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lunes, 30 de diciembre de 2019

El año que vendrá. Feliz año nuevo



Querido amigo, te escribo, así me distraigo un poco,
y como estás muy lejos, más fuerte te escribiré.

El año viejo ya se fue

pero todavía aquí las cosas no van bien


Desde que te fuiste hay una gran novedad.
Se sale poco por la tarde, incluso cuando es fiesta
y hay quien ha puesto sacos de arena
cerca de las ventanas
y se están sin hablar semanas enteras,
y a los que no tienen nada que decir
les sobra mucho tiempo.

Pero la televisión ha dicho que este nuevo año
traerá una transformación
y todos lo estamos ya esperando
Será tres veces Navidad y fiesta todo el día.
Cada Cristo bajará de la cruz,
también los pájaros estarán de vuelta

Habrá de comer, y luz, todo el año
también los mudos podrán hablar
mientras los sordos ya lo hacen
Y se hará el amor, cada uno como quiera.
También los curas podrán casarse
pero sólo a una cierta edad

Y sin grandes molestias algunos desaparecerán,
quizás serán los demasiado listillos
y los imbéciles de todas las edades.

Ves amigo, lo que te escribo y te digo
y qué contento estoy de estar aquí
en este momento
ves, ves, ves
ves, querido amigo lo que hay que inventarse
para poder reírnos de ellos
para seguir esperando.

Y si este año pasase en un’ sólo instante
ves, amigo mío, cómo se vuelve importante
que en este instante, esté aquí también

El año que está a punto de llegar
dentro de un año pasará.
Yo me estoy preparando, ésta es la novedad. 

Un tema de 1983, de Lucio Dallas.


Traducción de aquí. Tal vez parezca una felicitación de año nuevo un poco extraña, pero es que los tiempos son raros, y recordé esta canción. No quiero dejar pasar la oportunidad, óptima, de compartirla. Yo me estoy preparando para un año nuevo que espèro colmado de buenos ratos, de reencuentro con amigos, de seguir con una salud regularmente buena y una familia a toda prueba. Para mí y para todos: que el destino no se olvide de mí/vosotros, ni los besos se me/os queden en el cielo de la boca, ni los versos prendidos con alfileres. Que siga siendo primavera debajo de cada espejo, un año más.  Feliz 2020.

jueves, 26 de diciembre de 2019

Lucecillas en mi mar.

Imagen de Aguirrefotox, nacimiento de arena de La Pineda

Salí a la calle, tras la cena familiar de nochebuena. No quise apurar los minutos, ni dejar que las añoranzas se subieran a mis hombros. Esa zona estaba engalanada por árboles con cintas de luces, diminutas, que convertían la plaza que cobija al nacimiento marino, en  un escenario irreal. Esas figuras son efímeras. Están hechas con arena, pero este año, entre pulpos y un Jesús submarinista, parecía una pista de sueños por arrancar a andar. Tropecé con una acera, no por exceso de copas, y sonreí, como un borracho. Un artificio de luz y de ilusiones visuales me hizo sentir una sirena varada ante unas breves llamas danzarinas vegetales   a mi alcance.

Cerré el puño sobre una de las luces, sintiendo el pálido calor que atravesaba la carne de mi palma de la mano. Luego, al abrir los dedos, la luz, progresivamente blanca y azulada, se fue apagando sobre la mano abierta.  Esa corta e intensa vida de cada punto de luz, me produjo la sensación de estar en un hábitat marino ajeno, donde árboles y yo éramos los únicos habitantes de la noche. Sin dejar de ser consciente de la realidad, me dejé llevar por el embrujo de esa sensación a medida. Llegué a sentir que las baldosas respiraban burbujas de luz, ascendentes, pequeñas y plateadas, como el de un fondo de acuario a mi escala. Imaginé  la vívida experiencia de ser anfibia,  sin aletas ni branquias, y noté la sal en el dorso de mis manos, y el olor a salitre en el aire. La iluminación estará programada, seguro, y cuando, de forma súbita,  todas las luces de la noche navideña se apagaron, barrunté la sensación de ingravidez y me sentí desnuda pero gozosa,  ante la ausencia de esos luminosos latidos de un prodigio que mi mente fabricó, hasta llegar a cubrir mi piel de un polvo plateado que brillaba, como las escamas de un pez.

Me he despertado con salitre en mi piel, que la ducha arreglará en un periquete, pero, sin poder afirmarlo, creo que soñé con vivir bajo el mar.

En la noche pude recordar un post de hace años, que he recuperado y adaptado, y que titulé, en su momento, como luces de mar

jueves, 19 de diciembre de 2019

Feliz Navidad

Composición de Neogeminis, a quien agradezco de corazón sus buenos deseos y su laboriosa manera de felicitarnos


Querido bloguero, quiero hoy compartir contigo los besos de escarcha y mandarina, justo antes de abrir el post de felicitación de Navidad.  Quisiera uno dar bocados al aire por comer nieve, por beber savia, por inspirar vida, por besar suspiros, por regresar abrazos.

Empezó a nevar, justo cuando abría mi regalo navideño.  Si me quedara inmóvil, la nieve me taparía, pero entretanto sería agua sobre mi jersey de lana, belleza en copos cayendo sobre mí, sería un roce de humedad fría en el silencio, y entre los líquenes de mi piel, creería volver al refugio de donde salí. Como musgo, al renacer.  Y he abierto la ventana a la nieve de mis deseos. En  ella me topé con aquellas letras  que nevaban cual grandes copos que caían ante la ventana de mis sueños.  Eran blancos, y  espesos, y con ellos fui creando la magia de antiguos anhelos, hasta llegar a esa  infancia de muñecos de nieve cuajaditos  de ilusión.

He abierto este rincón de blanca página, donde asoman personas tras nombres reales o inventados, que tejen y luego exhiben  las letras en crucigramas de renglones de tinta sangre.  Los copos de sus palabras se arraciman, como los pasos de baile ante las ventanas de la propia vida, con sus nieves más espesas y sus primaveras más floridas. Y acabo por encontrar la inmensa alegría de estar aquí,  ante la ventana abierta nuevamente a la ilusión. En la noria o el carrusel de hojalata, en la muñeca con lazo que un día estrené, uno sólo es quien ha sido, y los rastros dejados en forma de barro en el  manto blanco de la nieve fría que transitamos. Esa que al sol reluce en abanico de guiños de fracciones de alegría.


Con la alegría de estar estando, con el gozo de vivir viviendo, a ti te deseo feliz  Navidad.

Mercado navideño ante el Ayuntamiento con reloj, en Praga


miércoles, 18 de diciembre de 2019

Estatua imprecisa en jueves


Siguiendo una iniciativa de Juan Carlos, esta es mi aportación.


Te he imaginado, en rodajas, tantas como facetas tuyas. Metálico y brillante, en un lugar cerrado,  nublado y frío. La primera rodaja, tu cuello, escenificaba tu verbo libre, tu palabra exacta, tus versos perfectos. Tu barbilla me recordaba  la decisión de tu tozuda seguridad, el empecinamiento de tus  decisiones, una vez adoptadas, la tenacidad en la lucha por ser feliz. Una rodaja de las de tu nariz me hizo imaginar tu instinto innato, tu  sexto sentido y tu capacidad para recordar los aromas más lejanos. Tu boca era de pasión y entrega, de gozo ante un  pan moreno recién horneado, de tus sorbos de café a media tarde en la penumbra de tu estudio ante una buen novela. Tus ojos, canela en rama, eran ventanas abiertas,  coartada para los colores de las mañanas, laberintos de luz con terciopelo.  Tu frente limpia, qué riqueza de mundo en tu universo, qué universo de estrellas imposibles de contar, qué bellas imágenes traían, de tardes contigo, de risas sin motivo, de cantos de alegría, de anhelos en la piel por recordar. 


Tras verte componer y descomponer unas cuantas veces, me he entretenido en volver a leer Metamorfosis, en el hall del hotel, esperando que llegues a la cita con el pasado que urdí para ti.


Datos de la escultura. Hay otra dedicada a Kafka, en Praga, también, Un poco surrealista

lunes, 9 de diciembre de 2019

La luna asoma



Hay momentos, ratos, instantes
en los que anhelaría  ser poema,
cuyos versos juntasen pocos verbos,
tan solo de certezas sin dilemas.

Hay horas en las quiero ser canto,
plural perfecto de alma y corazón,
danza suave bajo cualquier  lluvia,
latidos sincopados, con vocación.


jueves, 5 de diciembre de 2019

Una mano amiga en jueves

Imagen del blog de Doro

Siguiendo una iniciativa de Doro, mi aportación es esta. Basado en la realidad más real, pero es que la vida funciona con un "Hoy por ti, mañana por mí".

Filo se animó, por vez primera, a ir a Barcelona, destino al que iba una amiga con frecuencia, por tener un hermano viviendo en esa ciudad. También era su primera vez en viajar en avión. Tan inexperta, ni sabía que en la ciudad condal le pedirían llevar un dinero mínimo para pasar un mes entero, extremo que su amiga no había comentado pues viajaba con pasaporte español. No tenía alojamiento previsto, pero sí una alusión: pasear por las playas del mediterráneo, tan diferentes  a las argentinas, según su amiga viajera.

El barcelonés, quien residía en Reus en la actualidad, recibió una llamada de su hermana. Esa amiga, Filo, estaba en el aeropuerto de Barcelona, con poco dinero, sin alojamiento contratado y desconocedora de todo trámite normal en un viajero frecuente. Él preguntó a su mujer qué podían hacer. “Bueno, que te dé un móvil de contacto y le orientas, que tome el bus hasta aquí y de momento que duerma en casa”, le dijo. El hombre la fue a buscar a la estación de buses. Al verla tan desvaída, contrataron por ella un apartamento a pie de playa, por las tres semanas que podía pagar. Suerte que era temporada baja. 

La tuvieron en casa una semana, haciendo de Cicerone en lo posible, pero ella no quería ver atracción alguna. Le bastaba el mar. Ese que había conocido a través de la mirada de su amiga. Ese mar que, tal vez, sin la mano amiga de un hermano, no hubiera podido vivir con sus propios ojos jamás.

jueves, 28 de noviembre de 2019

Amor a contracorriente en jueves

Imagen tomada de Moli del canyer

Siguiendo una propuesta de Molí del canyer, sobre imágenes de actualidad, mi aportación es esta.

La plaza Habima estaba en calma. Ibrahim, nacido y crecido en la franja de Gaza tenía veinte años y mucha rabia acumulada en sus ojos. Estaba en la capital por unos permisos que necesitaba para poder visitar Florencia. David, natural de Tel Aviv, y con la misma edad,  dejaba la secretaría de la universidad para obtener el permiso de realización del servicio militar obligatorio.

Ambos entraron en el bar del Crovne Plaza y se sentaron a los extremos de la barra. Las miradas se cruzaron.  La conversación somera les confirmó que no tenían nada en común. El palestino había de tomar un bus hasta su aldea en un par de horas y el judío había tardado menos de lo esperado en los trámites, así que acabaron por sentarse ante una mesa, donde ni la comida parecía de similar contenido. Ninguno era demasiado ortodoxo ni especialmente religioso, por lo que pudieron hablar libremente de temas ajenos a la guerra sin fin entre sus pueblos.

Cuando salieron del bar, antes de despedirse, sus miradas eran de fuego y de luz. De promesas a flor de piel. No podían despedirse, no querían. No quisieron romper el hechizo del arco iris en el horizonte. En algún lugar llovía, pero no en sus corazones.

La foto la tomó un turista. Ese beso, que acabó por ser la imagen viral de un sueño imposible, les volvió a unir unos meses después. Ahora viven en Florencia, ambos huidos y con dificultades para poner en regla sus papeles, pero se sienten felices y libres,  sin kipá ni hufiya  que se interpongan en su maravillosa y loca historia de amor a contracorriente.  

jueves, 14 de noviembre de 2019

Al circo en jueves

Imagen del blog de Mag
Siguiendo una iniciativa de Mag, mi aportación es la siguiente:

Iban saliendo alegres. De la chistera negra salían dos conejos y tres palomas. Los primeros correteaban y acababan saltando por un aro de fuego, mientras las segundas revoloteaban para acabar posándose en un alambre de trapecista, de donde volaban a su jaula blanca. No había payasos, ni tontos ni listos.

La fiera más peligrosa estaba en su jaula, donde un domador con silla y látigo entraba por conseguir que hiciera “El pino” ante las sucesivas negaciones y puñetazos que el reo intentaba propinar al domador con pantalón ceñido.

Del fondo de la carpa hacía su entrada un caballo, que caminaba a dos patas y  un hombre pequeño que lo llevaba de las bridas y quien luego lo montaba, vestido de mariscal de campo con chorreras. Dos mujeres rubias se columpiaban haciendo giros imposibles en el aire con sus acrobacias y su mallas pegadas a la piel, para regocijo de los espectadores. El mago se presentaba, tras la función de conejos y palomas, con una niña de vestido rosa, para el número del cajón con sierra. Era el número más aplaudido y ponía punto final al circo ambulante. 

La sangre goteaba por el  pedestal con ruedas del artefacto de magia. Desde las gradas, un hombre vestido de chimpancé, y confundido con ellos, lloraba, mientras el vendedor de bananas guardaba las ganancias de la sesión.