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viernes, 13 de noviembre de 2015

Cambiar de lok

Imagen tomada de Google

En una atmósfera de negruras, de nieblas densas y de recuerdos anquilosados, decías hace semanas, ante un café, que deseabas que el otoño, o el viento, o los hados trajeran un cambio de colores a tu vida.

Esta mañana, una pitonisa empeñada en mirar en una bola de cristal, me advertía de un cambio de look espectacular. Era la Aladina que aladina en una carpa de circo ambulante, toda ella llena de abalorios de colores, con sus ojos llenos de rimel entre aplastado y a pegotes, y unos labios repintados de color granate aventurero vampírico.  Por supuesto, como no espero ni deseo cambio alguno, me dije, -"será el de mi querida Patricia", a lo que ella no pudo alegar nada, ni para afirmar ni negar. Tan solo me dijo que la nueva imagen sería de arcoiris en sabores, y polifónico en colores, dando una textura de similar estilo al que yo veía en mi infancia, cuando ni llovía ni hacía sol.

Cuando te he visto, desde mi ventana, paseando por la acera me he dicho ipsofacto: " pues adivinó la adivina adivinadora". Tal vez adivinó que, en las tardes, un grupo de señores jugarían a ser chicos malos y dejarían a este país con una enorme desesperanza, unas cifras de paro de escalofrío, y con poca capacidad de movimientos para el disfrute, y que entre la gente vestida de gris, una amiga recién contratada estaba de fiesta, gloriosa y sonriente por mantener abierta la puerta a la esperanza, y las arterias a la sangre. 

Como serpiente en muda, parece que habías de romper la piel porque has crecido, y porque el horizonte a corto plazo era corto de vista y lerdo de piernas. De una vez vislumbras esas estrellas que están por abrirse en la bóveda nocturna de tu playa de Palafrugell. Esa playa sólo para ti, para la flor humilde y excelsa de tu pensamiento alegre y de tu mirada pícara .

Sé que ahora te vistes, de a ratos, con esa claridad que sólo las mujeres poseen en la oscuridad, y que puedes relajar tu mirada hacia el firmamento estrellado, para al fin soltar una risa cómplice al destino. Ese que se abre ante los ojos, abierto y con vocación de largo recorrido. Dejarás atrás entonces, por fin, como un sueño, ese presente que se desvanecía en cada arrebato de viento del norte o en cada zancadilla del viento del sur.

Te imagino presta a dejarte mecer por el ritmo de tu propio corazón, al fin acompasado a los latidos de tu voluntad. Hoy...tan segura...Hoy me encanta haberte visto, destacando entre la gente, como una canica al sol 

martes, 10 de noviembre de 2015

La ternura

Tomada de internet


La vida, para comerla, 
para sentirla, para gozarla, 
mientras se tenga y pueda. 
Hasta la última gota.
Aunque parezca que duela.

Romped los aparadores, 
desprecintad compuertas.
Abrid los grifos de la ternura, 
descerrajando los porticones
... de la impostada mesura.

Dejad resquicios libres, 
entre la coraza que aprieta,
entre las maderas duras,
para que quepan las risas
de las mejores locuras.

Barquitos perdidos de papel




Había llovido como un sonido sin tregua. Como una fiesta del cielo. Como una lluvia de Abril. El dial de una radio lejana traía unos compases de un tiempo dejado atrás. De unas canciones de juventud y arrumacos. De una infancia tardía. De un velero bergantín.

Un ser grandioso dejó que su mano fuese el mar, para que en ella la magia de unos barquitos de papel tomaran cuerpo. En el océano de las inquietudes, esos salvavidas de papel eran una nuez donde navegar sin miedo, hacia el muelle de otros destinos más calmos, donde poder descansar.

De uno en uno fueron llegando las naves. Al rincón de los espejos de un mar en calma chicha. Cada una traía una historia de latidos que explicar. Cuando estuvieron reunidos, charlaron sobre las manos que les habían confeccionado, y de cada pliegue que les hicieran en su satinada piel de imprenta.

Se contaban entre ellos sobre palabras de tinta. Aquellas que los dedos de unas manos habían escrito. En folios de insomnios, entre escenas de tormentas, rayos que rasgaban las noches y paraguas que no se abrían. 

Los poetas de la sangre habrían urdido, de haber querido, un mamotreto. Sobre papiroflexia de quita y pon. Reutilizando y cosiendo sus papeles desechados, cargados de poemas caducados. Sin embargo, de hoja en hoja, y de barco en barco a la deriva, habían formado un mar de letras sin sopa, y sin soldaditos de plomo que arrastrar.

Alcancé a ver cómo la calma vencía a la aflicción de las palabras perdidas, y era hermoso ahora ver navegar a ese ejército de versos no publicados, en un cráter de luna imposible, hecho de lágrimas suicidas, vertidas en cualquier mar.






sábado, 7 de noviembre de 2015

Esas cosas de Cortázar

Tomado de Internet


El mundo de las palabras es algo así como la construcción de un hogar en una casa. Un tanto de estructura física sí que se necesita, pero el espacio lo amuebla cada quien con los retales de pasado y miradas del presente que lleva en su mochila.

Hilvanar palabras es más que un juego, por bien que para mí, eso de escribir me lo tomo tan en serio como un juego donde no hay vencedores ni vencidos, como cuando de niños soñábamos en voz alta a -...y si... vinieran los alienígenas?, por ejemplo, o unos bandidos, que es lo mismo. Era poner la tarima de un escenario inventado donde proponer un teatrilllo en vivo, a través de los fonemas y las ideaciones que nos aportaban o nos sugerían. 

En el relato La casa tomada, de Julio Cortázar, el autor nos plantifica en un espacio vital que va disminuyendo poco a poco, y no sabemos por qué peligrosos invasores, pero sabemos que al final, ese habitáculo permitido, se hará tan menguante como el gran vacío, para ser desterrados hacia un exilio.  

Puedo pensar a veces qué busco en la lectura, e imaginar cómo sería trasladable a suponer qué busco en una persona.

Jugando, por supuesto. 

Buscaba en tus palabras la razón de mi eterna duda. Me avine a bucear en tus fondos bibliográficos. Cuando al fin me frenaron tus manos, ante las sinrazones de las páginas aún no escritas, me desperté soñando en mariposas de papel, sobre el espacio intangible de tu voz. 

A tu alrededor se erigía un territorio yerno, donde, como huerto de palabras, nada germinará  jamás.



PD. 
En la entrevista que se le hizo en España, en 1977, para RTVE, en el programa "A fondo", explicaba la génesis de los cronopios "Estaba en París en 1952 y fui a un concierto en el teatro de Campos Eliseos, un homenaje a Igor Stravinski. Estaba muy conmovido viéndolo cuando vino el entreacto. Estaba en una de las localidades más baratas, completamente solo. De golpe tuve la sensación de que había en el aire personajes indefinibles muy cómicos que circulaban y su nombre eran cronopios",




Mujer de viento


Una compañera se había planeado qué pasaría si algunas piedras, en vez de tener una consistencia sólida, fueran de textura de albóndigas. No de plastilina, ni de gelatina, sino de albóndiga.

Tal vez esa consistencia tan prosáica del pensamiento era debida a que cuando hablábamos de posibles imposibles, la luna parecía medio queso, la merienda había sido más que escuálida, y la juventud de su mirada requería alimentos más tangibles que unos montaditos de diseño de un restaurante japonés, donde en platos cuadrados, y adornados por briznas de alguna planta, unas tapas hacían gala de la cocina sibarita, de anunciada sentencia de "calidad por cantidad".

Pudiera ser, pero ambas hemos seguido charlando de unos relatos, uno de Cortázar, “La casa tomada”, y uno de Poe, que se nos han propuesto para acompañar el concepto de creación de escenarios literarios.

El relato de Cortázar, releído por mí en más de una ocasión, me sugiere siempre la magia de la palabra, capaz de hacer imaginar lo que no se nombra, y capaz de envolverte entre óleos, arcilla, o espacios que te van conquistando, lo que te atrapa como lector. Y uno ya no puede parar de leer, por cazar, la pieza de caza que entrevé, aún sin saber de qué animal se trata.

Desde anoche que hablamos, siento una desazón que ahora me explico, y que nunca pude verbalizar porque me pareció fruto de la niebla de una tarde de noviembre.
Esta noche, de esas de insomnio porque sí, he podido recordar con precisión una jornada casi olvidada en que con mi perra Tart fui a Montserrat, esa cadena montañosa de pétrea consistencia en granitos incuestionables, que alberga claros de bosquecillos donde hay rocas inmensas, de granito, por supuesto. 

Pues bien, ese día, haciendo alarde de una fuerza que no tenía, me empeñé en bajar a Monistrol andando, rechazando usar el funicular, como era la primera intención, y que usé para subir la monasterio. La tarde tenía una temperatura ideal, y me pareció más que deseable, caminar, de bajada, por unos atajos que llevan, por senderos de tierra arcillosa, desde la cumbre hasta el pueblo.

Desde arriba, la falda de esa maravillosa mole de piedra redondeada contra el cielo, se ve cercana y asequible y no dudé en seguir a mi instinto senderista. En un claro, mi perra se detuvo en seco, para ponerse a oler luego una de las piedras de un pequeño claro donde arbustos y ginesta amarilla ponían color a una niebla que iba en aumento con cada paso.

Le puse agua en un recipiente de plástico, y me alejé de ella, por cerciorarme del estado del sendero.  Desde unos veinte metros, al girarme por ver a la perra, dos piedras se movían. De hecho los dos pedruscos del claro. Mi mascota venía corriendo hacia mí ladrando y aterrada con la cola entre las patas, y quejicosa. Dejamos el cacharro del agua y aceleramos la marcha hasta llegar al pueblo. En el bar donde entramos, donde me pedí un café con leche, un anciano con una garrota explicaba a un grupo de boys scouts que hacían corro, una leyenda.

Según ésta, la zona entera tenía unas variaciones magnéticas que nadie había conseguido explicar, que conferían a la masa geológica las mejores condiciones para la brujería y para sucesos esotéricos complejos, como que las piedras, sólo algunas, de la zona, no eran pétreas, sino que estaban tan vivas como unas albóndigas.

-          - De hecho- prosiguió el anciano, pierden la vida sólo cuando se las extrae para hacer casas, o si se usan en esculturas, pero en ocasiones, por algún misterio, algo falla, y hay estatuas que mantiene la vida que tenían.
            - ¿Como cuál?- preguntó un crío de poco más de diez años.
      -  Como mínimo una que usó un escultor de Reus, para una mujer de viento, o "la bailarina", que la llaman por los dos nombres, chaval- .
        -  Esas leyendas chicos, tienen mucho que ver con las noches frías, donde, con tantas horas de oscuridad, cerca de las chimeneas, se hilvanaran viejas historias de misterios- dijo el monitor, ajustándose el pañuelo rayado de vetas grises.

     Como vivo en Reus, echaré un vistazo más a esa estatua, que siempre me parece viva, tan quieta ella, y que me me da pena, porque imagino siempre cuántas agujetas no tendrá, por mantener los brazos alzados. 

     Eso sí, iré con la perra, y como le de por ladrar, no vuelvo a mirarla en mi vida. 



viernes, 6 de noviembre de 2015

Mujer con perro

Tomado de Google

Ella llevaba una maleta roja de tamaño cabina y un perro blanco en la falda, en un trasportín, mientras la otra señora portaba una bolsa grande y un bolso marrón. Ambas entradas en los sesenta largos, esperaban en la estación de tren, donde yo también aguardaba para subir en un convoy aparcado y con sus puertas cerradas, que había de ponerse en marcha en siete minutos.

Las señoras comentaba que por Nochebuena, de siempre, se daban una palizas de aquí te espero, preparando la cena familiar. Se quejaban ambas de que era una actividad cargada de nervios, de cacharros de cocina, de compras de comidas y de recogidas posteriores de loza, cacerolas, coperío y limpieza de casa abrumadora.

Es una conversación muy común, porque esas celebraciones familiares de alegrías sinceras, charlas de mil cosas y de comidas especiales, de sobra sé que  son agotadoras. Imagino que los jóvenes no se percatan, pero son un maratón que ríase uno de las carreras y sudores de los cien metros lisos.

Anunciaron por megafonía que cambiáramos de andén, notificando que ese tren, al lado del cual estábamos casi todos de pie, y algunos en bancos, estaba averiado. Allí nos ven, como a ciento y pico personas bajando por las escaleras subterráneas, o como las señoras y yo abordando el ascensor para el movimiento de andenes. Sin lectura a qué agarrarme pude seguir la conversación exhaustivamente.

La segunda señora tenía marido, pero la viuda con perro alegaba que para ella sola, estaba dispuesta a hacer estas navidades lo que hiciera por fin de año el pasado 2014. Montamos en otro andén a un convoy igual que el averiado, y ellas quedaron lejos de donde yo me acomodé, pero nos tuvieron parados casi veinte minutos, y pude seguir la amenidad de las señoras, que hablaban sin gritar, pero con tono suficientemente alto como para ser seguido por todos. Seguían con sus alegaciones de que, sin decirlo así, se sentían explotadas por los hijos y sobrepasadas por las travesuras de los niños.

La verdad es que yo quería saber cómo había despedido el año la señora con perro, pero el tren hizo el sonido de que cerraba las puertas y decidí cambiar de asiento, quedando más cerca de la conversación entre amigas. Abrí mi libro entonces el libro que guardaba en el bolso, pero al tanto de la conversación. Pueden pensar que esa curiosidad era insana, e igual tienen razón. Me había hecho gracia que comentara la poca gracia que le hiciera descubrir, un día después, pro Navidad, que rayas de boli habían decorado media pared de un dormitorio de su casa.

Resumiendo: tardó tres paradas y  cincuenta quilómetros en confesar su estrategia de fin de año. Les había informado de dónde iría ella por Nochebuena y del importe total de la cena más artilugios y uvas, ofreciendo a sus tres hijos que fueran con ella, que estaría encantada.
Lo que me dejó encogida fue que la amiga le preguntó cuántos habían estado con ella en los brindis de buen año nuevo, y la señora con perro confesó que sólo su hija María, con su yerno Luis y Luisito. 
- Sí mujer, el chiquitín que tuvo el verano pasado- dijo, para añadir...- que ahora está precioso, caminado ya, está para comérselo- apostilló.


No sé. Igual sopesa la jugada, pero me la imaginé por Nochebuena, cercana a la Misa del gallo. Con su perro blanco, ambos bien sentados en una mesa de un restaurante, ante un precioso menú con turrones, y unos villancicos sonando en un comedor.  Brindando en familia por una feliz navidad. 

miércoles, 4 de noviembre de 2015

La mujer escultural de Daniel

Obra de Modesto Trigo, censurada con un possit...por facebook

Ingresado en el pabellón de agudos del Pere Mata, y aún sin permiso para visitas, Daniel imploraba que no le drogasen más, que por piedad cuidaran de su estatua de mujer de arcilla dorada. Rogaba que le dejaran que fuera a casa, a llevarle ropa y comida, y prometía regresar, pero Ana, la psiquiatra de guardia que le atendió, y que ahora le visitaba a diario, veía en la demanda de su joven paciente, un desesperado grito de alucinación. Ella achacaba su cuadro clínico, de creer viva una obra de arcilla, a un debut de esquizofrenia,  que sólo podía atenuar y tratar con hipnóticos potentes. Era preciso poner la mente del muchacho en un estado de relax total, para posteriormente delimitar el alcance de su patología.

Al tercer día, en un destello de lucidez, propiciado por un vómito forzado con alevosía, Daniel tuvo la certeza de que si no cejaba en su versión de los hechos, jamás le dejarían regresar a su mundo, el que cobijaba a una Eva desnuda, seguramente hambrienta y por completo confusa sobre qué era. Así que ese día, fingiendo un estado estuporoso pero lúcido, le dijo a su doctora que ahora sabía que fue un exceso de trabajo lo que le llevó a imaginar que su escultura estaba viva. Defendió que fueron las horas sin dormir lo que había provocado la locura de pensar que estaba viva. 

Ante la aparente mejoría, su pronóstico cambiaba a mejor, y auguraba un alta más rápida. Él la quería inmediata, más por Eva que por él. En esos tres días, la mujer soñada había despertado con un cálido aliento en sus labios, pero a los pocos minutos, siendo acariciada por unas manos tibias, el ser que le había despertado ya no estaba. Se lo habían llevado entre ruidos desagradables de sirenas, dejando una puerta cerrada y mil dudas, junto a la desazón de no saber qué era esa sensación de malestar en las tripas, ni ese vello erizado tan desagradable de las noches, ni qué significaban unas gotas que brotaron de sus ojos cuando, acurrucada, echaba de menos un tacto o una mirada que la serenasen por dentro.

Una paloma había entrado en el estudio la primera tarde, por el balcón que quedó entreabierto, y ahora esa compañía, que no hablaba, y apenas la miraba, era su amiga. y charlaban en el idioma del ave.  Desconocía cómo abrir la nevera, donde hubiera hallado huevos, leche y embutidos, y miraba insistentemente el picaporte de la puerta, sin saber cómo abrir esa salida. Se había tapado con una tela blanda, calmando lo que llamamos frío, vivía sin saber nombres ni usos de las cosas o sensaciones que la rodeaban. A ratos miraba el rectángulo por el que entraba la luz mucho tiempo, y por donde entraba y salía su amiga voladora, pero sólo se atrevía a salir de noche, por ver un techo precioso engalanado de diminutas luces.

Al cuarto día de su ingreso, Ana, habiendo pactado con Adela, la hermana de Daniel, que ésta se haría cargo de la medicación, y le dieron el alta. Anhelando llegar pronto a su estudio, prometía cuidarse, y manifestaba una cordura que ni sus amigos reconocerían en él. Al abrir la puerta  vio a una paloma deambulando, bien ufana, por el piso, pero  Eva no estaba sobre el palet. Creyó morir de impaciencia y de temor cuando oyó algo similar a un gemido, que salía de su dormitorio. Eva, encogida y tapada, se giró hacia él, alargando sus brazos, que Daniel fundió con los suyos en un abrazo cerrado y mudo.

Adela, bajo el quicio de la puerta, se desmayaba, tal cual larga era, pero Daniel se limitó a ponerla un cojín bajo la cabeza para volver al palet, donde, sentado al lado de Eva, siguió acariciando  la cumbre de un deseo aliñado con arcilla y amorosa magia.

La gente del barrio, que había elucubrado con las sombras y siluetas que veían desde la calle, poco a poco se acostumbraron a que el loco artista se había echado novia. Una mujer escultural.


lunes, 2 de noviembre de 2015

Y así nos encontramos

Sumida en el sueño, Óleo de Felix Revello de Toro.

Y así me descubriste. 
Al palpo de tus manos, 
como un ciego ante  un braille 
imposible de puntos por interpretar.

Y así te descubrí. 
Con mis ojos abiertos
 a la brisa de un mañana, 
que creí pedido entre sueños 
inconclusos y enterrados.

Y así me recorriste. 
Embriagado en la esencias 
de mis esencias más preciadas, 
entre confusos sabores 
de engaños y desengaños.

Y así te recorrí. 
Con las yemas de mis dedos,
 rozando tu piel dormida, 
entre la hojarasca de un otoño 
ya despuntando en tu cuerpo.

Y así nos sorprendidos. 
Casi con la rabia de lo inesperado, 
a través de los movimientos 
de una rosa de los vientos sin patrón, 
en nuestros dedos de pianistas sin solfeo.

Y así nos amamos. 
Con métodos desaprendidos. 
del pasado, que tejimos de nuevo, 
aún sin creer en el mágico poder 
de atracción de un mapa del tesoro,
que jamás dibujamos.

Y así nos sumergimos. 
En paraísos que esculpimos, 
con el mimbre de un fuego 
que aún dormía, bajo las capas 
de cenizas  que los inviernos 
no lograron congelar.

Y así nos desatamos. 
Con la infinita fuerza 
que llevaba prendido 
aquel mínimo gesto, 
de querer anidar en los brazos
de lunas nuevas, 
que completar en las negras noches.

Y así esquivaremos. 
Las viejas trampas 
de antiguas marejadas, 
disfrazadas de tormentas de lujuria, 
para que la ternura anide, 
a su libre albedrío, 
en noches eternas de piel y luna.