martes, 16 de octubre de 2012

La espuma en tus huesos otoñales.


El olor a talco de sus axilas revoloteó efímero por el cuarto de los cachivaches. Aterrizó en tu nariz aguileña y allá quedó dormido y expectante. En un estado larvado, a punto de eclosionar. 

Alguna vez, cuando sentías la espuma burbujear en tus huesos, sólo ese aroma a talco y lluvia de sus rincones secretos, devolvía el azul intenso de sus ojos de rocío a tus ojos grises.

Y en esos momentos de ingravidez, por unos instantes de fuego, el espejo jugaba a ilusionismos baratos. Y te regresaba tu rostro vestido de una paz sin letanías. Sólo tu faz...teñida de esperanza. 

2 comentarios:

  1. Fantástico, Albada. Pleno de aromas y resonancias. Un abrazo

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    1. Gracias. Como ves, el terreno de mis folios se atrinchera de sonidos y olores, como si yo les dejara paso franco.

      Un abrazo.

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Ponen un gramo de humanidad a este lado de la pantallita blanca. Por eso, son siempre bienvenidos. Gracias por leer.