domingo, 28 de febrero de 2021

Materia gris

 


Habría sido insufrible ver a ese pedazo de cachas haciéndole el boca a boca. Cuando le dejé, esmirriado, con cierta cojera, brazos demasiado largos y un caminar despistado, no creí que fuera verdad que se apuntara al gimnasio. 

Cuando mi marido parecía ahogarse, nunca aprendió a nadar, me contaron que un cachas de la playa le trajo a tierra, y que finalmente le salvó la vida. Cuando le he visto en el hospital, me he alegrado de haber cortado con su salvador en su momento, porque lo que ahora le sobra de musculo, le falta de materia gris-


viernes, 26 de febrero de 2021

Un libro interesante, de Laura

 


Quienes conocemos a Laura, de Todo lo que no te dije, podíamos esperar este poemario, con reflexiones y dibujos muy buenos, que tengo el gusto de acabar de leer.

Algunos son poemas son mínimos, tres verbos, y otros son de mayor carga de profundidad, pero sí, son esos versos o frases que no dijimos, o sí, en unos diálogos que  a veces nos parecen tan surrealistas como la misma realidad. Hay uno, de ocho verbos " No voy  a llorar", en una repetición de la misma frase por ocho versos, para acabar diciendo...y no lloré. sólo un poco. Qué ternura me ha provocado.

El poemario, parte, y sigue, de un relación tempestuosa, por lo que se percibe, con momentos de amor álgido que  es capaz de rasgar el mundo y la noche más oscura, y le hace brillar cual luciérnaga, y otros con depresiones como simas insondables de derrota, de tristeza, de incomprensión. Pero en todos hay vísceras se esta mujer luchadora,  Desnudar el alma, desnudarse de verdad, plasmar los versos que salen, así, sin cortapisas, es un lujazo que nunca me daré, pero chapeau para quien tiene la valentía de saber que tal vez esa persona a quien van dedicados muchos de los poemas puede leerle. O tal vez es el objetivo, en ese hablar con ella misma, en un espejo sin fisuras, en un anhelo sin medida de comprender, de poner orden en los pensamientos, y lo que es más difícil, en el corazón.

En la contraportada un poquito de ello sí nos dice. Recomendable, visceral, sincero, sin pudor. Un libro valiente.

Para comprarlo, en Este link 


Ahora no puedo comentarle. No consigo saber cómo otros blogueros escriben en los segundos que tarda en salir el anuncio de El país, yo soy incapaz. La aprecio un montón, y espero que ella lo haya notado. Por ti, Laura, brindo por ti. 

miércoles, 24 de febrero de 2021

Poema de quien soy, en jueves

 


La propuesta de  Dorotea, en sus Lazos y raíces, para este jueves, es de las que más me ha inquietado. No por la poesía, porque los octosílabos me son muy fieles, sino por desnudarse. Mi aportación es la que sigue


Nací un día de marzo

como una promesa viva

Me crié en la naturaleza

con velos de las monjas,

Semanas Santas y ayunos,

y esas Flores a María.

 

Cuando descubrí, más tarde,

que echarse a llorar no sirve,

me disfracé de elefante

con colores de alegría. 

Aprendí a poner tiritas.

En rodilla infantiles.


Y en corazones dormidos,

en almas desvencijadas, 

y en caracolas perdidas.

En lecturas inquietantes.

En locuras mal urdidas,

o en negros pozos sin vida.

 

Los hijos se hicieron grandes

como en reloj averiado.

En su suspiro sin aire,

en un dormir de un instante.

Y ahora , con alas libres,

despegan hacia la vida.


Hoy día dibujo sueños,

de agua, sin monstruos tristes,

con pececillos que nadan

alegres, para lucirse.

Y con caricias de vainilla

ante un mar con arrecifes.


domingo, 21 de febrero de 2021

La importancia de estar vivo

 


Nos creemos un grano de arena,

una pieza de engranaje inane.

pero igual para alguien somos:

la alegría de vernos,

la fuerza en su flaqueza,

esa mano en su mano.

La persona que escucha

quien le alienta,

con ese abrazo de oso,

con ese piropo encendido,

con la promesa

de un por siempre,

a sabiendas de que

nada dura toda la eternidad.

Ni siquiera la vida, la nuestra,

y un día,

sin previo aviso,

desde un hospital cualquiera

llamarán por el amigo,

o por ese familiar,

y el pánico a perdernos

abrirá  las compuertas

de recuerdos y besos,

de versos e instantes

donde, 

como en un juego imposible,

fuimos lo mejor, para alguien

miércoles, 17 de febrero de 2021

Disfrazados sin carnaval, en jueves

 


Siguiendo la propuesta de Lucía, en Hilando palabras , mi aportación es esta:

Siendo imposible acudir a comparsa alguna, me atreví a ponerme el disfraz diseñado para este año, de coral. Rojo y festoneado con algunas algas marinas, así como oquedades para pececillos payaso. Me confundieron con arbusto, con esponja, con árbol chino y con el título de un cuadro, pero seguí mi camino sin hacer caso de nadie, porque buscaba a alguien vestido de pez.

Llegué al paseo marítimo y un muchacho rubio vestido de Principito me guió hasta el mar. Siempre supe nadar, y mi instinto era permanecer nadando, o flotando, pero me centré en bajar hasta el fondo de la ensenada. Una sirena de cola azulada y brillante, con los cabellos alborotados, se sentó a mi lado, y me explicó historias de un pasado suyo, con juegos de zapatos en los anzuelos de los pescadores. Paseamos por dentro de un neumático olvidado, e hicimos como que montábamos en bici, sobre una oxidada pero intacta, que alguien dejó tras de sí quién sabe por qué razón. Ella pedaleaba con las manos, y era bonito de ver. Cuando dijo tener que irse a casa, me quedé ‘jugando con latas de cerveza que algunos cangrejos intentaban usar de caparazón, y cuando llegaste tú, pececillo de amarillos y negros en tu lomo, te miré a los ojos. Eras tú, Luis, lo supe al instante. Nunca podría olvidar esa mirada. Tú no me reconociste, y qué mal me sentó, porque cuando en los carnavales de hace dos años, nos juramos reencontrarnos en algún pliegue del destino, creí que tu vestido era un disfraz, como el mío.

Ya me pareció extraña tu forma de hablar aquella vez, con burbujitas aladas, y ese bailar con tan poca gracia, como fuera de tu medio. Cuando te besé esta vez, sin mascarilla, tal vez algo de tu memoria se activó, pero me seguiste mirando como un pez estúpido y me despedí de ti, y de nuestro juramento. 

Cuando he regresado a casa, tras quitarme el disfraz, me he puesto a escribir sobre la noche sin luna de un febrero marino donde, como niños, nos atrevimos a ser quien siempre quisimos ser. Tú pez sin agua, y yo sirena sin mar.

 Palabras: 352

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domingo, 14 de febrero de 2021

Amaneciendo

 

Imagen de Marta, Nittxa__mg




Me he sentado

nuevamente,

sobre unas sábanas  blancas,

de papiro en ciernes.

Me relajo en los suspiros

de ese aire en los pulmones

que aún retengo,

y revivo la cadencia de mis labios

por la superficie de las palabras,

como nacidas en mi sueño.


 Recojo hasta las migajas

 de esas palabras viajeras,  

que me alientan a seguir,

con sumo cuidado,

por no romper el momento

de la mágica mañana.

 

La ilusión de que la lluvia

de fonemas, se convierta en canto

de rocío recreado,

partiendo de la nada,

me sigue pareciendo

un arte de reconquista innata. 


Como un fruto maduro,

aun sin pasado,

los versos se tejen,

con el albor de la voz en tinta china.

Ilusiones nuevas,

desnudas, sin moratones,

cargando las baterías,

con sabor a la alegría 

de saber que, en los rincones,

se alimentan los sabores

de la poesía recién tejida.

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jueves, 11 de febrero de 2021

Un paraíso extraño, en jueves



Siguiendo la iniciativa de  Títulos con puzle, de Mónica, mi aportación es la que sigue

Había soñado con un paraíso, pensando siempre en Cancún o alguna remota playa relajada. Cuando se despertó aquel día, el silencio le produjo una sensación de vacío. Miró el reloj y confirmó que pasaban minutos de las diez, asombrándose de tal hora, pues acostumbraba a despertar con la salida del sol. Lo extraño es que parecía haber pasado un año desde que se durmiera. Mucho sueño para un adulto, pensó sonriendo. Recordaba vagamente su ingreso en la UCI a finales del dos mil veinte, y su ordenador decía estar en el año dos mil veintidós, pero podía ser un error de su aparato, tanto tiempo sin encenderse.

Le estorbaba la colcha, y el pijama. Miró el termómetro del comedor, veintidós grados. “Genial, se dijo, temperatura primaveral”. Salió a la calle, y encontrándola desierta, se felicitó por tal descubrimiento. Nadie, lo que se dice nadie, salvo un grupo de loritos verdes que se contaban sus cosas. En el bar, vacío, desayunó un café hecho por ella misma. En el supermercado tampoco había ni un alma, ni comprando, ni cobrando, así que llenó su carrito de comestibles y regresó a su casa. Ese silencio le permitió concentrase en el noveno capítulo de su novela, uno de los más complejos ya que ese protagonista con un pasado rocambolesco le estaba costando de dar forma. En la tarde miró su móvil, silencio, ni un wasap, y se dijo, “si no hay noticias, son buenas noticias”.

Antes de dormir miró la tele, el noticiario hablaba de los últimos datos de la pandemia, con unas cifras ridículas. El locutor, claramente enfermo, comentaba unas imágenes de Tokio, de París y de Nueva York con calles desiertas. De hecho, como habían muertos tantos habitantes, según parecía, aceptó ser los pocos supervivientes y sintió estar en un paraíso, extraño, eso sí. Sin distracción alguna para su novela, la acabó en pocas semanas, tal grado de tranquilidad había a su alrededor, pero le costó encontrar una editorial operativa. Les había gustado mucho, pero hicieron una tirada de doscientos ejemplares, alegando que no quedaban apenas lectores ni medios para hacerles llegar el libro.

Aburrida, a los dos meses de paraíso, llegó a la conclusión más lógica y más amarga. “Si hubiera escrito la novela cuando la pensé, se dijo, a estas alturas me habrían dado el Nobel. No debí posponer una y mil veces ponerme con ella”.

Palabras 387

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lunes, 8 de febrero de 2021

Insufrible



Su marido era insufrible; según comentaba Lucía, en su trabajo, y cuando la ocasión lo propiciaba. Lo ratificaba cada vez que seguía encontrando un champú abierto, un vaso desalineado en los estantes, el brazo de grifo salido de la perpendicular de reposo. De hecho, lo recordaba en muchos otros detalles de la vida cotidiana.

Cuando se divorció leyó,  en Facebook, lo que Matías decía de ella. Resumía en un lacónico “suerte que dejo atrás a la obsesiva compulsiva. Era insufrible".


jueves, 4 de febrero de 2021

Encuentro inolvidable, en jueves



Siguiendo la propuesta de Mag, en su trastienda de pecado, mi aportación es la que sigue.

No estaba preparada, lo confieso. Perderme por un bosque no era mi intención. Llegó la noche, y, como pude, sin cobertura de telefonía, ni equipo, me refugié en una pequeña oquedad, una cueva diminuta, donde intenté sortear el frío de la noche.

Los sonidos del bosque de todos los seres vivos que lo habitan, y ese viento que se levantó de la nada, me tuvieron en vilo. Me pareció escuchar cascos de caballo, pero era poco probable que fuera eso. Al rato, una mano se posó en la roca, y una cabeza de hombre apareció en la entrada de la cueva.

No temas. Me dijo, ¿Qué haces aquí?  

Me he perdido. Espero que llegue el día para orientarme

Bien, te ayudaré, si me permites tu compañía hasta que amanezca

Acepté, ya que lo de dormir era una vana ilusión. Su aspecto me pareció amable, pero cuando le invité a entrar me dijo que no cabía, que saliera yo afuera, y ya sentados, charlaríamos.

El susto fue morrocotudo. No esperaba que su cuerpo fuera equino, ni la potencia de su musculatura, pero me senté bajo un árbol y le escuché. Sus anécdotas eran con ninfas de los bosques, y sobre las fiestas que a veces organizaban, para soportar la soledad, me dijo.

El día se acercaba, los rayos de sol, tímidos, se iban acercando, creando una fantasmagórica luz. Le di las gracias por su amable compañía, y mientras esperaba que me indicase qué camino tomar hacia el pueblo, sus brazos me aprisionaron. Desde entonces vivo recluida en una cueva mucho mayor a la de aquella noche, atada. Como es un buen cazador no me falta comida, pero estoy desesperada. Es un buen conversador, pero tengo miedo.

Sí encuentra esta carta, acuda a la policía.

 Imagen de Teseo y el centauro de aquí

 Palabras :285

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viernes, 29 de enero de 2021

Amores imposibles para un jueves

 


Siguiendo la propuesta de Voravela, sobre amores imposibles, mi aportación es la que sigue.

Por la vibración ligera sobre el mueble, sabía que Pablo regresaba a casa.  Tenía asumido que primero, tras quitarse los zapatos, Morfeo subiría a recibirle. O a su regazo, o contra las piernas, en un frotar de saludo. Pero llegaba la noche, cuando las luces del techo otorgaban al saloncito de muebles de Ikea unas sombras espeluznantes.

Se encendía un aparato parlanchín, que también emitía luz propia, cambiante según el programa, y cuando sonaba al fin la sintonía de los anuncios, Pablo se acercaba, se inclinaba, y cogía un pellizco de material como arenoso, que depositaba en la superficie. Él devorada con apetito la comida, mientras veía esa cara, la única familiar. Se preguntaba si tendría algún amigo, como ellos se tenían el uno al otro, pero nunca llegó a saberlo, o si lo supo, lo olvidaba deprisa.

Reinaba la noche y Morfeo se sentaba a mirarle, se aproximaban las caras y él hacía amago de sorber un bigote.  Morfeo hacía como que quería atraparle, porque en verdad querría, pero para acariciar esa piel resbaladiza, naranja, brillante, y amada. Cuando escuchaban que Pablo se iba al dormitorio, Morfeo decía adiós con un gesto, y se iba tras los pasos humanos. Se lamía con cuidado las patas, se limpiaba los bigotes con sus puños, se desperezaba y dejaba acariciar. A veces escuchaba las palabas de Pablo, pero casi siempre acababa por quedarse cuajado. Dormía sobre el edredón, o dentro, según la temperatura.  Soñaba casi siempre con Azar, que bailaban, como cuando viera a Pablo con aquella chica de camisa azul.

Como otras noches se despertó en medio de una pesadilla. En ella mordía a Azar, sin querer, y, agitado y aterrorizado fue a verle. El acuario, cual esfera encantaba, albergaba a ese amigo que tanto le importaba, bien tranquilo. Se sentó, y tocó el cristal con su nariz. Hablaron un rato, bajo la luz de la luna que entraba por los ventanales.

Sospechaba que de las largas conversaciones, pocas cosa retenía en el recuerdo, pero era tan grato charlar con él, era tan emociónate explicar sus cacerías de moscas o peripecias con una pelota de papel, que se le hacía el tiempo muy corto. Esa noche, con aquella iluminación casi mágica, mientras Azar le miraba embelesado, se puso a declamar versos de amor. A sabiendas que su amor era imposible.

Palabras :390

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jueves, 28 de enero de 2021

Libro besos usados



En los diez años de blog, en esta blogosfera, el tiempo me ha aportado más que blogueros, amigos virtuales. Creo que algunos pueden estar interesados en acceder a contenidos míos que, por espacio casi siempre, no he publicado en el blog. 

He reunido doce relatos, diez inéditos, y este libro es el resultado. La sinopsis es la sigue: 

Este libro cuenta historias de amor, algunas oscuras, otras luminosas, en el que las esperanzas y las desilusiones crecen en un mismo suelo. Algunos de estos relatos compiten con la realidad por su dureza, y otros son un himno a la felicidad y a la fantasía. Pero en todos hay una historia de vida que conecta con nuestra propia existencia.

letraminuscula.com

Para adquirirlo, gratuito para Kindle Unlimited para siempre y hasta el sábado 30 de Enero para e-book, basta con clicar el enlace siguiente https://amzn.to/3a5tWVG. A partir de esa fecha, la descarga costará 2,69€. En formato papel el precio queda en 10,39€. Veréis que hay una flecha que permite leer la primera página, para hacerse una idea. 

Lo que sí me gustaría pediros, es que, tras leer, en formato papel o e-book, por favor comentéis, o cuanto menos asignéis estrellas, porque ayuda a posicionar el libro en ese universo de infinidad de títulos. 

Esperando que sea de vuestro agrado. Muchas gracias.


domingo, 24 de enero de 2021

De viaje



Dígale, agente, que no tuve más remedio que matarle. Era el loro más ruidoso de la ciudad y hubo quejas vecinales. Dígale también que cada vez que pienso en ella recuerdo nuestra boda. Ella, tan elegante y ufana por casar a la nena. Recuerdo con menos cariño sus intromisiones en nuestra casa, en nuestras comidas, nuestros hobbies, en nuestra decoración y hasta en la educación de los niños. Dígale también que el crucero dando la vuelta al mundo se lo hemos ampliado a otro más. La intención es un tercero, pero eso, de momento no se lo diga, agente.

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viernes, 22 de enero de 2021

Muñeco de nieve para un jueves

 


Siguiendo la propuesta de Molí del Canyer, sobre una historia de nieve y frío, mi aportación es la siguiente.

El año había sido duro, y gris. Con ramalazos de un viento que nunca había sentido, así, como deshojando margaritas entre un “espera”, y un “tira palante”. Había llegado enero con las gélidas temperaturas de un invierno cuajado de vaticinios cumplidos e incertidumbres abiertas. Fiebre no parecía tener pero se sentía mal.

Anunciaron nieve en toda la península, y él se dispuso a observar por la ventana, primero aquellas nubes grises como panza de burro, y luego, poco a poco, los copos, de uno en uno al principio, inconexos, y más apretados después. Salió a la calle. Nadie recuerda cuándo se sentó en el banco del parque. Cada quien iba a lo suyo, con la novedad de la nieve. Los niños, abrigados, y con la alegría infantil, se arremolinaban excitados por el frío y la blanca capa. El grosor fue en aumento, y en la noche, un manto de más de un palmo cubría la ciudad de los desvelos. El tipo había identificado, quedándose quieto, y mirando como desde una atalaya, cómo cada copo llevaba una pequeña señal para él. Uno le hablaba del recuerdo de esos labios huérfanos del pasado, el otro de aquella varicela que dejó cicatrices en su cara, otro más del desplante de su mejor amigo, y así, pestañeando levemente, fue rescatando cada golpe, pequeño o no, que había tenido en la vida. De vez en cuando aparecía algún copito bailarín y brillante que traía una sonrisa de la pecosa de cuarto, o el sabor de las albóndigas cocinadas por su madre, o un beso apasionado que le llegase al corazón, pero eran minoría. El tiempo fue pasando y la noche se le echó encima. Las luces de las farolas del parque daban un hálito entre niebla y amarillo a su alrededor, generando un paisaje borroso, donde una figura humana seguía bajo la nieve. Al día siguiente, temprano, un chaval se detuvo a su lado, y le puso una bufanda al cuello y un encendedor por boca. A media mañana, una señora con perro le colocó dos nueces por ojos y una mandarían por nariz. Al mediodía cerraron el parque por miedo a que las ramas de los árboles no aguantasen el peso de la nieve.

Nadie había reparado en su ausencia cuando con el deshielo le encontraron los jardineros municipales. Un tipo sonreía, congelado, bajo el muñeco de nieve del parque. Era una sonrisa ladeada y triste, como la de un payaso, derritiéndose.

Palabras : 402

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lunes, 18 de enero de 2021

Deja de llorar, Inés.



Esperando que más pronto que tarde, dejes de llorar por él, te he hecho un pastel de frambuesas y he reservado una suite en aquel hotelito que te gustaba, y que seguro que no compartiste con Pablo. Qué quieres que te diga, Inés, igual que un día me dejaste por él, ahora eres tú quien se ve obligada a olvidar. Sabes que yo no te olvidé, pero espero que no tardes en regresar a nuestra casa, a nuestra historia, porque tanto llanto no hay nadie que se lo merezca. Al menos, quien te abandona, seguro que no.

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jueves, 14 de enero de 2021

Echar de menos, en jueves



Siguiendo la iniciativa de Dorotea, qué pasaría si no tuviéramos algo, mi aportación es la que sigue

No sonó la alarma del móvil, que encontré sin batería de buena mañana. Sin luz en el lavabo, y con una vela de las que tengo para aromatizar, lo que vi en el espejo fue poco, y sin calentador eléctrico, el agua salía heladita. Lavado de cara como los gatos y tira palante, me dije. El microondas no iba, y me calenté el café con la cocina de gas, tras encender una cerilla, pues le piezo eléctrico no me ayudó a que prendiera.

El ascensor no funcionaba, así que no pude ver que llevaba el jersey del revés. La salida del parquinq no funcionaba, pero, a diferencia de mis vecinos, sí podía ir andando al trabajo, donde llegué cuando llegué, tras haber hecho la caminata que me despertó, sobre todo porque, sin farolas, esquivar alguna caca de perro estuvo medio complicado. Al llegar me preguntaron que qué hacía, que si no había recibido un wasap comunicando que quien no pudiera llegar, pues que no sufriera. Los ordenadores no funcionaban, pero la telefonía sí pero no, porque todos los aparatosos iban conectados  a la corriente. Hasta media mañana pudimos hacer más o menos el trabajo, si bien algunos cálculos fueron manuales, en mi caso, porque había quien tenía más batería en su móviles o cargas auxiliares. No tenía memorizado ningún número de teléfono de mi agenda. Las ventanas bien despejadas me hicieron sentir bien con el solete que entraba. La hora de acabar me pilló sin haber comido nada, y barajando, como todos, qué pasaba  regresé a mi casa parando en cada bar o tienda abierta que encontré, solicitando el favor de poder conectarme a su red, o, en el último bar, un bocadillo de salchichón.  

Mi ciudad seguía sin luz, y con unos trastornos enormes de tráfico, por los semáforos apagados. Sin la premura de la mañana, me vi haciendo revisión de mi cocina, y de la nevera. De velas y linternas.   Sin tele, con una radio a pilas, ni ordenador ni agua caliente la tarde se me hizo difícil de pasar. Me había quedado, además, sin amigos. Ni Facebook, ni wasap, ni teléfono. Me sentí más incomunicada que un ermitaño. En la noche cayó el frío y la oscuridad. Suerte de una estufa catalítica con bombona, pero habría sido más bonito una chimenea. También eché de menos una mascota, y acabé por dormirme.

Hoy me ha despertado el sonido del calefactor del lavabo, a todo trapo. En el piso parece estar todo en orden. Hoy, creo que iré besando cada aparatito que ayer eché en falta.

Palabras. 430

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domingo, 10 de enero de 2021

El virus

Cojo tu mano y salimos corriendo, calle abajo, dejando atrás las sombras y los ruidos de esta maraña de datos. Te cuesta correr, lo veo, lo siento. Los faldones de mi gabardina sobre tu camisola de hospital te hacen parecer un pelele al viento, pero seguimos corriendo. Entramos en el restaurante de papá. Cerramos la puerta. Pronto llaman a la persiana con insistencia. Tendré que entregarte a la policía, y es que estás afectada del virus. Tal vez yo lo esté también, y me dejen acompañarte, mamá.

martes, 5 de enero de 2021

Regalos de Reyes magos, por jueves



Siguiendo la iniciativa de Mar en su bitácora, sobre regalos de los Reyes Magos, mi aportación es la que sigue

Había sido un mal año, el trabajo precario,  ya inexistente del padre. ponía dificultades para cualquier compra. Sin embargo, Alicia no quería más regalo que una casa de muñecas, grande y con muebles.  

Dejando los zapatos en el balcón, rezó porque se cumpliese su deseo. Había sido muy buena. Había aceptado el confinamiento sin quejarse, También ayudó a su hermanito en todo, y había sido aplicada en el colegio. Era imposible que no le trajeran lo pedido. La mañana de Reyes encontró una caja de una estufa sobre sus zapatos.  Tras el primer momento  de enfado y frustración, su padre y ella estuvieron todo el día recortando cartón, construyendo muebles, pintando ventanitas en las paredes, y lámparas en los techos. De aspecto frágil, era una casita de muñecas muy artesanal y hasta bonita. Cansada, se durmió siendo abrazada por su papá. 

Esa casita la usó relativamente poco. Pasaron los años, las cosas mejoraron, los regalos de Reyes fueron siendo más acorde con sus demandas, pero acabó por reconocer, ya adulta,  que ese día de Reyes, fue el mejor que recordaría jamás.

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viernes, 1 de enero de 2021

Nochebuena/vieja diferente, en jueves

 


Siguiendo la propuesta de Leonor sobre una nochevieja diferente, mi aportación es la siguiente. Y feliz entrada de año para todos

Esa vez aceptó ir a la fiesta de entrada de año en casa de Blas, porque la última discusión con Laia había excedido su punto de paciencia, y a falta de otro plan, o de mayor presupuesto se vio a las once y media ante el garaje de su viejo compañero, donde, nada más llegar, Julia brillaba con luz propia. Era cosa de empezar el año, ese 2020 tan redondito, bien, por una vez en la vida.

Nada tuvo que ver ese vestido de tubo negro, ni sus medias con costura, que llamaban a la simetría de un chocolate cimbreante. Tampoco el escote palabra de honor de su atavío. Era su sonrisa, que no podía recordar de las mañanas de estudios de antaño. Sopesó el malestar del resto de las chicas ante la evidencia de que ellas parecían la comparsa de una reina. Acabó por beber dos copas, charlar con Julia, dejándose el alma prendida de su mirada, y gozando del atrevimiento de bailar con ella. A última hora, inhalando la esencia de mujer que desprendía, ante la cara de Pablo, que siendo amigo, captó el terremoto que su novia producía en él, se despidió de la fiesta temprano. Alegó haber dormido mal la noche anterior. Ahora se despertaba agitado. Ya era 2021, con Julia dormida a su vera. Qué diferencia, qué deprisa había pasado el año, a pesar de la pandemia, se dijo. Julia roncaba bajito, y todo estaba recogido, sin rastros de fiesta alguna. Habían estado ellos dos con un hermano de ella y un amigo común. Se tomaron las uvas, brindaron deprisa, y los dos "invitados" se fueron pitando,  por lo del toque de queda.  

Miró el reloj, eran las ocho de la mañana. Mentas iba al lavabo se dijo "vaya despedida de año tan extraña. 

-Mierda, gritó- me vuelvo a la cama. A ver si sueño que celebramos el  nuevo año chino con jolgorio, aunque sea sin uvas"