lunes, 6 de junio de 2011

El charol de aquella piel

Entraba y salía de su vida como la señal de cobertura en el tren paralelo a las Costas del Garraf. En los sucesivos túneles y requiebros de las vías, asomaba o se perdía el aroma a canela de los despertares de esa mujer de color azulado en su negrura y tacto de marfilina.

De forma imprecisa, y deliberadamente indefinida, ella parecía estar hastiada, o expectante, lejana o amorosa, trémula en su voz o dedicida en sus despedidas.

Sus labios, carnosos y dulces, dilapidando palabras para verle enloquecer, consiguieron despertar al fin el rugido de elefante recién estrenado. Ese que ahora albergada dentro de su corazón.

La fuerza la había oído nacer bajo su piel sudorosa en el safari fotográfico, ante la negrura acharolada de una mujer de una belleza radial, como telaraña de sueños irisando destellos al amanecer.

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