Hoy iré nuevamente a Radio Despí, para homenajear a las sin sombrero. Dejo esta reseña de un poemario de un amigo, cuya poesía ahora es un gozo de ese transitar por la vida.
RESEÑA DEL POEMARIO
ENTRE SILENCIOS, de Jesús Sánchez Rivas
Es un ramillete extenso de poemas, cuyos temas son tan variados y cercanos como el peso del tiempo, el amor sin caducidades, la realidad de muchas mujeres, la situación del mundo absurdo que nos toca vivir, sin olvidar los orígenes y a quienes nos han acompañado en este tránsito por la vida. Se plantea qué será de nosotros, qué somos y dónde estamos, desde una reflexión profunda, extremadamente lúcida e interna.
En mi particular opinión es un poemario de un navegar por la vida desde la mirada de quien puede echar la vista atrás, porque puede hacerlo desde la calma de los años, no demasiados, seamos francos. No abandona, sin embargo, el latir ante el presente y un ir ojeando el futuro. Parece casi filosófico en su conjunto, donde una humanidad se desparrama por las páginas, atrapando al lector, que no puede sino hacer suyas muchas de sus apreciaciones, comedidas, a pesar de cierta rabia que se intuye cuando trata temas candentes y que nos arañan el alma.
Su modo formal es el uso de verso libre, siempre tan difíciles al dejar de lado las estructuras clásicas de la métrica y la forma, pero nos aporta un soneto magnífico, titulado “Contigo”, demostrando que puede usar cualquier forma para dar voz a lo que le late dentro.
Me lo imagino como un hombre sentado ante el mar, en una silla solitaria, desgranando pensamientos y miradas hacia su propio corazón, así como al propio mar y un universo estrellado. Todos estos paisajes, amén de los parajes de los bosques y la prensa diaria, le inspiran una reflexión profunda, desde la honestidad y la coherencia, la preocupación por la finitud y por los que nos rodea.
Consultado del porqué del ´título del poemario, cargado, ahíto de sonidos, poemas llenos de versos como frutos maduros, su respuesta es que hay demasiado silencio con tantas pantallas que nos absorben, que nos abducen, dejándonos con pocas conversaciones, con una soledad en la multitud que nos sobrecoge, y estoy de acuerdo con él, nos sobran pantallas y nos faltan abrazos y comunicación, pero sobre todo nos falta la escucha. Hacia el otro y más aún hacia uno mismo. Llevamos orejeras, pareciera, y ahí es donde el poemario adquiere una dimensión que trasciende, porque nos obliga a pensar, a sentir, a cuestionar y cuestionarnos.
Para mí es un poemario de una madurez, reflexión y alcance que invita e incita a bucear en él, que no es nadar sólo en la superficie. Más que aconsejable, porque es garante de un estilo de vivir la vida desde la dimensión humana de quien, sabiendo que está de paso, navega sin miedo y con actitud crítica.
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Ponen un gramo de humanidad. Gracias por leer.