miércoles, 21 de septiembre de 2011

Si hubiera echado a correr.

La farola se ha fundido de nuevo en tu calle, y te acompaño cogida por el hombro, como cada noche. Cuando se oye un ruido procedente del portal contiguo al tuyo y siento tu escalofrío, te digo que será una ventana. Y haces como que me crees.   


Cuando cierras la puerta, veo la silueta de un hombre alto. Desando tu calle buscando el paseo, oyendo los pasos tras de mí, acelerando el ritmo de mis pasos y mis latidos.

El golpe resonó en mi cabeza a un metro de la esquina. ¿Y si hubiera echado a correr?

Cuando hubo desandado sus pasos desde el portal de Eva hasta el paseo confirmó lo que ya sabía: la sombra que le acababa de atacar como un mazo en su cabeza nacía en sus talones. Iniciaba el cambio fisiológico inherente a su especie.


El lobo estepario, de forma puntual, nacía y moría en el hombre que habitaba. 


Como cada noche de plenilunio desde aquella primera vez en que  a la luz de la luna amó la carne blanca de una mujer.

2 comentarios:

  1. Me gustaron especialmente los párrafos primero y último. Y opino que es mejorable el resto, lo veo un poco confuso aunque se entienda.
    Besos, Albada

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  2. Sin duda Luis. Tú y yo sabemos que tienes razón.
    Un abrazo cerrado Luis.

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Ponen un gramo de humanidad a este lado de la pantallita blanca. Por eso, son siempre bienvenidos. Gracias por leer.