jueves, 29 de julio de 2021

Ese alter ego, en jueves



 Siguiendo la propuesta de La trastienda del pecado, Mag, mi aportación es la que sigue

Hoy sí que sí.

Bueno, eso lo dices tú

Claro, es la cuarta cita, toca.

No sé por qué te empeñas en creer que en la cuarta cita toca. Recuerda a Susana, en la primera cita pasasteis la noche juntos.

Una excepción que confirma la regla. Dime si no, con Paola ni en la quinta cita, claro, que no hubo más.

Hasta tú sabes que una cuarta cita no quiere decir que acabes con final feliz, claro que, ahora te empeñas en tu teoría porque Lola está para chuparse los dedos.

Lo está amigo mío. Pero me hace reír, es inteligente, y no me digas que esa manera de mirar no te hace sentir cuán viva está.

Vale, y ese lunar que tiene cerca del labio, que un poco de morbo sí te da. Mucho circunloquio para no reconocer lo obvio. Que te inspira, no lo niegues.

─ Pelín de concupiscencia, vale, no lo negaré.

─ Estoy seguro que no caerá esta noche. Es más, no te llevas al catre, Diego, y si no, al tiempo. No eres su tipo. Te mira así porque es miope.

─ Me tienes harto. Estoy hasta los cojones de ti. O paras de ser mi Pepito Grillo o…

─ ¿O qué?

El puñetazo en el espejo le dejó una herida en los nudillos. Se puso un poco de Betadine y las tiritas transparentes. Se perfumó, dándose el visto bueno en otro espejo y llegó puntual a la cita con Lola.

Cuando llegaron a su casa, tras unos preliminares más que apetecibles y una velada estupenda, Diego no puso conseguir ni una erección medio pasadera. Su alter ego, para variar, le había boicoteado una aventura que prometía. Ya en pijama, a sus cincuenta primaveras, "un día u otro conocería a su media naranja", se dijo cabizbajo 

Palabras: 294

 

 

martes, 27 de julio de 2021

Mini vacaciones

 


Muy mini vacaciones. Leeré. Veré museos y paisajes, escalaré silencios de miradas compartidas, y si nada lo impide, desconectaré de un perrillo que da mucho trabajo :-)

Pasadlo bien, es gratis. Nos leemos a la vuelta, y si no sabéis qué poneros... poneros felices.


 

viernes, 23 de julio de 2021

Amanecer en jueves

 


Siguiendo la propuesta de Molí del canyer sobre un primer amanecer, mi aportación es la que sigue.

Entretuviste tus miedos dejando que el peso de los años no te venciera. Yo disfracé mis ganas de sol con abalorios brillantes de efímera belleza. Cuando en la noche nos encontramos, como dos ciegos, construimos un ventanal al palpo, una obertura que mirar juntos, tal vez, cuya entidad estaba sólo en nuestra mente.

Tú pusiste las notas de tu guitarra herida, yo los aperos coleccionados en el devenir de mis tiempos. Tú desliaste los sueños que nunca llegaron a ser. Yo abrí el caudal del delta de mis ríos.  Tú dibujaste gaviotas a punto de echar el vuelo. Yo compuse versos de amaneceres marinos y caracolas de mar. Tú amasaste nidos de golondrinas, con barro de tus heridas. Yo amasé besos dormidos bajo mi almohada. Tú señalaste un cielo cuajado de estrellas tibias. Yo señalaba el mar, como un Colón indeciso, como la ruta hacia el ocaso.

Pasaron las horas, descerrajamos la brisa, deshicimos la niebla de las incertidumbres    a mamporros. Nos pusimos en pie, pero, anquilosados los miembros, trastabillamos hacia la ventana recién armada.  Como niños inexpertos, abrimos los portones con más fe que habilidad, con más esperanza que experiencia, con más humildad que sabiduría.

Nos sorprendió la mañana, con ese amanecer esquivo, que al fin apresábamos entre las manos, ahora unidas. Miramos juntos ese mar en calma ansiado, ese paraíso perdido, ese mar que construimos, con las manos.

Palabras: 230

miércoles, 14 de julio de 2021

Lo inexplicable, en jueves

 


 Siguiendo la propuesta de Dorotea, sobre cosas inexplicables, mi aportación es la que sigue


Se llamaba Marta pero la llamaban Julia, nunca supe si por un desacuerdo entre los padres o porque ella decía llamarse así, pero cada vez que voy al pueblo alguien cuenta la anécdota de la nena, quien, con cinco años, cayó al pozo del tío Facundo.

Con pequeñas variaciones, los ancianos del lugar recuerdan el suceso con la misma historia. Dicen que la niña era vivaracha, lista y movida, sin un ápice de miedo y con enorme curiosidad. Parece ser que un día, en un despiste de su madre, y de Facundo, quien solía tener tapado el pozo que alimentaba el melonar, Julia se inclinó a mirar en el interior, calladita ella. Rubia y golosa, creyó ver un chupachup en él y no se lo pensó dos veces. Se inclinó un poco más, hasta caer al fondo, con un ruido de peso muerto y esa reverberación del sonido por el cilindro pétreo. Nadie la echó en falta hasta tarde, pero ella no gritaba tampoco. Se había asustado, más por la oscuridad y la humedad que por haber sufrido mucho daño. Observó a su alrededor y vio a una ninfa pequeña, parecida a “Campanilla”, la que viera en la película Peter Pan, así que el susto se convirtió en tranquilidad. La nena contó que ese personaje, amoroso y amable, le fue colocando los pies, de paso en paso, en su ascenso hacia la luz, hasta el brocal.

Nadie pudo explicar cómo consiguió salir sola, pero lo cierto es que llegó a su casa empapada y con un hambre de lobo. Por mucho que sospecharon de algún vagabundo que fuera de paso por la zona, nadie consiguió que diera otra versión que la que quedó como auténtica, a falta de otra posible explicación coherente. Inexplicable, acabaron por decir todos.

Pasaron los años y Julia, o Marta, se fue a Madrid a estudiar periodismo. Allí sigue, sin regresar al pueblo más que de manera esporádica, y se niega a relatar nuevamente el suceso infantil. Se ha especializado en investigar aquellos lugares donde dicen que hay fantasmas. Y es ella que sí cree en lo inexplicable.

 Palabras: 350


martes, 6 de julio de 2021

Sherlock Holmes, en jueves

 



Imagen de la Vanguardia. Siguiendo la iniciativa de Campirela sobre el sagaz detective, mi aportación es la que sigue

De pequeña me gustaba leer las obras de Sherlock Holmes y su amigo Watson.   Para crear su personaje, me dijeron que Arthur Conan Doyle, se inspiró en un profesor que había tenido en la Universidad de Edimburgo, durante sus estudios de medicina.

En un viaje a Londres, ya adulta, quise visitar el piso que compartían, el número 221B de Baker Street, pero no existe. Eso sí, hay un museo, y  está en el número 239.

Cuando regresé a casa, tras un viaje de una semana, me sorprendió que encontrasen tan tarde el cadáver del regidor de cultura de mi ciudad. Un soltero empedernido, quien tuvo la ocurrencia de enseñarme un huevo de Fabergé. Me dijo que llegó a sus manos tras una rocambolesca aventura con una rusa pirada con quien estuvo a punto de casarse hace dos décadas. Sé que no está bien, pero si vieran el huevo, uno de los ocho perdidos, lo entenderían.

Lo planifiqué para que encontraran al muerto a los dos días de mi partida, dándome la coartada perfecta, pero España no es Londres. Ni tenemos un comisario al estilo Sherlock Holmes. Han acusado a un chatarrero que tenía en su poder unos atizadores de la mansión, y que habían visto merodeando por allí. Fue muy fácil acusarle de asesinato, pero no de robo.  

Mi novio se empeñó en venir a casa de madrugada, y luego nos preparó una copa de Bayleis. No parecía tener intención alguna de un reencuentro apasionado, pero lo achaqué al calor bochornoso de la noche. Hablamos del asesinato del que teníamos conocimiento, y al fin, apurando la copa, le confesé que estaba bien.   

Estoy tranquila, querido “Watson” le dije ahora la cicuta que preparaste no es detectable en anatomía forense alguna.  Eres un genio, gracias.

Elemental, querida Susana me respondió Lucas pero dame el vaso que lo lave, porque no quiero dejar pistas.

Con un mareo de campeonato le vi llevarse el vaso, escuché su trasiego por la cocina y borrosamente advertí cómo agarraba el huevo, se lo guardaba en un bolsillo y salía de mi piso sigilosamente. Recordé, antes de dormirme, que mi médica de cabecera me advirtió, hace pocos meses, que, con mi cardiopatía, podía morir en cualquier momento.

Mierda, me dije, ni autopsia me harán, este tío es realmente un genio.

Palabras 387