Translate

lunes, 10 de febrero de 2020

Universo de mates para Chema

Imagen de Curiosidades matemáticas

Me haces pensar en los símbolos del bachillerato. El infinito, en alfa, omega. Así como en las realidades tangentes, las integrales y las derivadas de unas clases de mates. Mi espinazo acaba de sufrir un escalofrío al rememorar ese tiempo.  Qué malos ratos de discusiones eternas con el boli, con el cuaderno y  el cartabón. Con la escuadra y el compás.  El pincho perforaba bien pero la varilla de lápiz,  qué redondas tan raras me salían, qué  forma de romperse el grafito. Un día, en mi casa, en uno de esos espasmos que le daba de repente a la puntita redonda de grafito, éste se quebró, saltó desde el papel, y trazando una parábola perfecta, fue a caer en el vaso de leche merendada. Qué risas nos regaló.  

No, si yo leía bien y hasta cantaba entonando, pero esos artefactos me trasladaban a un mundo confuso, repleto de incógnitas por despejar, resultados “irresueltos” y ecuaciones de difícil planteamiento, y de dudosa aplicación. Es por eso que, entre problema y problema, entre "x" y "z",  con la x me transportaba a las aspas del molino de un Quijote leído en las Teresianas, la z, de forma instantánea, me recordaba la película del Zorro,  y hasta las ecuaciones, con su “y” me sugerían pura y llanamente un tirachinas. Ni se me daban los “menos”, ni los “por”, así que en matemáticas, creaba  mundos paralelos en mitad de un paralelepípedo, o tomaba un octaedro regular y lo transformaba en uno mucho mejor. Pensaba en  periscopios  y,  habiendo leído a Verne,  la esfera, con su volumen, me  recordaba a una escafandra.

Luego sonaba el timbre de fin de clase y despertaba, recordando aventuras con incógnitas insondables, hasta la siguiente clase.

domingo, 9 de febrero de 2020

Sin recuerdos importantes

Imagen de Aquí. Síndrome de Diógenes

Nos apenó que no le quedara ni un recuerdo para rellenarlas. La muerte del tío Anselmo nos dejó indiferentes. Llevaba décadas sin haberse relacionado con nadie. Pepe y yo fuimos cargados con maletas, para recoger sus enseres de valor, pero la maraña de objetos viejos, herramientas inútiles, bolsas de ropa de quién sabe qué origen y el hedor a dejadez nos hizo salir del piso,  tapándonos la nariz.

Ante un café,  acabamos por sospechar que su vida, centrada en poseer, no le había dejado espacio para amar. Quién sabe si en la otra vida, sin bolsillos, sería feliz.

Más relatos para La ser

sábado, 8 de febrero de 2020

Sueños son


Porque los deseos se engendran en las almohadas de los sueños. Esos que llegan casi sin avisar. Del hilo de una cometa. De un fragmento de canción. De hilares de fotos sepias. De un vestido en un cajón...y luego la vida enseña, que los sueños, sueños son.

Imagen de Aguirrefotox

viernes, 7 de febrero de 2020

Tendido al sol

Imagen de Aguirrefotox

Dejó su móvil en la almohada, con la nota de despedida. Ana y su mundo de infarto quedaban atrás. Se enredó con un  cabo del velero, y la botavara le dio en el occipucio, como otras veces, pero esta vez, con manos firmes,  agarró el timón y viró a babor y estribor, alternativamente, hasta que recuperó su intrincado rumbo. Mientras surcaba olas de mentira y espumas saladas, también inventadas, cayó en la cuenta de que el mascarón de proa, desgastado por años de intemperie y abandono, estaba deslucido. Consiguió echar el ancla  a dos millas de la costa, se puso las aletas y bajó por  proa hasta la efigie femenina que era el orgullo del velero. La ninfa escotada que ahora lucía fea y desconchada, una vez, no hace tanto, era la envidia de los siete mares conocidos, y de los desconocidos.  Con esmero y paciencia, la fue atusando, de forma que más que limpiarla, parecía, a los ojos profanos, que la acariciaba delicadamente, como si frotando con un paño impregnado en aceite fuera quitando de ella las últimas huellas de una etapa de desencuentro consigo, de laberinto inconcluso y de desamor viciado. Con manos ágiles y amorosas limpió su bella cara, sus cabellos al viento, sus pechos blancos, y en cada gesto ponía tanta dedicación, que esa labor, para otro  quizás rutinaria, se extendió durante unas largas y hermosas horas en que, lejos de sucumbir al cansancio, iba recuperando fuerzas y energías a medida que el mascarón volvía a brillar como antaño.

Cuando acabó, con agujetas en ambos hombros, un hematoma en el tobillo derecho y un hambre de lobo feroz, comió tres latas de fabada y las regó con una cerveza bien fría. Brindó con la mesana por una larga travesía y, como años antes,  tendió al sol su corazón renovado.

jueves, 6 de febrero de 2020

Volando nuevamente

Imagen de KATERINA PLOTNIKOVA


El crucero  se alejaba a velocidad ascendente, envuelto en un coro de algarabía casi infantil. El muelle, desierto desde hacía rato, quedó como testigo ciego de un gesto, desnudo ya de significado. Seguía ahí, moviendo la mano automáticamente, con la certeza de que ésta sí va a ser la última despedida de su primer intento en serio de dejarle ir.  

Los previos ensayos le agarraron sin velocidad de crucero, con espasmos de desaliento, y cierto déficit de autoestima,  pero tras tomar lo que creyó un bebedizo, se supo al fin dueña de sus propias decisiones y, aunque sigue siendo esclava de sus recuerdos, olvidos y rencores, poco a poco va aminorando la velocidad de su mano, y al cabo de un rato ya es capaz de guardarla en el bolsillo. Dió media vuelta al fin, y llegó a saber dónde se encontraban exactamente los límites que crearon sus propios miedo. Entendió,  esta vez sí, que va a llegar a tocar con los dedos la cumbre azarosa, cubierta de espuma, que le fue esquiva hasta el momento. 

Sólo por eso valía la pena esperar a que la niebla se dispersase, a que las corrientes se calmasen y a que sus latidos se serenasen lo suficiente. Cuando, días después,  se enteró de que su amiga Lola le había preparado un té con menta normal y morondo, ya era tarde para regresar a su antiguo estado de cobardía, o a sus cuitas por encontrase a sí misma, dependiendo de él. No volvería a ser la mitad ni la muleta de nadie. No una vez más.

miércoles, 5 de febrero de 2020

Refranes o Paremias en jueves

Proverbios, de Pieter Breughel el Viejo

Siguiendo la iniciativa de La trastienda del pecado, Mag, mi aportación, con cinco refranes, es esta:

Luis eligió a Pedro, el más listo del instituto, para  que le acompañara  a la convocatoria de figurantes para una superproducción. Es que a quien a buen árbol se arrima, buena sombra le cobija. Llegaron en bus hasta el pueblo medieval, tan pronto, que no había indicación alguna de dónde se realizaría. - Quizás no por mucho madrugar amanece más temprano, le dijo Pedro. Decidieron aliviar su desengaño con un bocata de jamón y una Coca-Cola. Porque los duelos, con pan, son menos. Tal vez por los nervios, le causó diarrea, y es que a perro flaco todo son pulgas.  Cuando le hicieron a Luis la foto, con la cara compungida, Pedro, quien estaba a su lado en la cola, aprovechó para que le inmortalizaran a él, a quien llamaron al día siguiente. Porque a río revuelto, ganancia de pescadores.  A la semana de la aventura, Luis estaba recuperado, y Pedro feliz por hacer de figurante en Juego de Tronos. Y es que nunca llueve a gusto de todos.

Cortito. 169 palabras :-)

Más relatos jueveros del blog

lunes, 3 de febrero de 2020

El barco del amor

Imagen de Aquí

Dejando instrucciones a su señora de limpieza, recientemente llegada de su lugar de origen, y soltera de nuevo, se había embarcado en el "Crucero del amor".Como el barco estaba lleno de casados y novios, y ella no quería compromisos,  se había dedicado a conquistar a quienes veía muy solitarios. Calibraba que ser infiel, es ese lugar, denotaba una relación en periodo de ruptura franca, o de soltería, como ella.

Se había sentido mal el segundo día, nada importante. Lo achacó a haber cogido frío, con el tercer amante tal vez. La recluyeron en la enfermería, aislada. El buque atracó en Nápoles, pero no dejaron bajar a tierra a ningún pasajero. Como había tantas actividades a bordo, a nadie pareció importarle, salvo a tres de los hospedados, quienes, a pesar de los avisos de tranquilidad por  megafonía,  rezaban día y noche por no haberse contagiado de un coronavirus de nueva hechura. Disimulaban, en diversas zonas, y mezclándose con la gente,  su preocupación en el barco del terror.

Inspirado en este barco

sábado, 1 de febrero de 2020

En la cocina de los recuerdos

Imagen de Aquí


Empezó a llorar. Primero de lágrima en lágrima. Luego en llanto franco. Intentó atajar la marea con el puño de su blusa. La visión borrosa era molesta, y los recuerdos de la última noche afloraron en su mente, como mantequilla derretida, dejando en carne viva sus temores. Esos besos con sabor a despedida  asolaban sus labios. Esperó, cándidamente, la embestida de unas manos en su cintura, como otras tardes. Lejanas y casi desdibujadas. 

Había nacido otro día. Preparaba su guiso de las buenas nuevas con espíritu  aventurero, pero al fin, la cebolla había ganado la partida. Una vez más.

Texto para Cadena de relatos, de la SerMás relatos para La Ser