jueves, 23 de febrero de 2012

El deshielo.

Tomado de Google

Desató en la madrugada sus botones de nácar y se desbordaron los sumideros de fantasmas propios y destilados ajenos. Los pavores y algoritmos se colaron de estraperlo por el mismo desagüe de aguas turbias. Dejó que los sueños navegasen por mareas de otros tiempos y atravesó un laberinto por entre las palabras que sonaban a alegría de medio pelo o a un desafinado allegro vivace de oropel. Dinamitó los suspiros, descerrajó las mordazas. Se desparramó en un cáliz de azucenas en la tímida luz de una farola de un parque de extrarradio y su corazón golpeaba el flujo de la ´vida en un sístole sin diástole posible.
Amaneció despacio, como todo lo que acaba siendo valioso. Se desperezó del letargo del invierno. Desentumeció, como un oso, sus extremidades y desenfundó la vista para ver cosas formidables, descubriendo así, que el sol y sus secuaces habían cambiado el sórdido frío de los hielos por un manto nítido y verde de planes posibles, de dudas razonables, de bocados en proyecto y de certezas florecidas.
El deshielo siempre llega, aunque mientras hibernas parezca un imposible.

4 comentarios:

  1. Qué bien escrito este texto. Lleno de fuerza y de ritmo. Me ha encantado. Un abrazo.

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  2. Gracias Francisco. Cuando el ritmo te toma de la mano, seguramente se aprecia en lo que acabas escribiendo.
    Un abrazo

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  3. Gracias Alfred, por compartir tu optimismo de forma tan altruista y en cada rincón de estos escenarios.
    Gracias.
    Un abrazo.

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Ponen un gramo de humanidad a este lado de la pantallita blanca. Por eso, son siempre bienvenidos. Gracias por leer.