domingo, 3 de julio de 2011

Cita a ciegas

Foto de Google


La cita a ciegas jamás le pareció buena idea. Su amigo había insistido tanto, que allí se vio, en el Set Portes ante una mujer que no estaba mal. No era su tipo, pero se dejó llevar sin prejuicios, por esta vez.



Olió su cuello leyendo juntos la carta.
Los entrantes no parecieron motivarles ni al uno ni al otro.
Los primeros le sugerían un primer botón de la blusa. Pidió gazpacho.
Los segundos le prometían carne o pescado, y pensó en su pecho blanco y firme. Pidió solomillo con romero y roquefort.
Él eligió el vino, y lo probó sugiriéndole sabores nuevos a su boca.



No pidieron postre alguno. Ambos preludiaron tan solo, que la noche podía burlar a la madrugada.

Ella fue prudente, tanto en la comida como en la bebida.
Un poco menos en sus palabras, y sus sonrisas.
Un poco arrojada en su risa, y en su forma de ladear la cabeza.



Calculó todas las opciones para no parecer en exceso liberal, pues hasta ese momento no fue con nadie antes de una tercera cita.

No obstante, consideró, por primera vez,  que toda norma permite una excepción.  

6 comentarios:

  1. Sugerente, Albada. Me encanta cuando te dejas llevar por los sentidos, arrastrando al lector contigo. Quizás nuestros prejuicios están a salvo cuando se trata de una persona desconocida, y se abre un mundo de posibilidades sin apenas trastocar nuestra vida real.

    Un abrazo.

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  2. Gracias 21, seré una señora, porque lo soy.Pero ay amigo...esta boca es mía. Sabina.
    Tengo un amigo varón, cosa extraña , y esto le pasó a él. Seguirá soltero toda la vida pero el amor a medida no existe, se encuentra o no.No hay más.Un abrazo

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  3. Bien llevado este relato, todo lleno de sensualidad y deseos a la carta...
    Un abrazo

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  4. Gracias Luis.Este microrrelato lo sitúo en un restaurante mítico y centenario de Barcelona donde por las diferentes puertas permite entrar o no según vea uno quién hay.Un lugar óptimo para una cita a ciegas. Y caro, dicho sea de paso.Un abrazo

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  5. Siempre se puede hacer una excepción. Desde luego lo has bordado el relato.

    Me encanta

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    1. Hay excepciones, por supuesto. Pero las citas a ciegas, pueden ser abiertas a otras sensaciones más allá de la visión, tal vez a la ilusión :-)

      Un abrazo

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Ponen un gramo de humanidad a este lado de la pantallita blanca. Por eso, son siempre bienvenidos. Gracias por leer.