, y quería que le diera un cuerno del croissant, ya ves tú.

¿Y se lo diste?

Claro, lo que no sé es cómo cayó en la mesa el trozo que corté para él

Igual porque lo imaginaste. Quédate aquí sentada un momento, que le digo al de la entrada que nos espere.

Vale

Luis le dice al de seguridad que espere un momentito, que su madre está descansando. El tipo se asoma para verla en el banco, llevando un pez en una bolsa de plástico. Avisa que está prohibido abandonar peces en el estanque, ni tortugas. Luis cada vez ve como peor idea regalarle un pez naranja para que se entretuviera mirándolo. La anciana no se entretenía con él, y propuso llevarlo al Retiro. Así es como ha organizado esta excusión absurda. La residencia le ha advertido que han de regresar antes de las nueve, y acaban de sonar las ocho. Ve cómo cierran las verjas del parque, regresa con su madre y se sienta al lado.

Ese sonido era el de las puertas, que se cerraban. Si quieres regresamos a la residencia, y me quedo con el pez, así no te has de molestar por él.

No, ni lo sueñe, es para mi hijo, que se llama Luis, pronto sale del cole y le prometí este regalo por su cumpleaños.

Vale mamá.

Una anciana, llevando una bolsa con pez, cogida del brazo por un tipo alto, se pierde por la avenida de unos recuerdos.  El tipo también se resbala por el tiempo, y revive una tarde, con una mujer con pez, y  una pecera,  de su infancia ya lejana.

Palabras 305

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domingo, 4 de abril de 2021

Pajarillos

 


Lo hemos adoptado como un hijo más. Su llegada fue intempestiva, cayendo desde algún balcón sobre la cabeza de Anita, quien, con siete años, primero dio un grito, luego un brinco, y posteriormente encontró adorable al animalucho.

Nos lo quedamos. La nena se hizo cargo de Chico, el nuevo hermanito. Le paseaba en un cochecito de muñecas, y le cantaba cada tarde. Nos llegó a preocupar que quisiera ponerle a dormir con ella. Una noche cogimos a Chico y le llevamos a la puerta de un veterinario. Le contamos que habrá querido ser libre, y que seguro que ya aprendió a volar. Anita nos ha mirado, mal.

domingo, 28 de marzo de 2021

Un poemario maduro y excelente

 



Seguramente muchos conocéis a Chelo de la Torre. Ha sido un placer leerla en formato de poemario.

Con una presentación cuidada y primorosa, su libro de poemas ÁNGULOS,  es una obra que nos deja una caricia en los sentidos. Rezuma agudeza, reflexión, sensibilidad y viaje interior en cada verso, del derecho y del revés de sus poemas. Prologado con acierto y mimo por Jesús Urceloy

En su devenir geométrico, divide los poemas en ángulos interiores a una circunferencia, y otros exteriores a ella. Considero que esa imagen perfecta de redondez, pudiera ser ella, siendo los ángulos sus circunstancias internas y externas.

En un tercer apartado consigna los poemas que han sido traducidos al árabe, sin duda porque son atemporales y universales, doy fe.

Mantiene un espíritu lúdico y fresco, cómplice diría, con las palabras, como en su poema EN BLANCO: “Las teclas del ordenador están inquietas/ hace días que no las acaricio. / El folio, desafiante, muestra su desnudez. /No están los adjetivos en la cesta de la compra/…”

Se nota su formación en ciencias, su relación con la geometría y las matemáticas, y así, en un poema que me ha encantado, deja clara su mente organizada, sin tropiezos, y con esa vocación por la razón. Se llama CUADRADO, y sus primeros versos dicen así: “Cuatro puntos, cuatro vértices/ dos hijos, dos padres/ un cuadrado, una familia. / Contiguos: se habla. /En diagonal: se grita. / Y en el centro, el tiempo…”. En otro poema, de ángulos exteriores esta vez, titulado TRIÁNGULO sigue jugando: “La vida va pasando/los recuerdos pierden el pulso/y esa sencilla figura/─que tanto dibujé─/ha perdido su norte/se ha hecho cotidiana…”.

En su caso, la formación en ciencias puras, no deja atrás un corazón femenino, luchador, y abierto a la brisa del  ritmo y los versos. Se deja llevar por la vida. Dándola voz.

 

Un poemario maduro, sin concesiones, con una sobriedad que deja margen para el goce natural que le producen las palabras. Más que recomendable, unas lecturas que huyen de las prisas, porque son poemas que te hacen reflexionar, y por instantes, sonreír. Un acercarse a esta escritora, poeta enorme, más que interesante. Para amantes de la poesía, diría que imprescindible.

para adquirirlo



viernes, 26 de marzo de 2021

Gracias, 201 veces gracias



Dos meses de este parto. Como no me había generado expectativa alguna, me parece una maravilla que doscientas  personas hayan confiado en mí. Lo sé por estadistas de Amazon. Se ha descargado muy poco en e-book, y  me parece bien. Adjunto comentarios o reseñas, algunos de blogueros muy queridos, pero quiero pensar que son sinceros.



Paraíso de letras, Ginebra



Crónicas poulardas, Alfred



Autodidacta, Ester


Pasatiempos, Chelo del la Torre



Campivampi, Campirela


GRACIAS, muchas gracias Para adquirirlo, en e-book y papel


jueves, 25 de marzo de 2021

Chismes en jueves



 Siguiendo la iniciativa de Gallisan sobe chismes, mi aportación es la que sigue

¿Te fijaste que Pepa cambió su estado?

Su estado de…

Mujer, de casada a soltera, en Facebook

No puede ser

Lo es, ya ves, la vi anoche mismo acaramelada con ese tipo, sí mujer, ese que era alto, tienes que recordarlo, yo creo que ella era su amantes hace tiempo

─ Uno con barbita, que hablaba raro, ¿ese dices?

Bueno es que creo que era francés.

Pero que fueran amantes no me cuadra, si estaba muy bien con Luis

─ No sería tanto, pero oye, su marido no se llama Luis, me suena José.

─ Sería José Luis entonces

─ Eso sería. Pero qué fuerte,  dejar al marido, que seguro que ha sido ella

─ Pudiera ser, pero con un amante ella, igual él le dio un ultimátum

─ Pudiera ser. Oye, te dejo que ya sale mi nombre en la consulta del gine.

─ Que vaya bien.

─ Igualmente Lola, un abrazo a tu marido Juan y a los niños.

Lola se quedó pensativa, no sabía cómo esa amiga del wasap que justo ahora conocía, sabía algo de Andrée, quien hace años fue su propio amante.  Sin hijos y con un marido llamado Tomás, entendió que ninguna  de las dos conocía a Pepa, más que de nombre. Casi con certeza, pero habían pasado el rato en una sala de espera.

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lunes, 22 de marzo de 2021

Ambarina



Su incontrolable afición por los viajecitos interplanetarios le había llevado a R25, un satélite de Júpiter, donde apenas había una estación base, con tres monos, dos humanoides y quince humanos. No parecía un lugar de turismo convencional. Sin Amanda, la última robot de látex, prefería viajar solo a lugares donde encontrar alguna forma de vida que pudiera ofrecerle amor.

La mujer de seis brazos y tres ojos, con aquellos cabellos azules y el zumbido de su voz era la mejor opción en ese momento. Lo malo fue que, al besarla, esa baba ambarina le dejó con un enorme mal sabor de boca

jueves, 18 de marzo de 2021

Tras la puerta, en jueves

 


Siguiendo la propuesta de  Mag, cuentos de Poe, y huyendo de los cuatro propuestos, mi aportación es la que sigue

Me detuve ante una casa extraña. Cuando llevaba dos horas, fisgando por los rincones, lúgubres, y con aroma a humedad, he pensado en el cuento de Poe “La caída de la casa Usher”.

Recordaba el texto, todo él perturbador. El ambiente de la casa que yo miraba era igual. En la última habitación que vi me pareció que había dos hermanos, con una mujer enferma o encamada, y un hombre que me miraba, invitándome a que le acompañara, para no estar solo ante la muerte de ella, inminente. Las telarañas de los rincones, el suelo cubierto por polvo y huellas de botas, y la tenebrosa luz, me provocaba ansiedad, pero más curiosidad, así que acepté. Por la noche dije que me iba, pero él, temiendo un final inminente desde hacía horas, me convenció para seguir allí, sentada en una silla de enea. Por la expresión, el caminar arrastrando los pies, y esa faz blanca por falta de sol, me hizo pensar que enfermos, de hecho, lo estaban los dos. Él temía enterrarla viva. Ya le había pasado dos veces, declaró,  y ahora su pánico le tenía paralizado. 

Madelina, tan pálida y desvanecida, me parecía una actriz estupenda. Su catalepsia, ese planeo de muerte en vida, me afectó hasta a mí cuando sucedió, porque le buscaba el pulso, acercaba mi cara a su boca, y era evidente que estaba muerta, y bien muerta. Miré los títulos de libros de una estantería, imaginando la lectura como entretenimiento para ambos. Ni una sola novela  con esperanza.  Me ofrecí para los trámites de la muerte, pero me pidió dos días más, aunque creyera que lo adecuado eran quince para afirmar que estaba muerta. Esa coincidencia me hizo pensar que me había metido en el cuento.

No, quince días yo no podía estar allí. Y ella volvió, al segundo día, de entre los muertos, tal y como el hermano me había dicho, y que ya había sucedido dos veces antes.

Me puse a reír, no podía parar. Dos días triste, pendiente del loco, de la hermana, de mi vida, que parecía irse difuminando con el paso de las horas me tenían alterada. Me quedé sin batería en el móvil, en un compás de espera absurdo y con un tipo atándole cascabeles en tobillos y cada dedo de las manos y los pies.  Le dije que me iba, creo que al tercer día de haber entrado. Llegué al pasillo, dejando atrás el aseo, único lugar que conocí durante mi estancia en esa casa de locos. Se me tiró encima, me pegaba puñetazos, quería retenerme a toda costa. Suerte tuve de acertar a coger una barra de cortina que se apoyaba en el marco de una puerta. Le golpeé, con una fuerza que no supe de dónde saqué. Su sangre brotaba lenta desde la cabeza, produciendo un charco rojo creciente. Tomé su pulso, dudando si llamar al policía o a una ambulancia.

Un sonido de cascabeles, leve pero incuestionable, me sacó del ensimismamiento. Madelina,- me dije. Entré armada con la barra y fui contando. Cuatro, cinco, seis…

Mi abogado dice que alegar locura transitoria será atenuante. No sé cómo pretende que sea yo quien pase por loca.

Palabras 575, casi el doble de lo que quería

lunes, 15 de marzo de 2021

Locura



Sus deseos de comprarlo todo en Marte se hicieron realidad. El viaje por el viejo Oeste, esa América profunda, recorriendo parajes difícilmente imaginables, había sido una especie de peregrinaje por un impulso. Para encontrarse a sí mismo, se había dicho. De nada sirvieron los consejos de que fuera muy bien preparado, porque el desierto, que pareciera marciano, era inclemente.

Tras caminar dos días, alucinando por la insolación, sin saliva en la boca ni señal de cobertura en el teléfono, el autoservicio con gasolinera, Marte, fue su oasis. Podría comprar de todo, salvo la cordura, ya perdida del todo


domingo, 14 de marzo de 2021

Reseña de una bloguera

 


Un ramillete de relatos, poemas y reflexiones de enorme lucidez. Sus relatos, algunos   con moraleja, están bien escritos, con un lenguaje sencillo, sin alegorías ni concesiones a la belleza narrativa, sino más bien al mensaje en sí. El primero, que abre el libro, está marcado por un miedo en aumento, de quien, como no puede ser de otra manera, es el gemelo sano, un tipo super ordenado, rígidamente marcado en sus horarios, normas y costumbres. El final hay que leerlo, por supuesto. El último, sin duda, sobre la propia madre de la autora, aquejada de Alzhéimer, es un canto al amor en vida, a seguir amando por encima de que te reconozcan, porque uno sí sabe que esa persona es la madre, o el padre. Enternece, llega, nos hace sentir la impotencia y el verdadero empeño en acompañar a quien nos dio la vida. 



Diseña protagonistas potentes, como un viejo, en una noche de Halloween, formidablemente urdido. Pero hay que leerlos, para entrar en esa mente gallega tan arraigada y apegadas a sus paisajes. Los poemas son intimistas, pero universales.  No deja que los sentimientos se desboquen, manteniendo un autocontrol férreo. También las reflexiones están dotadas de un sentido común más que notable, aportando una lectura que nos provoca hacer introspección. Resumiendo, recomendable, ameno y sin dificultad alguna de lectura.

Su blog es que sigue Rhodea Blason

sábado, 13 de marzo de 2021

Un cumple diferente

 


Muchas gracias María, por tu tiempo en hacer este montaje tan delicado. Hay sido un gusto que este año algunos blogueros hayan podido felicitarme, o por este medio del blog o por Facebook.  Por supuesto, mi familia cercana ha acudido a desearme un bonito día.



Hasta mis hijos han estado por la labor :-) Encuentros físicos los justos habrá este año, como ya fue el pasado. Pero habrá momentos de abrazos, no me cabe duda. Pronto podremos volver a estar en grupos numerosos. Me jubilo, tras cuarenta años de dedicación a mi trabajo. Y escribiré más, viajaré lo que me permita la economía y las pandemias, y en definitiva, pondré decir que he cumplido con la sociedad, así que ahora, me dispongo a disfrutar, sin más.

miércoles, 10 de marzo de 2021

Fantástica fantasía, en jueves

 


Siguiendo la convocatoria de Neogéminis sobre el mundo de la fantasía, mi aportación es al que sigue

Cuando Pablo consiguió colarse por la gatera del viejo pajar, poco podía pensar en el universo que se abriría. Entró con Luis, su amigo invisible, adoptado hacia poco. Juntos se refugiaban donde, entre el polvo y los aperos aparcados para siempre, se montaban en una nave. Los mandos los fueron improvisando hasta tener un vehículo maravilloso, reluciente y cómodo. Iban a una galaxia lejana, donde los habitantes eran bajitos, como ellos, y jugaban a perseguirse y contarse cuentos, y donde se comunicaban sin palabras. Cuando los convencían de venir con ellos a la Tierra, el pajar les ofrecía mil escondites y el tiempo volaba.

Los gritos con el nombre del peque les traían la realidad, donde ambos amigos seguían hablando de sus cosas. Pablo discutía con Luis a menudo por su mal perder. Al ser hijo póstumo, el peque, poco vigilado por una madre llorosa y unos hermanos mayores, tenía su propio mundo. La figura del padre la suplían otros hombres de la familia, y una abuela difunta les leía cuentos por las noches. Cuando se cayó un día, Luis no pudo avisar a nadie, así que le encontraron con una pierna rota y sangrando por la oreja, determinando su ingreso en el hospital comarcal. 

La psicóloga afirmaba que el peque sabía que Luis era fruto de su imaginación. Les aconsejaba dejar el pajar sin acceso para el niño. Pero sobre todo, les apremiaba a vigilarle más, y a que no se sintiera tan solo, porque había sido la soledad lo que provocó al amigo invisible.

Ya de regreso a casa no volvieron a escucharle hablar con Luis. Pablo había adoptado el idioma de la telepatía, como los amigos extraterrestres, quienes ahora se reunían con los dos amigos en el armario ropero enorme de la habitación de la abuela, quien, desde el otro más allá, gozaba de ver a Pablo tan lleno de vida. Cuando le acariciaba la cabeza, y le besaba, cada noche, le enviaba unos sueños fantásticos, y rogaba porque no le quitaran jamás las ganas de soñar.

Palabras 341

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martes, 9 de marzo de 2021

Vocación



La mejor manera de canalizar mi vocación fue a través de aquel accidente. En una carretea sin tráfico, y de noche, lesioné a un tipo por saltarme un stop, y ahí mi vida se fue a pique. Diez años aprendiendo de cárceles y procesos judiciales, de indemnizaciones y de caraduras. Aunque cuando un sicario fue mi compañero de celda, aprendí mucho más.

Al salir del talego tuve que rehacer mi vida, y asumí lo útil que hubiera sido darme a la fuga aquella noche, habiendo rematado al tipo. Ahora me anuncio como recaudador de deudas. Mis tarifas son moderadas, pero me permiten vivir decentemente.

domingo, 7 de marzo de 2021

Una novela rompedora, más que recomendable

 


Si en la primera lectura, de dos pillastres, almas de cántaro en realidad, me atrapó la configuración de esas personalidades, sus vidas, sus apegos y sus enormes deficiencias, en esta relectura me he deleitado con los personajes segundarios, tantos y tan bien trazados que descubro joyas diminutas que brillan entre la adjetivación magistral y esmerada de las situaciones. Cuando un probable padre, John Lennon, es asesinado, tras la trama rocambolesca previa de intentar encontrarle, me parece de una ternura enorme que Artur acepte que si hubieran hecho el viaje a Londres, no le habrían encontrado tampoco. Recién fabricado el anhelo, al encontrar postales y cartas dirigidas a su madre, viendo cómo el castillo de naipes se derrumba en un instante, uno se plantea cuántos deseos no se gestan para ser descartados cercanos a ser alcanzados. Su homosexualidad, tal vez descubierta en su paso por la cárcel, nos ofrece la sensibilidad más humana que puede tener hasta el peor de los delincuentes. 

Todos quienes aparecen en la novela tienen una historia que va latiendo, como burbujitas de humanidad, entre aguas pestilentes, con un fondo de olor a repollo y soledad del extrarradio.  Eso sí, combinados con fetidez a colonia cara y trajes de corte en las pocas rachas buenas. Honradamente creo que casi todos merecen una novela de sus propias vidas. Animaría a Manu a seguir esos pasos, del pasado y hacia el futuro, de varios de sus coprotagonistas, que, siendo secundarios, son realmente potentes y tienen mil historias que contar.

La pintura paisajística, que no pinceladas, de una Barcelona de los ochenta, es un paraíso perdido de lugares, aromas, estilos, calles y rincones que ya quisieran para sí algunos GPS de la memoria. Me han enternecido muchos parajes, mínimos puntos de un recorrido de la apasionante historia de Artur y Asís. Tantos, que no sabré definirlos, pero entre ellos brilla la prostituta rusa con su libro de cabecera, Los hermanos Karamazov,  cuya lectura subyuga a Asís, o ese conserje de mueblé, que lee a Vicente Aleixandre. Son instantes que florecen como los buenos destilados, entre apreciaciones y apuntes de un espectador del presente recorriendo el pasado de una ciudad, que, de manera tangencial, conocí. Seguro que los paisajes de Bilbao están igualmente definidos, no me cabe duda.

Es una narrativa de un preciosismo que engancha, porque no deja atrás la dureza de las cárceles, o el salvaje atractivo de los bajos fondos, ni la epidemia de las drogas, o la adrenalina de los asaltos a mano amada. Tampoco esquiva las huidas más histriónicas, o el SIDA. Ni los ambientes gais, o el juego recién legalizado, y es que son dos décadas de encuentros y descuentos, amores y odios, venganzas viscerales, coletazos de un GRAPO desnortado, rencores enconados y un deseo desalmado de vivir la vida a como dé  lugar. 

Es una maraña multicolor de hilos enredados, que, manteniendo su tono cada uno, conforman una bola informe de pasiones y violencia, en una España que salía de una época oscura, manteniendo los prejuicios y los miedos. Algunos hijos de la miseria, listos a su manera, soñaron a lo grande, y, unos pocos consiguieron salir del gris marengo de su realidad.  El precio sólo ellos lo saben.

Como curiosidad, hay otra leyenda, la de orinarse en las manos, que comparte objetivo con el título del libro.   

Para adquirirlo, les paso  Este link 

 

 

jueves, 4 de marzo de 2021

Un boda atípica, en jueves

 


Siguiendo la iniciativa Molí del Caneyer, sobre Bodas atípicas, mi aportación es la siguiente.


Los que sabíamos de su amor, pasional donde los haya, ya imaginábamos que su boda sería diferente, extremada, con garra. Y vaya si así fue.

Pablo apareció en aquella ermita perdida en Collserola con demasiada antelación, y yo, su amigo Sebastián, había estado rellenando una petaca, en parte por serenarle, y en parte porque temía que la novia no apareciera y también que apareciera, porque me abducía su cuerpo. Los nervios por los invitados perdidos por caminos de tierra también influyeron, estoy seguro. No existía el GPS, ni los wasaps, ni más teléfonos móviles que unos que eran como maletas pequeñas, que apenas se usaban. Fue un milagro que acabaran llegando todos los invitados, una treintena, con cuentagotas, eso sí. El oficiante, muy campechano, aceptó que allí nadie fuera creyente, y que la pareja ya tuvieran un hijo. Cuando apareció Inés, con minifalda de un rojo pasión, con escote imperio, y unos guantes negros largos de seda, a juego con pequeños detalles, todos nos quedamos asombrados. Lo había avisado, pero nadie la había creído. Allí estaba ella, del brazo de su padre, entrando a la ermita, que olía a flores hasta el hartazgo. Ese olor dulzón invadiendo el interior católico, fue como la antesala de lo que pasó, visto desde el presente.

La nena parecía una muñequita, de un blanco inmaculado, portando las arras y los anillos, una monada. El matrimonio eclesiástico finalizó y nos teníamos que reunir en un restaurante de la misma zona. Yo me perdí dos veces, así que alguna cosilla se me pasó por alto. Cuando llegué, Inés había desaparecido. Pablo estaba borracho, del brazo de su madre, llorando ambos. Dijeron que el fotógrafo no conseguía que sonrieran en ninguna foto, y que el vestido estaba sudado, y que parece que ella pidió cambiarse para seguir la sesión de fotos, y que ya no apareció. 

No supimos de ella, al menos yo, en veinte años. Según dijeron, se fugó la misma tarde con uno de los músicos que tenía que tocar en su boda, y habían vivido al sur de Francia. Ahora, con veinte quilos más y dos décadas encima de sobra, de la pasión que transpiraba esa mujer, no encuentro ni una pizca, pero no dejo de recordar las noches de plenilunio ante, y en, su cráter de fuego, rendida a su pasión descontrolada. He tomado un café con ella, y sin querer me he mirado en sus ojos, que siguen llamando a la locura, como antaño, aunque por una vez, no la seguiré. No por falta de ganas, sino por falta de valor.


Palabras: 417, pelín largo. 

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domingo, 28 de febrero de 2021

Materia gris

 


Habría sido insufrible ver a ese pedazo de cachas haciéndole el boca a boca. Cuando le dejé, esmirriado, con cierta cojera, brazos demasiado largos y un caminar despistado, no creí que fuera verdad que se apuntara al gimnasio. 

Cuando mi marido parecía ahogarse, nunca aprendió a nadar, me contaron que un cachas de la playa le trajo a tierra, y que finalmente le salvó la vida. Cuando le he visto en el hospital, me he alegrado de haber cortado con su salvador en su momento, porque lo que ahora le sobra de musculo, le falta de materia gris-

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viernes, 26 de febrero de 2021

Un libro interesante, de Laura

 


Quienes conocemos a Laura, de Todo lo que no te dije, podíamos esperar este poemario, con reflexiones y dibujos muy buenos, que tengo el gusto de acabar de leer.

Algunos son poemas son mínimos, tres verbos, y otros son de mayor carga de profundidad, pero sí, son esos versos o frases que no dijimos, o sí, en unos diálogos que  a veces nos parecen tan surrealistas como la misma realidad. Hay uno, de ocho verbos " No voy  a llorar", en una repetición de la misma frase por ocho versos, para acabar diciendo...y no lloré. sólo un poco. Qué ternura me ha provocado.

El poemario, parte, y sigue, de un relación tempestuosa, por lo que se percibe, con momentos de amor álgido que  es capaz de rasgar el mundo y la noche más oscura, y le hace brillar cual luciérnaga, y otros con depresiones como simas insondables de derrota, de tristeza, de incomprensión. Pero en todos hay vísceras se esta mujer luchadora,  Desnudar el alma, desnudarse de verdad, plasmar los versos que salen, así, sin cortapisas, es un lujazo que nunca me daré, pero chapeau para quien tiene la valentía de saber que tal vez esa persona a quien van dedicados muchos de los poemas puede leerle. O tal vez es el objetivo, en ese hablar con ella misma, en un espejo sin fisuras, en un anhelo sin medida de comprender, de poner orden en los pensamientos, y lo que es más difícil, en el corazón.

En la contraportada un poquito de ello sí nos dice. Recomendable, visceral, sincero, sin pudor. Un libro valiente.

Para comprarlo, en Este link 


Ahora no puedo comentarle. No consigo saber cómo otros blogueros escriben en los segundos que tarda en salir el anuncio de El país, yo soy incapaz. La aprecio un montón, y espero que ella lo haya notado. Por ti, Laura, brindo por ti. 

miércoles, 24 de febrero de 2021

Poema de quien soy, en jueves

 


La propuesta de  Dorotea, en sus Lazos y raíces, para este jueves, es de las que más me ha inquietado. No por la poesía, porque los octosílabos me son muy fieles, sino por desnudarse. Mi aportación es la que sigue


Nací un día de marzo

como una promesa viva

Me crié en la naturaleza

con velos de las monjas,

Semanas Santas y ayunos,

y esas Flores a María.

 

Cuando descubrí, más tarde,

que echarse a llorar no sirve,

me disfracé de elefante

con colores de alegría. 

Aprendí a poner tiritas.

En rodilla infantiles.


Y en corazones dormidos,

en almas desvencijadas, 

y en caracolas perdidas.

En lecturas inquietantes.

En locuras mal urdidas,

o en negros pozos sin vida.

 

Los hijos se hicieron grandes

como en reloj averiado.

En su suspiro sin aire,

en un dormir de un instante.

Y ahora , con alas libres,

despegan hacia la vida.


Hoy día dibujo sueños,

de agua, sin monstruos tristes,

con pececillos que nadan

alegres, para lucirse.

Y con caricias de vainilla

ante un mar con arrecifes.

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domingo, 21 de febrero de 2021

La importancia de estar vivo

 


Nos creemos un grano de arena,

una pieza de engranaje inane.

pero igual para alguien somos:

la alegría de vernos,

la fuerza en su flaqueza,

esa mano en su mano.

La persona que escucha

quien le alienta,

con ese abrazo de oso,

con ese piropo encendido,

con la promesa

de un por siempre,

a sabiendas de que

nada dura toda la eternidad.

Ni siquiera la vida, la nuestra,

y un día,

sin previo aviso,

desde un hospital cualquiera

llamarán por el amigo,

o por ese familiar,

y el pánico a perdernos

abrirá  las compuertas

de recuerdos y besos,

de versos e instantes

donde, 

como en un juego imposible,

fuimos lo mejor, para alguien

miércoles, 17 de febrero de 2021

Disfrazados sin carnaval, en jueves

 


Siguiendo la propuesta de Lucía, en Hilando palabras , mi aportación es esta:

Siendo imposible acudir a comparsa alguna, me atreví a ponerme el disfraz diseñado para este año, de coral. Rojo y festoneado con algunas algas marinas, así como oquedades para pececillos payaso. Me confundieron con arbusto, con esponja, con árbol chino y con el título de un cuadro, pero seguí mi camino sin hacer caso de nadie, porque buscaba a alguien vestido de pez.

Llegué al paseo marítimo y un muchacho rubio vestido de Principito me guió hasta el mar. Siempre supe nadar, y mi instinto era permanecer nadando, o flotando, pero me centré en bajar hasta el fondo de la ensenada. Una sirena de cola azulada y brillante, con los cabellos alborotados, se sentó a mi lado, y me explicó historias de un pasado suyo, con juegos de zapatos en los anzuelos de los pescadores. Paseamos por dentro de un neumático olvidado, e hicimos como que montábamos en bici, sobre una oxidada pero intacta, que alguien dejó tras de sí quién sabe por qué razón. Ella pedaleaba con las manos, y era bonito de ver. Cuando dijo tener que irse a casa, me quedé ‘jugando con latas de cerveza que algunos cangrejos intentaban usar de caparazón, y cuando llegaste tú, pececillo de amarillos y negros en tu lomo, te miré a los ojos. Eras tú, Luis, lo supe al instante. Nunca podría olvidar esa mirada. Tú no me reconociste, y qué mal me sentó, porque cuando en los carnavales de hace dos años, nos juramos reencontrarnos en algún pliegue del destino, creí que tu vestido era un disfraz, como el mío.

Ya me pareció extraña tu forma de hablar aquella vez, con burbujitas aladas, y ese bailar con tan poca gracia, como fuera de tu medio. Cuando te besé esta vez, sin mascarilla, tal vez algo de tu memoria se activó, pero me seguiste mirando como un pez estúpido y me despedí de ti, y de nuestro juramento. 

Cuando he regresado a casa, tras quitarme el disfraz, me he puesto a escribir sobre la noche sin luna de un febrero marino donde, como niños, nos atrevimos a ser quien siempre quisimos ser. Tú pez sin agua, y yo sirena sin mar.

 Palabras: 352

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domingo, 14 de febrero de 2021

Amaneciendo

 

Imagen de Marta, Nittxa__mg




Me he sentado

nuevamente,

sobre unas sábanas  blancas,

de papiro en ciernes.

Me relajo en los suspiros

de ese aire en los pulmones

que aún retengo,

y revivo la cadencia de mis labios

por la superficie de las palabras,

como nacidas en mi sueño.


 Recojo hasta las migajas

 de esas palabras viajeras,  

que me alientan a seguir,

con sumo cuidado,

por no romper el momento

de la mágica mañana.

 

La ilusión de que la lluvia

de fonemas, se convierta en canto

de rocío recreado,

partiendo de la nada,

me sigue pareciendo

un arte de reconquista innata. 


Como un fruto maduro,

aun sin pasado,

los versos se tejen,

con el albor de la voz en tinta china.

Ilusiones nuevas,

desnudas, sin moratones,

cargando las baterías,

con sabor a la alegría 

de saber que, en los rincones,

se alimentan los sabores

de la poesía recién tejida.

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jueves, 11 de febrero de 2021

Un paraíso extraño, en jueves



Siguiendo la iniciativa de  Títulos con puzle, de Mónica, mi aportación es la que sigue

Había soñado con un paraíso, pensando siempre en Cancún o alguna remota playa relajada. Cuando se despertó aquel día, el silencio le produjo una sensación de vacío. Miró el reloj y confirmó que pasaban minutos de las diez, asombrándose de tal hora, pues acostumbraba a despertar con la salida del sol. Lo extraño es que parecía haber pasado un año desde que se durmiera. Mucho sueño para un adulto, pensó sonriendo. Recordaba vagamente su ingreso en la UCI a finales del dos mil veinte, y su ordenador decía estar en el año dos mil veintidós, pero podía ser un error de su aparato, tanto tiempo sin encenderse.

Le estorbaba la colcha, y el pijama. Miró el termómetro del comedor, veintidós grados. “Genial, se dijo, temperatura primaveral”. Salió a la calle, y encontrándola desierta, se felicitó por tal descubrimiento. Nadie, lo que se dice nadie, salvo un grupo de loritos verdes que se contaban sus cosas. En el bar, vacío, desayunó un café hecho por ella misma. En el supermercado tampoco había ni un alma, ni comprando, ni cobrando, así que llenó su carrito de comestibles y regresó a su casa. Ese silencio le permitió concentrase en el noveno capítulo de su novela, uno de los más complejos ya que ese protagonista con un pasado rocambolesco le estaba costando de dar forma. En la tarde miró su móvil, silencio, ni un wasap, y se dijo, “si no hay noticias, son buenas noticias”.

Antes de dormir miró la tele, el noticiario hablaba de los últimos datos de la pandemia, con unas cifras ridículas. El locutor, claramente enfermo, comentaba unas imágenes de Tokio, de París y de Nueva York con calles desiertas. De hecho, como habían muertos tantos habitantes, según parecía, aceptó ser los pocos supervivientes y sintió estar en un paraíso, extraño, eso sí. Sin distracción alguna para su novela, la acabó en pocas semanas, tal grado de tranquilidad había a su alrededor, pero le costó encontrar una editorial operativa. Les había gustado mucho, pero hicieron una tirada de doscientos ejemplares, alegando que no quedaban apenas lectores ni medios para hacerles llegar el libro.

Aburrida, a los dos meses de paraíso, llegó a la conclusión más lógica y más amarga. “Si hubiera escrito la novela cuando la pensé, se dijo, a estas alturas me habrían dado el Nobel. No debí posponer una y mil veces ponerme con ella”.

Palabras 387

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lunes, 8 de febrero de 2021

Insufrible



Su marido era insufrible; según comentaba Lucía, en su trabajo, y cuando la ocasión lo propiciaba. Lo ratificaba cada vez que seguía encontrando un champú abierto, un vaso desalineado en los estantes, el brazo de grifo salido de la perpendicular de reposo. De hecho, lo recordaba en muchos otros detalles de la vida cotidiana.

Cuando se divorció leyó,  en Facebook, lo que Matías decía de ella. Resumía en un lacónico “suerte que dejo atrás a la obsesiva compulsiva. Era insufrible".


jueves, 4 de febrero de 2021

Encuentro inolvidable, en jueves



Siguiendo la propuesta de Mag, en su trastienda de pecado, mi aportación es la que sigue.

No estaba preparada, lo confieso. Perderme por un bosque no era mi intención. Llegó la noche, y, como pude, sin cobertura de telefonía, ni equipo, me refugié en una pequeña oquedad, una cueva diminuta, donde intenté sortear el frío de la noche.

Los sonidos del bosque de todos los seres vivos que lo habitan, y ese viento que se levantó de la nada, me tuvieron en vilo. Me pareció escuchar cascos de caballo, pero era poco probable que fuera eso. Al rato, una mano se posó en la roca, y una cabeza de hombre apareció en la entrada de la cueva.

No temas. Me dijo, ¿Qué haces aquí?  

Me he perdido. Espero que llegue el día para orientarme

Bien, te ayudaré, si me permites tu compañía hasta que amanezca

Acepté, ya que lo de dormir era una vana ilusión. Su aspecto me pareció amable, pero cuando le invité a entrar me dijo que no cabía, que saliera yo afuera, y ya sentados, charlaríamos.

El susto fue morrocotudo. No esperaba que su cuerpo fuera equino, ni la potencia de su musculatura, pero me senté bajo un árbol y le escuché. Sus anécdotas eran con ninfas de los bosques, y sobre las fiestas que a veces organizaban, para soportar la soledad, me dijo.

El día se acercaba, los rayos de sol, tímidos, se iban acercando, creando una fantasmagórica luz. Le di las gracias por su amable compañía, y mientras esperaba que me indicase qué camino tomar hacia el pueblo, sus brazos me aprisionaron. Desde entonces vivo recluida en una cueva mucho mayor a la de aquella noche, atada. Como es un buen cazador no me falta comida, pero estoy desesperada. Es un buen conversador, pero tengo miedo.

Sí encuentra esta carta, acuda a la policía.

 Imagen de Teseo y el centauro de aquí

 Palabras :285

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viernes, 29 de enero de 2021

Amores imposibles para un jueves

 


Siguiendo la propuesta de Voravela, sobre amores imposibles, mi aportación es la que sigue.

Por la vibración ligera sobre el mueble, sabía que Pablo regresaba a casa.  Tenía asumido que primero, tras quitarse los zapatos, Morfeo subiría a recibirle. O a su regazo, o contra las piernas, en un frotar de saludo. Pero llegaba la noche, cuando las luces del techo otorgaban al saloncito de muebles de Ikea unas sombras espeluznantes.

Se encendía un aparato parlanchín, que también emitía luz propia, cambiante según el programa, y cuando sonaba al fin la sintonía de los anuncios, Pablo se acercaba, se inclinaba, y cogía un pellizco de material como arenoso, que depositaba en la superficie. Él devorada con apetito la comida, mientras veía esa cara, la única familiar. Se preguntaba si tendría algún amigo, como ellos se tenían el uno al otro, pero nunca llegó a saberlo, o si lo supo, lo olvidaba deprisa.

Reinaba la noche y Morfeo se sentaba a mirarle, se aproximaban las caras y él hacía amago de sorber un bigote.  Morfeo hacía como que quería atraparle, porque en verdad querría, pero para acariciar esa piel resbaladiza, naranja, brillante, y amada. Cuando escuchaban que Pablo se iba al dormitorio, Morfeo decía adiós con un gesto, y se iba tras los pasos humanos. Se lamía con cuidado las patas, se limpiaba los bigotes con sus puños, se desperezaba y dejaba acariciar. A veces escuchaba las palabas de Pablo, pero casi siempre acababa por quedarse cuajado. Dormía sobre el edredón, o dentro, según la temperatura.  Soñaba casi siempre con Azar, que bailaban, como cuando viera a Pablo con aquella chica de camisa azul.

Como otras noches se despertó en medio de una pesadilla. En ella mordía a Azar, sin querer, y, agitado y aterrorizado fue a verle. El acuario, cual esfera encantaba, albergaba a ese amigo que tanto le importaba, bien tranquilo. Se sentó, y tocó el cristal con su nariz. Hablaron un rato, bajo la luz de la luna que entraba por los ventanales.

Sospechaba que de las largas conversaciones, pocas cosa retenía en el recuerdo, pero era tan grato charlar con él, era tan emociónate explicar sus cacerías de moscas o peripecias con una pelota de papel, que se le hacía el tiempo muy corto. Esa noche, con aquella iluminación casi mágica, mientras Azar le miraba embelesado, se puso a declamar versos de amor. A sabiendas que su amor era imposible.

Palabras :390

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jueves, 28 de enero de 2021

Libro besos usados



En los diez años de blog, en esta blogosfera, el tiempo me ha aportado más que blogueros, amigos virtuales. Creo que algunos pueden estar interesados en acceder a contenidos míos que, por espacio casi siempre, no he publicado en el blog. 

He reunido doce relatos, diez inéditos, y este libro es el resultado. La sinopsis es la sigue: 

Este libro cuenta historias de amor, algunas oscuras, otras luminosas, en el que las esperanzas y las desilusiones crecen en un mismo suelo. Algunos de estos relatos compiten con la realidad por su dureza, y otros son un himno a la felicidad y a la fantasía. Pero en todos hay una historia de vida que conecta con nuestra propia existencia.

letraminuscula.com

Para adquirirlo, gratuito para Kindle Unlimited para siempre y hasta el sábado 30 de Enero para e-book, basta con clicar el enlace siguiente https://amzn.to/3a5tWVG. A partir de esa fecha, la descarga costará 2,69€. En formato papel el precio queda en 10,39€. Veréis que hay una flecha que permite leer la primera página, para hacerse una idea. 

Lo que sí me gustaría pediros, es que, tras leer, en formato papel o e-book, por favor comentéis, o cuanto menos asignéis estrellas, porque ayuda a posicionar el libro en ese universo de infinidad de títulos. 

Esperando que sea de vuestro agrado. Muchas gracias.


domingo, 24 de enero de 2021

De viaje



Dígale, agente, que no tuve más remedio que matarle. Era el loro más ruidoso de la ciudad y hubo quejas vecinales. Dígale también que cada vez que pienso en ella recuerdo nuestra boda. Ella, tan elegante y ufana por casar a la nena. Recuerdo con menos cariño sus intromisiones en nuestra casa, en nuestras comidas, nuestros hobbies, en nuestra decoración y hasta en la educación de los niños. Dígale también que el crucero dando la vuelta al mundo se lo hemos ampliado a otro más. La intención es un tercero, pero eso, de momento no se lo diga, agente.

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