viernes, 23 de julio de 2021

Amanecer en jueves

 


Siguiendo la propuesta de Molí del canyer sobre un primer amanecer, mi aportación es la que sigue.

Entretuviste tus miedos dejando que el peso de los años no te venciera. Yo disfracé mis ganas de sol con abalorios brillantes de efímera belleza. Cuando en la noche nos encontramos, como dos ciegos, construimos un ventanal al palpo, una obertura que mirar juntos, tal vez, cuya entidad estaba sólo en nuestra mente.

Tú pusiste las notas de tu guitarra herida, yo los aperos coleccionados en el devenir de mis tiempos. Tú desliaste los sueños que nunca llegaron a ser. Yo abrí el caudal del delta de mis ríos.  Tú dibujaste gaviotas a punto de echar el vuelo. Yo compuse versos de amaneceres marinos y caracolas de mar. Tú amasaste nidos de golondrinas, con barro de tus heridas. Yo amasé besos dormidos bajo mi almohada. Tú señalaste un cielo cuajado de estrellas tibias. Yo señalaba el mar, como un Colón indeciso, como la ruta hacia el ocaso.

Pasaron las horas, descerrajamos la brisa, deshicimos la niebla de las incertidumbres    a mamporros. Nos pusimos en pie, pero, anquilosados los miembros, trastabillamos hacia la ventana recién armada.  Como niños inexpertos, abrimos los portones con más fe que habilidad, con más esperanza que experiencia, con más humildad que sabiduría.

Nos sorprendió la mañana, con ese amanecer esquivo, que al fin apresábamos entre las manos, ahora unidas. Miramos juntos ese mar en calma ansiado, ese paraíso perdido, ese mar que construimos, con las manos.

Palabras: 230

miércoles, 14 de julio de 2021

Lo inexplicable, en jueves

 


 Siguiendo la propuesta de Dorotea, sobre cosas inexplicables, mi aportación es la que sigue


Se llamaba Marta pero la llamaban Julia, nunca supe si por un desacuerdo entre los padres o porque ella decía llamarse así, pero cada vez que voy al pueblo alguien cuenta la anécdota de la nena, quien, con cinco años, cayó al pozo del tío Facundo.

Con pequeñas variaciones, los ancianos del lugar recuerdan el suceso con la misma historia. Dicen que la niña era vivaracha, lista y movida, sin un ápice de miedo y con enorme curiosidad. Parece ser que un día, en un despiste de su madre, y de Facundo, quien solía tener tapado el pozo que alimentaba el melonar, Julia se inclinó a mirar en el interior, calladita ella. Rubia y golosa, creyó ver un chupachup en él y no se lo pensó dos veces. Se inclinó un poco más, hasta caer al fondo, con un ruido de peso muerto y esa reverberación del sonido por el cilindro pétreo. Nadie la echó en falta hasta tarde, pero ella no gritaba tampoco. Se había asustado, más por la oscuridad y la humedad que por haber sufrido mucho daño. Observó a su alrededor y vio a una ninfa pequeña, parecida a “Campanilla”, la que viera en la película Peter Pan, así que el susto se convirtió en tranquilidad. La nena contó que ese personaje, amoroso y amable, le fue colocando los pies, de paso en paso, en su ascenso hacia la luz, hasta el brocal.

Nadie pudo explicar cómo consiguió salir sola, pero lo cierto es que llegó a su casa empapada y con un hambre de lobo. Por mucho que sospecharon de algún vagabundo que fuera de paso por la zona, nadie consiguió que diera otra versión que la que quedó como auténtica, a falta de otra posible explicación coherente. Inexplicable, acabaron por decir todos.

Pasaron los años y Julia, o Marta, se fue a Madrid a estudiar periodismo. Allí sigue, sin regresar al pueblo más que de manera esporádica, y se niega a relatar nuevamente el suceso infantil. Se ha especializado en investigar aquellos lugares donde dicen que hay fantasmas. Y es ella que sí cree en lo inexplicable.

 Palabras: 350


martes, 6 de julio de 2021

Sherlock Holmes, en jueves

 



Imagen de la Vanguardia. Siguiendo la iniciativa de Campirela sobre el sagaz detective, mi aportación es la que sigue

De pequeña me gustaba leer las obras de Sherlock Holmes y su amigo Watson.   Para crear su personaje, me dijeron que Arthur Conan Doyle, se inspiró en un profesor que había tenido en la Universidad de Edimburgo, durante sus estudios de medicina.

En un viaje a Londres, ya adulta, quise visitar el piso que compartían, el número 221B de Baker Street, pero no existe. Eso sí, hay un museo, y  está en el número 239.

Cuando regresé a casa, tras un viaje de una semana, me sorprendió que encontrasen tan tarde el cadáver del regidor de cultura de mi ciudad. Un soltero empedernido, quien tuvo la ocurrencia de enseñarme un huevo de Fabergé. Me dijo que llegó a sus manos tras una rocambolesca aventura con una rusa pirada con quien estuvo a punto de casarse hace dos décadas. Sé que no está bien, pero si vieran el huevo, uno de los ocho perdidos, lo entenderían.

Lo planifiqué para que encontraran al muerto a los dos días de mi partida, dándome la coartada perfecta, pero España no es Londres. Ni tenemos un comisario al estilo Sherlock Holmes. Han acusado a un chatarrero que tenía en su poder unos atizadores de la mansión, y que habían visto merodeando por allí. Fue muy fácil acusarle de asesinato, pero no de robo.  

Mi novio se empeñó en venir a casa de madrugada, y luego nos preparó una copa de Bayleis. No parecía tener intención alguna de un reencuentro apasionado, pero lo achaqué al calor bochornoso de la noche. Hablamos del asesinato del que teníamos conocimiento, y al fin, apurando la copa, le confesé que estaba bien.   

Estoy tranquila, querido “Watson” le dije ahora la cicuta que preparaste no es detectable en anatomía forense alguna.  Eres un genio, gracias.

Elemental, querida Susana me respondió Lucas pero dame el vaso que lo lave, porque no quiero dejar pistas.

Con un mareo de campeonato le vi llevarse el vaso, escuché su trasiego por la cocina y borrosamente advertí cómo agarraba el huevo, se lo guardaba en un bolsillo y salía de mi piso sigilosamente. Recordé, antes de dormirme, que mi médica de cabecera me advirtió, hace pocos meses, que, con mi cardiopatía, podía morir en cualquier momento.

Mierda, me dije, ni autopsia me harán, este tío es realmente un genio.

Palabras 387

jueves, 24 de junio de 2021

Escribir, en jueves



Siguiendo la iniciativa de Molí del canyer sobre escribir, mi aportación es la siguiente

Llevo un rato contemplando, absorta, la pantallita del portátil. He abierto un nuevo documento word. De pronto, aparece una letra. Luego otra. Las siguen otras más. Parece que se deslizan por un tobogán y vayan a caer a una sopa, o una piscina, que en este caso es una página que fuera blanca y que se va llenando de simbolitos en tinta negra. Forman palabras. Luego se van separando o juntando formando frases, acabando por ser expresiones con estructura gramatical. Son párrafos que reflejan ideas, o sentimientos, o historias, inventadas casi siempre. Ahora veo cómo se forma el cuento de un lápiz infantil, que dibujara letras en un cuaderno de caligrafía "Redondo", con el recuerdo de la mano de nena presionando con el entrecejo fruncido. Se esforzaba por escribir bien. Era una niña buena.

Pasó el tiempo, llegó la universidad, y la prisa por toma notas fue elongando los trazos, hasta formar palabras casi imposibles de identificar. Luego hizo su aparición la máquina de escribir, con los papeles de calco, los típex como borradores ante los errores, y los folios que tenían que tirarse por errores muy gordos. El tiempo siguió su curso y el ordenador llenó los escritorios. Esas teclitas me hechizaron, ya que, mágicamente, sin tinta, sin papel, sin más soporte que una pantalla, escribían. Pudiendo corregir todo, absolutamente todo. Se acabaron los borrones de las plumas estilográficas, los dedos sucios del calco. Se acabaron los folios arrebujados en las papeleras, se acabaron los errores, y hasta los fallos ortográficos, gracias a unos correctores muy listos. Me los imagino en el ordenador, enanitos diminutos y diligentes, esperando a que me siente y empiece a meter la pata. Entre ellos se explican mis despistes, mi hambre al comerme letras o conjunciones, y cuando guardo el documento, se me ocurre que abren alguna cerveza y bailan en ese espacio pequeño del teclado, esperando que vuelva en otro momento a seguir haciéndoles trabajar-

Compruebo que los pensamientos se transformaron en este texto que justo ahora concluyo. 

Palabras 328


lunes, 14 de junio de 2021

Campo de trigo

 


Este Van Gogh es de 1888

Sebastien se había criado en  la finca familiar, con un padre maltratador, una madre ausente, no porque no la viera, sino porque contaba lo mismo que una silla en un rincón, y unos cuervos que vigilaban los campos desde que tenía memoria. Llegó la época de la siembra, como cada ciclo de renacimiento. El nuevo aparato, llamado radio, desde hacía poco adornaba el único mueble del comedor de su casa.  A través de la cajita mágica había escuchado poemas, y canciones, y noticias. A través de la cajita, su madre sonreía de tanto en tanto, y alguna vez, pocas, canturreaba y todo, algo nunca visto por Sebastien. Era un mundo enorme y desconocido lo que se abría ante él.

Por su experiencia, las crías de cerdos o patos se formaban tras uniones de animales, pero los retoños de trigo, o centeno, o cebada, se formaban por plantar su semilla en la tierra, esa tarea de la que dependían para su subsistencia. Tuvo una feroz lucha interna para decidir si sembraba trigo, con lo que su padre había cargado el saco que tenía que aventar, o si sembraba melodías. Acabó siendo muy justo, la mitad del campo lo sembró con cereales, y la otra mitad con notas musicales.  

Llegó el tiempo de ver crecer lo que luego sería su pan. La mitad de las tierras estaban floreciendo, las espigas iban tomando forma y volumen, pero la otra mitad estaba yerma. El padre le acusaba de haber escamoteado el grano para regalárselo  a un labriego cercano que tenía muchas bocas que alimentar. El joven le dijo que esperase, que ya saldría lo plantado, y podrían cosechar mejores frutos, pero pasaban las semanas y ahí seguía el campo sin nada que cosechar. Llegó la estación de la recogida del fruto del esfuerzo de todos los  campesinos, y una zona del campo empezó a agrietarse, dejando escapar sonidos armoniosos, como oleajes marinos, notas musicales que se combinaban en el aire formando sinfonías arrebatadoras, trinos de pájaros que nadie conocía, y cuando la luna llena dejó iluminado el campo completo, Sebastien vio cómo llegaban vecinos con carretillas de grano recién segado. 

Se sentaban y ofrecían sus cereales a cambio de escuchar la música de un campo especial, por escuchar en directo, sin cajitas mágicas, el canto de la Tierra.


jueves, 10 de junio de 2021

Al cine, en jueves

 


Siguiendo la iniciativa cinéfila de Neogeminis, ofreciendo diversas opciones, he elegido un poco de todo. Mi aportación es la que sigue


La radio anunciaba el final de la segunda guerra mundial cuando William había finalizado la estancia en aquel hotel tan inquietante, donde un joven, enfermo mental donde los haya, tenía momificada a la madre. Supo del huésped aterrorizado, la dulce Samanta, en la ducha, y puso pies en polvorosa.

Desde el único bar que permaneció abierto a pesar del conflicto, llamó a Margot. La línea telefónica se mantuvo abierta gracias a ingenieros de la CIA, que tenían en el lugar una célula de espionaje de disidentes, esos comunistas rojos que apoyaran a la URSS.  Ella dejaba atrás al marido enajenado que esgrimió un cuchillo en aquella mansión deshabitada de Florida. Al recibir la llamada de su viejo amigo no lo pensó dos veces, se arregló lo mejor que pudo y partió hacia el bar.

William había tenido tiempo para deshojar margaritas, y apostaba ahora por conquistar a Margot, ya divorciada y libre.

Tras dos copas de dray martinis, agitado, no revuelto, se acercaron más, temblando de impaciencia. La excusa perfecta, se dijo él, ofreciéndole un pitillo. El gesto adecuado, se dijo ella, aceptando. Mirándose a los ojos, intentando adivinar qué les deparaba el porvenir en la ciudad destrozada, apenas hacía falta el encendedor. Lo usaron, sin embargo, para disimular con el humo posterior, cómo, sin tocarse, se desnudaban lentamente

Ni él seguiría siendo vendedor de Biblias, ni ella la esposa de un loco de atar.

 

Palabras 229


lunes, 7 de junio de 2021

El artilugio

 


Si no, me habría vuelto loco. Las instrucciones estaban en diversos idiomas, pero en ninguno que conociera. La máquina auto transportadora me había gustado tanto, que puesta en vertical en mi sala no pude contener mis ganas de viajar. En mi afán por llegar a la cumbre de ese volcán, me metí en el artilugio y toqué, sobre un mapa, la zona donde quería ir . Me desperté ante un mar verde, con dinosaurios enormes ante mí. Creí enloquecer. Al fin acerté a ver un adhesivo del lateral del artefacto, similar a un urinario portátil. Era una máquina del tiempo.

jueves, 3 de junio de 2021

La pelirroja, o Lorca para un jueves

 


Siguiendo la propuesta de  La trastienda del pecado, como homenaje a Lorca, mi aportación es la que sigue

Fue este abril. Una tímida lluvia asolaba la ciudad, dejándola entre nostálgica y cansina. El paseo vespertino me alimentaba las ganas de ver colores, y me senté en el banco de una plazuela, con esa escultura de un poeta con alondra.  La plaza de Santa Ana solía ser un lugar donde leer, pero esa tarde, con la lluvia silenciosa, me quedé sentado, con el paraguas en la mano, mirando a los transeúntes, con su quehacer y su trajín de gran urbe,

Una pareja de jóvenes llamó mi atención. Ella era colores en bandolera, con una rebeca amarilla y una melena pelirroja al viento. Iban cogidos de la mano hasta detenerse.  Se guarecieron en la marquesina de una parada de autobús, y les observé, para pasar el rato.  Ella miraba al chico como una enorme luz que fuera luciérnaga de otra, en un campo de miradas rotas. Él desgranaba el deseo como una margarita. Le imaginé calibrando lugares posibles de pasión. Yo me iba enamorando de la chica, con sus pecas, su luz de amapola entre campos de cemento, y sus manos que apostillaban las palabras. Cuando llegó el bus no pude evitar subir en él. Yo era un enamorado cincuentón en pos de un sueño imposible. Me limité a mirarlos, con esos arrumacos de adolescencia sin límites, recordando mi propia juventud, cuando Eloísa se tronchó de la risa cuando le pedí salir juntos. Aquella lejana primavera, escribí el desgarro de mi corazón, en las páginas de mi libreta de papel cuadriculado.

"Mirando sus ojos me parece que bebo su sangre lentamente, me parece que muero quedamente, cuando ella me mira desde el minarete de su belleza, me parece que mi corazón anda buscando un lugar donde enterrarse".

Echando la vista atrás, esa tarde comprendí, mejor que nunca, que Eloísa no era para mí. Hoy he vuelto a ver a la chica pelirroja. Iba sola, sujetando carpetas y libros. Ha esperado el autobús y la he visto alejarse, como una llama de posibles pecados, dejando a su alrededor un espacio de admiración, que ya nunca podré ocupar. Ni quiero, en este junio que empieza.

 

Palabras: 347


martes, 1 de junio de 2021

Frida

 


Me perdí. Ignoro cuándo, en esta selva tropical del Yucatán. Mi viaje programado incluía varias excursiones, pero decidí inspeccionar por mi cuenta. Buscaba un “cenote” del que me habló un pintor mejicano, medio loco y bohemio. Estaba segura de poder hallarlo con sus indicaciones. Pasé un día de perros, con mosquitos, sensación de humedad y una temperatura que me encogía las ganas de seguir caminando. Decidida a regresar al hotel, en vista de mi fracaso arqueológico, me senté entre matorrales exuberantes y verdes como esmeraldas, así tocados por el sol en retirada. No sé si lo vi, o lo soñé, pero un puma se paseaba a corta distancia, mirando un colibrí. Tal vez la falta de agua me producía esas visiones que no puedo catalogar.

Mientras intentaba pensar qué hacer si el puma se acercaba a mí, ante lianas y plantas, entre los rayos de sol, que ya tímidos, iluminaban las sombras vegetales, vi una mujer de hiedra y verde, de selvática belleza sin artífico, de mirada incisiva como puñales, de madejas de dolor en sus pestañas. La llamé por su nombre, pero Frida estaba estática, como atada de alas y piernas, mirándome así, de frente, rezumando madreselva.

Pude hacer una llamada con la mínima señal de telefonía que llegó a mi móvil. Por eso escribo sobre Frida desde la habitación del hotel, sobre lo que para mí fue una aparición.  Su esencia, su alma, ya libre, revolea por las selvas prietas y lujuriosamente vivas de México, y quiere seguir contando cosas, desde su infinita capacidad de amar y de vencer al dolor .


domingo, 30 de mayo de 2021

Trampas



La rata sonrió en aquel momento. En un año había encontrado veinte trampas con trocitos de queso. Como comida faltaba y tiempo sobraba, había logrado esquivar todas, menos esa. Aquella tarde sentía su abdomen lleno, como la piel de un tambor. Cuando vio al ratoncito atrapado por la cola, le salvó, sin dudarlo. Él la miró con los ojitos ahítos de agradecimiento. A partir de ese momento la vida le sonreiría, se dijo la ratita.

Al poco tiempo, con diez cachorros agarrados a sus pezones, el ratón se mudó a otra casa de campo. Sólo regresaba para robar queso, sin saludar siquiera.

sábado, 22 de mayo de 2021

Normalidad



El ruido del tiroteo consiguió animarles de nuevo. Llevaban desde hacía un año en estado de aletargamiento, con mil precauciones y miedos. La prometida libertad se acercaba. Los jueces de atletismo sacaron sus pistolas y las engrasaron.

Según lo acordado, se asomaron a las ventanas. Llegada la hora, cada uno siguiendo su propio reloj, el tiroteo se oyó hasta el último rincón de la ciudad. Los jóvenes, algunos ante una línea de salida imaginaria, renacieron de sus cenizas de golpe, como en un despertar aplazado, inundando las calles. El estado de alarma había acabado.

jueves, 20 de mayo de 2021

En la sabana, en jueves



Siguiendo la iniciativa de Dorotea, sobre impresiones naturales, mi aportación es la que sigue

Soy alta, lo sé, lo que me da una perspectiva de la sabana más que amplia. Desde mi altura puedo distinguir a los posibles predadores con más o menos antelación. Mi novio, en ese rato de pasión, me dejó embarazada, sin que yo supusiera muy bien cómo iba eso de ser madre.    Pasó más de un año, y un día noté los apremios de un parto inminente. No puedo agacharme, ni sentarme, así que cuando cayó mi hijo desde una altura considerable pensé que se haría daño, pero no. Pronto se puso de pie, ante mi asombro, y caminó hacia mis ubres.

Mi cría un día dejó de mamar, y vi los problemas que tenía para beber del río. Abrió sus patitas en exceso, bajó su cabeza, lentamente, y acabó en el río, lleno de barro ya, ante la mirada de un cocodrilo joven, que, al oír el chapoteo se acercó. Estaba aterrorizada pensando en que le atacaría, pero no, se limitó a ver cómo yo le ayudaba a ponerse en pie. Los años pasaron, otras crías llegaron a mi vida, seguí comiendo los frutos o espinas de lo alto de los árboles y un día vi una jirafa hablando con un cocodrilo enorme. Se me despertó el instinto maternal, y le empujé para separarle del reptil, pero cuando me miró supe que era mi primer hijo. Poco más tarde le vi peleando, con los cuellos, con un contrincante. Quería montar a una hembra joven, como un día fui yo.  

Desde mi atalaya, me pongo a pensar, ahora,  llegando a la vejez, en la vida, sus ciclos, sus estaciones, y encontrando que ya he cumplido mi misión aquí, voy buscando una manada de leones que pueda ponerme fin.


Palabras: 288

domingo, 16 de mayo de 2021

El paraíso

 


A las 22:00, se produjo la erupción. A las 23:00 miré a mi marido. Le vi pálido, y me avine a meterme en el coche, de malos modos. A las 0:00 estábamos a quince km de nuestro pueblo con la esperanza de estar a salvo. A las 3:00 erupcionó el otro volcán, el del sur de la isla. Precisamente cerca de la casa de mis padres, que era donde nos dirigíamos. A las 5:00, sentados en el patio de mi infancia, toda mi familia miraba embelesada ese color del cielo. Inolvidable. Mis padres recordaron el día en que pusieron rumbo al paraíso llamado Hawái. Mi marido y yo nos limitamos a escuchar esa odisea del pasado. Nosotros estábamos viviendo la nuestra. calibrábamos si había opciones de futuro. Y las hubo.

miércoles, 12 de mayo de 2021

Sensación de soledad en jueves

 


Sumándome a la propuesta de Mónica, en su blog Neogéminis, sobre el "Sind. de la Cabaña", mi aportación es la siguiente

Me reclutaron para un ensayo clínico. Yo, cándida paloma, me dije que, por una vez, bien valía colaborar con la ciencia o la farmacopea. Experimentaban con un fármaco para ser feliz. No sé si comprendí mal el objeto del estudio, o me lo explicaron de manera fragmentada, pero llegada la primera noche, en mi casa, me vi con un bloc para valorar las sensaciones que debía notar con el fármaco, según yo entendí.  Me tomé la primera pastilla, naranja. Genial, me dije, un color alegre.

Imagino que me dormí profundamente y me trasladaron sin dificultad, porque desperté en un cuarto sin ventanas, con una gran pantalla en una pared, un camastro, y, en un rincón, un aseo diminuto. Cada día me han traído la comida, dejándola en una obertura, junto con una pastilla naranja, nuevamente, como la Mirinda. Las imágenes de la pantalla eran paradisíacas. Antes de dormir he descrito las sensaciones provocadas. La mayor ha sido de rabia, porque me he sentido engañada, manipulada, y lo que es peor, encerrada, como un ratoncillo de laboratorio, recordándome ante el espejo a una mujer que un día fui yo.

Dicen que maté a quien me abrió la puerta. Dicen que estuve sólo tres días, aunque anoté como de siete días. Dicen que usé el boli como estilete en su yugular. Dicen que aquel ensayo se tuvo que terminar de manera accidentada, porque los efectos secundarios no compensaban a los beneficios. El médico forense me ha derivado a la unidad de psiquiatría de la prisión. Me tienen en aislamiento porque no me haga daño ni lo haga a los demás, según me explican. El cuarto es frío y sin ventanas, con un catre. Tiene una taza de wáter con un lavamanos diminuto encima. No me dan pastillas. De alguna manera, clavando el bolígrafo, fui feliz, pero no lo reconoceré jamás.

Palabras 297


jueves, 6 de mayo de 2021

De picnic, en jueves

 


Siguiendo la propuesta de Mar, un día de picnic, mi aportación es la siguiente

Lo llamaron picnic. No sé si ese nombre se lo inventaron, pero nosotras lo llamamos “fiesta”. Primero notamos leves vibraciones del suelo, acompañadas de un sonido repetitivo y un olor a tubo de escape. Cuando paran los coches, el bosquecillo, con sus mesas preparadas para barbacoas, se llena de voces alegres, a veces con griterío de niños. Yo prefiero que no hagan barbacoas, porque el olor, y el humo, me irritan la garganta, pero en nuestro grupo, por lo menos diez hermanas prefieren las barbacoas, porque dicen que los restos de carnes asadas les sientan de maravilla. En cualquier caso, la tortilla de patatas está casi garantizada.  Rara vez no queda rastro de algún fragmento en el suelo.  Más de una hermana nos ha de llamar para que la ayudemos a trasportar trocitos al hormiguero.

Nunca pensamos que ese niño fuera tan cruel. Apenas habían salido de los coches, era casi imperceptible el olor a comida que iban sacando de ellos, cuando un niño se ha acercado al hormiguero, se ha agachado, ha buscado un palito y se ha puesto a jugar a meterlo en nuestra casa y ha sonreído. Le he mirado y casi he podido intuir lo que hizo después. Me he salvado de la inundación, sí, pero la desolación de quedarme sin casa entre ese olor a orina tan intenso, me ha dejado mareada. Si encuentro a un buen puñado de hermanas, subiremos por las piernas del chaval y le morderemos cuanto podamos.

 

Palabras: 246

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lunes, 3 de mayo de 2021

Obsesivos

 


A quien no entiendo es a él. Tanto quejarse de que ella era una obsesiva de la limpieza. Tanto que suspiraba con vivir en una casa donde no tener que levantar las piernas para dejar paso al mocho. Tanto añorar su piso compartido, con cierto aspecto de ser humano y de estar habitado. Tanto criticar vivir en una casa impoluta, con aspecto y olor a quirófano, y ahora es él quien todo el santo día va limpiando sobre limpio, molestando las hijas para que levanten las piernas y poder pasar la fregona, cuando ellas van de visita, por verle, de tanto en tanto.

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jueves, 29 de abril de 2021

Curiosidad en jueves

 


Siguiendo la propuesta de Molí del Canyer, sobre la curiosidad, mi aportación es la siguiente

Boika, el adolescente, sintió el golpe en su cabeza.  La pistola TASER habría caído de alguna avioneta sobre la jungla, si bien él no la había escuchado.  Un regalo del cielo, se dijo, eso es señal que los dioses están de acuerdo en que supera la prueba y sea el más valiente de la tribu.

Con el aparato en la mano, empezó a examinarlo, sin entender si servía para algo. Contento por el regalo, lo enseñó a su familia, quien no sabía su función, por muchas vueltas que daban al cacharro negro con forma de pequeño tirachinas. Consultaron con el jefe, quien tampoco había visto nada igual, como años atrás pasara en una tribu africana respecto a una botella de Coca-Cola. A Boika le pedían prestado el aparato para diversas actividades sin importancia, y llegó el día de su paso a la adultez, que no superó. Era cazar en solitario un primate, para alimentar a la tribu. 

Ese día, enfadado, tiró hacia arriba el regalo negro reluciente. Y ahí quedó, aposentado en una rama alta. Un mono aullador buscada comida y vio algo negro. Por curiosidad, se lo llevó a la nariz, y nada, no olía a nada. Luego lo chupó. Nada, no sabía nada.  Comenzó a apretar luego por todos lados, hasta dar con la posición correcta para producir la descarga. Chamuscado y bien cocinado por dentro, cayó cuan largo era sobre Boika, quien se había quedado apoyado en el tronco de ese árbol, meditando. Contento regresó a la aldea.  

Aunque tarde, había superado la prueba y ya era un adulto. Algún día descubriría el uso del regalo de los dioses, si tenía suficiente curiosidad, y acabaría por ser el jefe de la tribu.

Palabras 282

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miércoles, 21 de abril de 2021

Cumpleaños de Mara, en jueves

 


Siguiendo la propuesta de Demiurgo, el cumpleaños de un personaje suyo, Mara Verso o Mara Laira, mi aportación es al siguiente: 

La locutora llegó acalorada a su casa. No había tenido tiempo de preparar su siguiente programa como ella solía hacer. Todos reconocían que se notaba el trabajo previo de sus locuciones y entrevistas, pero luego se extrañaban del tiempo que debía invertir antes de entrar en antena. Ni siquiera su amigo especial Pedro parecía entender las horas que pasaba en la emisora.

Mara tenía unos minutos nada más para ir a una exposición que se inauguraba precisamente ese día, su cumpleaños. Cuarenta primaveras, edad más que oportuna para hacer primeros balances, se había dicho por la mañana, pero eso debería esperar a otro momento. Ni Pedro se había acordado, de hecho, no la había felicitado nadie. Sonó le móvil, Alicia, la productora, le comunicaba que la inauguración se retrasaría una hora, tiempo para repasar los datos biográficos del fotógrafo, se dijo. Se permitió un baño caliente, con sales y aceites esenciales de lavanda. Se vistió elegante pero cómoda, y tomó el taxi hasta el lugar de la inauguración. Le sorprendió ver apagado el edifico. También le llamó la atención que no estuviera la furgoneta de su emisora, ni un Joan mirando el reloj impaciente, como era costumbre. La puerta estaba abierta, y las luces de emergencia dejaban ir una parca y rojiza luz.

“Genial, están con un corte de luz, se dijo”. Suponiendo que Joan estaba dentro, colocando los aparatos se animó a llamarle, mirando de reojo la puerta, porque nada encajaba y estaba por darse la vuelta y salir a la calle.   De pronto, se iluminó la sala por completo. De una cortina salieron los compañeros de la emisora. Pedro llevaba un ramo de flores en las manos. Su madre, dos hermanas y tres amigas también se habían escondido y salían corriendo hacia ella con los brazos abiertos.

“Sorpresa”, decían todos sonriendo. La inauguración estaba prevista para el día siguiente, pero a ella le habían enredado con las fechas. Por esa noche dejaría que la alegría de cumplir años la llenase de abrazos y complicidad. Ya haría balance otro año. O no.

 Palabras: 343

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lunes, 19 de abril de 2021

Parlanchina

 


Te quiero Pilar, te quiero─ dijo al agitar su pañuelo en el andén. Ella aceptaba el traslado a la otra punta del país. Pilar, parlanchina, hablaba por los codos. De tan jovial, se pasó de la raya cuando comentó, seguramente sin mala intención, la duración de su potencia amatoria. No calibró las consecuencias. Ella, inocente, juró haberlo contado sólo a cuatro amigas, pero una de ellas conocía a un compañero de trabajo de él. Desde el día en que oyó hablar de un eyaculador precoz ante la máquina del café, su oficina se convirtió en un lugar inhóspito y hostil.

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jueves, 15 de abril de 2021

Anacronía, analepsis en jueves

 


Siguiendo la iniciativa de Mag, la trastienda del pecado, mi aportación es la siguiente

Con sus cuarenta y tantos años bien llevados, su hija ya viviendo sola, y con un trabajo estable, y en una familia convencional, nada le había preparado para llegar a la UCI como llegó. Sin aire, boqueando como un pez en una pescadería. Cuando despertó supo que la vida continuaba. Se sorprendió cuando una auxiliar le preguntó qué fue de Joan, el nombre tatuado, aunque entendía la razón de su curiosidad.  En ese momento recordó con precisión de cirujano una tarde lejana. Con aquellas sábanas arrebujadas en una cama como ring de boxeo, y a ella misma, volando en pequeñas muertes, casi levitando con el rubor en sus mejillas, y ese pecho de Joan, abierto de amaneceres para conquistar. Rememoró el instante en que decidieron ir al tatuador, y cómo, cogidos de la mano, entraron en la tienda. Era una estupidez poner un nombre, lo supo siempre, pero fue ella quien insistió, con aquella ebullición pasional aún por sus venas.

Joan, aquel primer amor de juventud volvió, enconado, a su mente. Lo que durante más de veinte años había esquivado, recordar, aparecía por arte de magia, mientras unas lágrimas resbalaban lentas por sus mejillas. La baja espalda había sido el lugar elegido para tatuarse el nombre de quien, pocos meses después, fallecería en un accidente de moto. El marido consoló el llanto de Laura, atribuyéndolo a la emoción de haber sobrevivido al Covid, intubada y boca abajo.

Palbras:235

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martes, 13 de abril de 2021

Animales de compañía



Hablando todo el día con el loro del vecino. Así le encontraba cada tarde al llegar de mi trabajo. Me quedaba escuchando las conversaciones con la sensación de ser un extraño. Boby no me hacía ningún caso hasta que la vecina guardaba en su piso la jaula. Luego dejaba que el perro me convenciera para salir de paseo, aunque cada vez me sentía menos acompañado. El día que se perdió no corrí a buscarle. 

Ahora vivo solo. El loro de la vecina, en su monologo, nombra a Boby a menudo, y yo le imagino charlando con cualquier animal de compañía

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jueves, 8 de abril de 2021

Vejez con pez, en jueves

 


Siguiendo la iniciativa de Dorotea, sobre la vejez, mi aportación es la que sigue

Venga mamá, aligera un poco, que nos cierran la entrada

Qué más quisiera, pero los pies no me dan para más, Pedro.

Soy Luis, recuerda que papá murió hace dos años

Si tú lo dices, será verdad, pero vino a verme esta mañana, mientras desayunaba, y quería que le diera un cuerno del croissant, ya ves tú.

¿Y se lo diste?

Claro, lo que no sé es cómo cayó en la mesa el trozo que corté para él

Igual porque lo imaginaste. Quédate aquí sentada un momento, que le digo al de la entrada que nos espere.

Vale

Luis le dice al de seguridad que espere un momentito, que su madre está descansando. El tipo se asoma para verla en el banco, llevando un pez en una bolsa de plástico. Avisa que está prohibido abandonar peces en el estanque, ni tortugas. Luis cada vez ve como peor idea regalarle un pez naranja para que se entretuviera mirándolo. La anciana no se entretenía con él, y propuso llevarlo al Retiro. Así es como ha organizado esta excusión absurda. La residencia le ha advertido que han de regresar antes de las nueve, y acaban de sonar las ocho. Ve cómo cierran las verjas del parque, regresa con su madre y se sienta al lado.

Ese sonido era el de las puertas, que se cerraban. Si quieres regresamos a la residencia, y me quedo con el pez, así no te has de molestar por él.

No, ni lo sueñe, es para mi hijo, que se llama Luis, pronto sale del cole y le prometí este regalo por su cumpleaños.

Vale mamá.

Una anciana, llevando una bolsa con pez, cogida del brazo por un tipo alto, se pierde por la avenida de unos recuerdos.  El tipo también se resbala por el tiempo, y revive una tarde, con una mujer con pez, y  una pecera,  de su infancia ya lejana.

Palabras 305

Más relatos jueveros

domingo, 4 de abril de 2021

Pajarillos

 


Lo hemos adoptado como un hijo más. Su llegada fue intempestiva, cayendo desde algún balcón sobre la cabeza de Anita, quien, con siete años, primero dio un grito, luego un brinco, y posteriormente encontró adorable al animalucho.

Nos lo quedamos. La nena se hizo cargo de Chico, el nuevo hermanito. Le paseaba en un cochecito de muñecas, y le cantaba cada tarde. Nos llegó a preocupar que quisiera ponerle a dormir con ella. Una noche cogimos a Chico y le llevamos a la puerta de un veterinario. Le contamos que habrá querido ser libre, y que seguro que ya aprendió a volar. Anita nos ha mirado, mal.

Más relatos para la Ser

domingo, 28 de marzo de 2021

Un poemario maduro y excelente

 



Seguramente muchos conocéis a Chelo de la Torre. Ha sido un placer leerla en formato de poemario.

Con una presentación cuidada y primorosa, su libro de poemas ÁNGULOS,  es una obra que nos deja una caricia en los sentidos. Rezuma agudeza, reflexión, sensibilidad y viaje interior en cada verso, del derecho y del revés de sus poemas. Prologado con acierto y mimo por Jesús Urceloy

En su devenir geométrico, divide los poemas en ángulos interiores a una circunferencia, y otros exteriores a ella. Considero que esa imagen perfecta de redondez, pudiera ser ella, siendo los ángulos sus circunstancias internas y externas.

En un tercer apartado consigna los poemas que han sido traducidos al árabe, sin duda porque son atemporales y universales, doy fe.

Mantiene un espíritu lúdico y fresco, cómplice diría, con las palabras, como en su poema EN BLANCO: “Las teclas del ordenador están inquietas/ hace días que no las acaricio. / El folio, desafiante, muestra su desnudez. /No están los adjetivos en la cesta de la compra/…”

Se nota su formación en ciencias, su relación con la geometría y las matemáticas, y así, en un poema que me ha encantado, deja clara su mente organizada, sin tropiezos, y con esa vocación por la razón. Se llama CUADRADO, y sus primeros versos dicen así: “Cuatro puntos, cuatro vértices/ dos hijos, dos padres/ un cuadrado, una familia. / Contiguos: se habla. /En diagonal: se grita. / Y en el centro, el tiempo…”. En otro poema, de ángulos exteriores esta vez, titulado TRIÁNGULO sigue jugando: “La vida va pasando/los recuerdos pierden el pulso/y esa sencilla figura/─que tanto dibujé─/ha perdido su norte/se ha hecho cotidiana…”.

En su caso, la formación en ciencias puras, no deja atrás un corazón femenino, luchador, y abierto a la brisa del  ritmo y los versos. Se deja llevar por la vida. Dándola voz.

 

Un poemario maduro, sin concesiones, con una sobriedad que deja margen para el goce natural que le producen las palabras. Más que recomendable, unas lecturas que huyen de las prisas, porque son poemas que te hacen reflexionar, y por instantes, sonreír. Un acercarse a esta escritora, poeta enorme, más que interesante. Para amantes de la poesía, diría que imprescindible.

para adquirirlo



viernes, 26 de marzo de 2021

Gracias, 201 veces gracias



Dos meses de este parto. Como no me había generado expectativa alguna, me parece una maravilla que doscientas  personas hayan confiado en mí. Lo sé por estadistas de Amazon. Se ha descargado muy poco en e-book, y  me parece bien. Adjunto comentarios o reseñas, algunos de blogueros muy queridos, pero quiero pensar que son sinceros.



Paraíso de letras, Ginebra



Crónicas poulardas, Alfred



Autodidacta, Ester


Pasatiempos, Chelo del la Torre



Campivampi, Campirela


GRACIAS, muchas gracias Para adquirirlo, en e-book y papel


jueves, 25 de marzo de 2021

Chismes en jueves



 Siguiendo la iniciativa de Gallisan sobe chismes, mi aportación es la que sigue

¿Te fijaste que Pepa cambió su estado?

Su estado de…

Mujer, de casada a soltera, en Facebook

No puede ser

Lo es, ya ves, la vi anoche mismo acaramelada con ese tipo, sí mujer, ese que era alto, tienes que recordarlo, yo creo que ella era su amantes hace tiempo

─ Uno con barbita, que hablaba raro, ¿ese dices?

Bueno es que creo que era francés.

Pero que fueran amantes no me cuadra, si estaba muy bien con Luis

─ No sería tanto, pero oye, su marido no se llama Luis, me suena José.

─ Sería José Luis entonces

─ Eso sería. Pero qué fuerte,  dejar al marido, que seguro que ha sido ella

─ Pudiera ser, pero con un amante ella, igual él le dio un ultimátum

─ Pudiera ser. Oye, te dejo que ya sale mi nombre en la consulta del gine.

─ Que vaya bien.

─ Igualmente Lola, un abrazo a tu marido Juan y a los niños.

Lola se quedó pensativa, no sabía cómo esa amiga del wasap que justo ahora conocía, sabía algo de Andrée, quien hace años fue su propio amante.  Sin hijos y con un marido llamado Tomás, entendió que ninguna  de las dos conocía a Pepa, más que de nombre. Casi con certeza, pero habían pasado el rato en una sala de espera.

Más relatos jueveros


lunes, 22 de marzo de 2021

Ambarina



Su incontrolable afición por los viajecitos interplanetarios le había llevado a R25, un satélite de Júpiter, donde apenas había una estación base, con tres monos, dos humanoides y quince humanos. No parecía un lugar de turismo convencional. Sin Amanda, la última robot de látex, prefería viajar solo a lugares donde encontrar alguna forma de vida que pudiera ofrecerle amor.

La mujer de seis brazos y tres ojos, con aquellos cabellos azules y el zumbido de su voz era la mejor opción en ese momento. Lo malo fue que, al besarla, esa baba ambarina le dejó con un enorme mal sabor de boca

jueves, 18 de marzo de 2021

Tras la puerta, en jueves

 


Siguiendo la propuesta de  Mag, cuentos de Poe, y huyendo de los cuatro propuestos, mi aportación es la que sigue

Me detuve ante una casa extraña. Cuando llevaba dos horas, fisgando por los rincones, lúgubres, y con aroma a humedad, he pensado en el cuento de Poe “La caída de la casa Usher”.

Recordaba el texto, todo él perturbador. El ambiente de la casa que yo miraba era igual. En la última habitación que vi me pareció que había dos hermanos, con una mujer enferma o encamada, y un hombre que me miraba, invitándome a que le acompañara, para no estar solo ante la muerte de ella, inminente. Las telarañas de los rincones, el suelo cubierto por polvo y huellas de botas, y la tenebrosa luz, me provocaba ansiedad, pero más curiosidad, así que acepté. Por la noche dije que me iba, pero él, temiendo un final inminente desde hacía horas, me convenció para seguir allí, sentada en una silla de enea. Por la expresión, el caminar arrastrando los pies, y esa faz blanca por falta de sol, me hizo pensar que enfermos, de hecho, lo estaban los dos. Él temía enterrarla viva. Ya le había pasado dos veces, declaró,  y ahora su pánico le tenía paralizado. 

Madelina, tan pálida y desvanecida, me parecía una actriz estupenda. Su catalepsia, ese planeo de muerte en vida, me afectó hasta a mí cuando sucedió, porque le buscaba el pulso, acercaba mi cara a su boca, y era evidente que estaba muerta, y bien muerta. Miré los títulos de libros de una estantería, imaginando la lectura como entretenimiento para ambos. Ni una sola novela  con esperanza.  Me ofrecí para los trámites de la muerte, pero me pidió dos días más, aunque creyera que lo adecuado eran quince para afirmar que estaba muerta. Esa coincidencia me hizo pensar que me había metido en el cuento.

No, quince días yo no podía estar allí. Y ella volvió, al segundo día, de entre los muertos, tal y como el hermano me había dicho, y que ya había sucedido dos veces antes.

Me puse a reír, no podía parar. Dos días triste, pendiente del loco, de la hermana, de mi vida, que parecía irse difuminando con el paso de las horas me tenían alterada. Me quedé sin batería en el móvil, en un compás de espera absurdo y con un tipo atándole cascabeles en tobillos y cada dedo de las manos y los pies.  Le dije que me iba, creo que al tercer día de haber entrado. Llegué al pasillo, dejando atrás el aseo, único lugar que conocí durante mi estancia en esa casa de locos. Se me tiró encima, me pegaba puñetazos, quería retenerme a toda costa. Suerte tuve de acertar a coger una barra de cortina que se apoyaba en el marco de una puerta. Le golpeé, con una fuerza que no supe de dónde saqué. Su sangre brotaba lenta desde la cabeza, produciendo un charco rojo creciente. Tomé su pulso, dudando si llamar al policía o a una ambulancia.

Un sonido de cascabeles, leve pero incuestionable, me sacó del ensimismamiento. Madelina,- me dije. Entré armada con la barra y fui contando. Cuatro, cinco, seis…

Mi abogado dice que alegar locura transitoria será atenuante. No sé cómo pretende que sea yo quien pase por loca.

Palabras 575, casi el doble de lo que quería

lunes, 15 de marzo de 2021

Locura



Sus deseos de comprarlo todo en Marte se hicieron realidad. El viaje por el viejo Oeste, esa América profunda, recorriendo parajes difícilmente imaginables, había sido una especie de peregrinaje por un impulso. Para encontrarse a sí mismo, se había dicho. De nada sirvieron los consejos de que fuera muy bien preparado, porque el desierto, que pareciera marciano, era inclemente.

Tras caminar dos días, alucinando por la insolación, sin saliva en la boca ni señal de cobertura en el teléfono, el autoservicio con gasolinera, Marte, fue su oasis. Podría comprar de todo, salvo la cordura, ya perdida del todo


domingo, 14 de marzo de 2021

Reseña de una bloguera

 


Un ramillete de relatos, poemas y reflexiones de enorme lucidez. Sus relatos, algunos   con moraleja, están bien escritos, con un lenguaje sencillo, sin alegorías ni concesiones a la belleza narrativa, sino más bien al mensaje en sí. El primero, que abre el libro, está marcado por un miedo en aumento, de quien, como no puede ser de otra manera, es el gemelo sano, un tipo super ordenado, rígidamente marcado en sus horarios, normas y costumbres. El final hay que leerlo, por supuesto. El último, sin duda, sobre la propia madre de la autora, aquejada de Alzhéimer, es un canto al amor en vida, a seguir amando por encima de que te reconozcan, porque uno sí sabe que esa persona es la madre, o el padre. Enternece, llega, nos hace sentir la impotencia y el verdadero empeño en acompañar a quien nos dio la vida. 



Diseña protagonistas potentes, como un viejo, en una noche de Halloween, formidablemente urdido. Pero hay que leerlos, para entrar en esa mente gallega tan arraigada y apegadas a sus paisajes. Los poemas son intimistas, pero universales.  No deja que los sentimientos se desboquen, manteniendo un autocontrol férreo. También las reflexiones están dotadas de un sentido común más que notable, aportando una lectura que nos provoca hacer introspección. Resumiendo, recomendable, ameno y sin dificultad alguna de lectura.

Su blog es que sigue Rhodea Blason

sábado, 13 de marzo de 2021

Un cumple diferente

 


Muchas gracias María, por tu tiempo en hacer este montaje tan delicado. Hay sido un gusto que este año algunos blogueros hayan podido felicitarme, o por este medio del blog o por Facebook.  Por supuesto, mi familia cercana ha acudido a desearme un bonito día.



Hasta mis hijos han estado por la labor :-) Encuentros físicos los justos habrá este año, como ya fue el pasado. Pero habrá momentos de abrazos, no me cabe duda. Pronto podremos volver a estar en grupos numerosos. Me jubilo, tras cuarenta años de dedicación a mi trabajo. Y escribiré más, viajaré lo que me permita la economía y las pandemias, y en definitiva, pondré decir que he cumplido con la sociedad, así que ahora, me dispongo a disfrutar, sin más.

miércoles, 10 de marzo de 2021

Fantástica fantasía, en jueves

 


Siguiendo la convocatoria de Neogéminis sobre el mundo de la fantasía, mi aportación es al que sigue

Cuando Pablo consiguió colarse por la gatera del viejo pajar, poco podía pensar en el universo que se abriría. Entró con Luis, su amigo invisible, adoptado hacia poco. Juntos se refugiaban donde, entre el polvo y los aperos aparcados para siempre, se montaban en una nave. Los mandos los fueron improvisando hasta tener un vehículo maravilloso, reluciente y cómodo. Iban a una galaxia lejana, donde los habitantes eran bajitos, como ellos, y jugaban a perseguirse y contarse cuentos, y donde se comunicaban sin palabras. Cuando los convencían de venir con ellos a la Tierra, el pajar les ofrecía mil escondites y el tiempo volaba.

Los gritos con el nombre del peque les traían la realidad, donde ambos amigos seguían hablando de sus cosas. Pablo discutía con Luis a menudo por su mal perder. Al ser hijo póstumo, el peque, poco vigilado por una madre llorosa y unos hermanos mayores, tenía su propio mundo. La figura del padre la suplían otros hombres de la familia, y una abuela difunta les leía cuentos por las noches. Cuando se cayó un día, Luis no pudo avisar a nadie, así que le encontraron con una pierna rota y sangrando por la oreja, determinando su ingreso en el hospital comarcal. 

La psicóloga afirmaba que el peque sabía que Luis era fruto de su imaginación. Les aconsejaba dejar el pajar sin acceso para el niño. Pero sobre todo, les apremiaba a vigilarle más, y a que no se sintiera tan solo, porque había sido la soledad lo que provocó al amigo invisible.

Ya de regreso a casa no volvieron a escucharle hablar con Luis. Pablo había adoptado el idioma de la telepatía, como los amigos extraterrestres, quienes ahora se reunían con los dos amigos en el armario ropero enorme de la habitación de la abuela, quien, desde el otro más allá, gozaba de ver a Pablo tan lleno de vida. Cuando le acariciaba la cabeza, y le besaba, cada noche, le enviaba unos sueños fantásticos, y rogaba porque no le quitaran jamás las ganas de soñar.

Palabras 341

Más relatos jueveros

martes, 9 de marzo de 2021

Vocación



La mejor manera de canalizar mi vocación fue a través de aquel accidente. En una carretea sin tráfico, y de noche, lesioné a un tipo por saltarme un stop, y ahí mi vida se fue a pique. Diez años aprendiendo de cárceles y procesos judiciales, de indemnizaciones y de caraduras. Aunque cuando un sicario fue mi compañero de celda, aprendí mucho más.

Al salir del talego tuve que rehacer mi vida, y asumí lo útil que hubiera sido darme a la fuga aquella noche, habiendo rematado al tipo. Ahora me anuncio como recaudador de deudas. Mis tarifas son moderadas, pero me permiten vivir decentemente.

domingo, 7 de marzo de 2021

Una novela rompedora, más que recomendable

 


Si en la primera lectura, de dos pillastres, almas de cántaro en realidad, me atrapó la configuración de esas personalidades, sus vidas, sus apegos y sus enormes deficiencias, en esta relectura me he deleitado con los personajes segundarios, tantos y tan bien trazados que descubro joyas diminutas que brillan entre la adjetivación magistral y esmerada de las situaciones. Cuando un probable padre, John Lennon, es asesinado, tras la trama rocambolesca previa de intentar encontrarle, me parece de una ternura enorme que Artur acepte que si hubieran hecho el viaje a Londres, no le habrían encontrado tampoco. Recién fabricado el anhelo, al encontrar postales y cartas dirigidas a su madre, viendo cómo el castillo de naipes se derrumba en un instante, uno se plantea cuántos deseos no se gestan para ser descartados cercanos a ser alcanzados. Su homosexualidad, tal vez descubierta en su paso por la cárcel, nos ofrece la sensibilidad más humana que puede tener hasta el peor de los delincuentes. 

Todos quienes aparecen en la novela tienen una historia que va latiendo, como burbujitas de humanidad, entre aguas pestilentes, con un fondo de olor a repollo y soledad del extrarradio.  Eso sí, combinados con fetidez a colonia cara y trajes de corte en las pocas rachas buenas. Honradamente creo que casi todos merecen una novela de sus propias vidas. Animaría a Manu a seguir esos pasos, del pasado y hacia el futuro, de varios de sus coprotagonistas, que, siendo secundarios, son realmente potentes y tienen mil historias que contar.

La pintura paisajística, que no pinceladas, de una Barcelona de los ochenta, es un paraíso perdido de lugares, aromas, estilos, calles y rincones que ya quisieran para sí algunos GPS de la memoria. Me han enternecido muchos parajes, mínimos puntos de un recorrido de la apasionante historia de Artur y Asís. Tantos, que no sabré definirlos, pero entre ellos brilla la prostituta rusa con su libro de cabecera, Los hermanos Karamazov,  cuya lectura subyuga a Asís, o ese conserje de mueblé, que lee a Vicente Aleixandre. Son instantes que florecen como los buenos destilados, entre apreciaciones y apuntes de un espectador del presente recorriendo el pasado de una ciudad, que, de manera tangencial, conocí. Seguro que los paisajes de Bilbao están igualmente definidos, no me cabe duda.

Es una narrativa de un preciosismo que engancha, porque no deja atrás la dureza de las cárceles, o el salvaje atractivo de los bajos fondos, ni la epidemia de las drogas, o la adrenalina de los asaltos a mano amada. Tampoco esquiva las huidas más histriónicas, o el SIDA. Ni los ambientes gais, o el juego recién legalizado, y es que son dos décadas de encuentros y descuentos, amores y odios, venganzas viscerales, coletazos de un GRAPO desnortado, rencores enconados y un deseo desalmado de vivir la vida a como dé  lugar. 

Es una maraña multicolor de hilos enredados, que, manteniendo su tono cada uno, conforman una bola informe de pasiones y violencia, en una España que salía de una época oscura, manteniendo los prejuicios y los miedos. Algunos hijos de la miseria, listos a su manera, soñaron a lo grande, y, unos pocos consiguieron salir del gris marengo de su realidad.  El precio sólo ellos lo saben.

Como curiosidad, hay otra leyenda, la de orinarse en las manos, que comparte objetivo con el título del libro.   

Para adquirirlo, les paso  Este link