sábado, 25 de junio de 2011

En la escollera

Obra de Victor Bauer

La noche fue larga y densa. El sueño no llegó a acariciar la noche de Joana. Ella y Carlos, con sus 20 años de encuentros y desencuentros, sus altos y sus bajos, sus gritos y sus silencios había traspasado una línea roja en la madrugada.

El lento ensayo de las caricias, el suave empuje de sus cuerpos girando, el acompasado ritmo de sus propios caminos al éxtasis, que los años habían encontrado entre los dedos y los oídos y entre la piel,  respondiendo a la mano amorosa del otro...todo acabó tras ese útimo orgasmo compartido.

Mientras Carlos iba hacia la ducha Joana miró a través de la puerta entreabierta del aseo y comenzó una discusión más sobre la ubicuidad del puto cenicero. Carlos insistía bajo el agua que él jamás dejaba nada fuera de su sitio, como de hecho solía ser la tónica en la relación doméstica. Pero.esta vez , ya fuera porque hacía calor y los escarceos amorosos les impreganron de un sudor denso además de placer, o fuera porque llevaba días procupado por la situación de la empresa (sería difícil de precisar incluso si hubo un motivo concreto), se plantificó con una toalla en la cintura y la espetó una regañina sobre sus despistes que hizo que ella mirase por todo el piso dónde estaba el cenicero, lo dejara en la tapa del water y dijese por tercera vez en ese año: 
-Ni una bronca más. Ya te lo dije. No te acepto ni una bronca más en ese tono.

El cenicero estaba donde él lo habia dejado, exactamente allí, en la cocina

Le previno de que se iba a la playa y que al volver no quería que siguiera nada de él en el apartamento

En la escollera, con una cazadora tejana por el fresco de la hora, abrazada a sus rodillas, y sorteando el viento de xaloc la pueden ver mirando el punto por donde el sol asoma. Ella escucha su corazón y seguidamente cierra los ojos y abre los oídos, la nariz y el corazón.

Solamente está. Tan solo está. baja a la playa, donde se sienta sobre sus piernas y mirando al horizonte la embarga la certidumbre de que su vida ya no puede compartirla con él.

2 comentarios:

  1. Bonito relato. Y triste. ¿Es posible una situación de convivencia que no genere fisuras en el amor?. Yo estoy convencido de que sí... ¿?

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  2. Me ha gustado, si y mucho, Albada. Es una situación cotidiana, por desgracia, donde la pareja no se dá un respiro en esa lucha diaria que emprendemos sin saber por qué y nos lleva a desencuentros que se alargan cuando el roce se prolonga más de lo necesario.

    Saludos.

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Ponen un gramo de humanidad a este lado de la pantallita blanca. Por eso, son siempre bienvenidos. Gracias por leer.