Se levantó con dos daiquiris entre pecho y espalda.
Tarareaba “be happy”,
apoyándose con la mano contra una tumbona a rayas.
La vi alejarse de la piscina. Reverberando el aire ante su paso con tacones.
La observé concentrada en seguir la trayectoria hacia la salida al hall de los ascensores.
Con ese caminar
de pasarela.
Con esa cabeza tan erguida.
Con su libro bailando entre una cadera y el sol inclemente.
Con esa melena
sujetada con una pulsera, irisando una línea recta desde la barra.
No imaginé la señal tras sus muslos dibujando el entramado de un mimbre,
el que laceró su piel bronceada en
rayos UVA de inquietantes destinos por descubrir.
Siguiendo las líneas del entramado de mimbre en sus piernas
en huida,
caí hipnotizado por el
contoneo de una cintura,
subrayada por unas líneas de reposo en su lectura.
subrayada por unas líneas de reposo en su lectura.
No será suya. El sueño tal vez se convirtiera en pesadilla si ella se acercara a él.
ResponderEliminarSaludos
Yo apuesto a que no, como tú. Pero soñar debió parecerle posible. A veces el destino te castiga ofreciéndote lo que deseas.
EliminarUn cordial saludo.
Estaba tan extasiado de su figura, de su caminar, de su cintura, de su melena, de su contorno... que la siguió hasta atraparla, porque seguro que la alcanzó, e hizo su sueño una realidad, tenerla entre sus brazos.
ResponderEliminarMe encanta leerte, Albada, venía echándote de menos.
Un beso.
Yo opino que siguió mirando cómo se alejaba, manteniendo el precario equilibrio de sus propios sueños,(los de ella), y suspirando por desbaratar su equilibrio,(el de él).
EliminarGracias por leerme. Hay temporadas en que las ocupaciones dejan poco tiempo a los placeres. Pero ahí estamos.
Un abrazo caluroso, y pre vacacional.
Me parece que esta chica lleva el libro de adorno.
ResponderEliminarBesos.
O de anzuelo, eso no podría jurarlo. El título no llegué a poder verlo, pero por la ubicación del punto de libro, parecía no haber llegado muy lejos en su lectura.
EliminarUn abrazo Macondo. De helado de horchata.
Y si todo fue un sueño tras la ingesta de las dos copas de combinado??.
ResponderEliminarSaludos y seguiré leyéndote.
Soy Pablo, soñé que una mujer de pasarela se alejaba de la barra.
ResponderEliminarMi libro Ulises quedó abierto por la página 252.
El segundo daiquiri me entró como un exhalación, pero de contrabando.
Maldita la mosca que me despertó en las pestañas de un sueño de ocurras por enhebrar.
La llave de la 402 me llevará al tedio de un infierno sin Eva posible.
Un saludo, Inma. Bienvenida a esta, tu casa.
Error. Fe de erratas. Ocurras no, es locuras. Sorry
EliminarEl sutil sendero hacia el gozo de un entramado de mimbre dibujado en las piernas de la sensualidad...
ResponderEliminarLo acabo en disfrutar entre las varices de una setentona alemana adobada en crema solar, cojeando en una playa de Benidorm.
En Benidorm...Ven y duerme, quizá una setentona, alguna vez quedó marcada por urdimbres de sueños por tejer.
EliminarDescansa, disfruta. Un abrazo mediterráneo.
Bonita escena la que hoy nos cuentas, muy gráfica y visual, y ahí es donde creo que radica su encanto. Creo que él seguirá soñando, un poco más desequilibrado, y ella seguirá su vida acolchada entre daiquiri y gin tonic.
ResponderEliminarMe alegro de llegar de nuevo a tu casa, una casa que o he frecuentado poco en la última época, o bien, la has dejado un poquito por otros quehaceres. En cualquiera de los casos, ¡un placer volver a leerte!.
Besos amiga.
Gracias por tu lectura, Laura. He estado algo liada, el efecto.
EliminarEl verano, que con los calores, la ropa de baño da para mil opciones visuales. Todas ellas dando pie a una posible lectura.
Un abrazo grande, como tú.
Yo también he caído hipnotizado.
ResponderEliminarExcelente.
No sé si es para seguir, o despertar.
EliminarGracias. Un abrazo.
Extasiado por la imagen, cual chica de Ipanema, todos los varones en edad de merecer, se situaron erguidos en sus asientos, presos a saltar sobre la presa, en un momento de estudiada debilidad.
ResponderEliminarUn abrazo.
Si era realidad y no un sueño de Pablo, los varones miraban con disimulo la cadencia de esas caderas, con la certeza de que difícilmente podrían alcanzar la mirada de frente de esa mujer tan segura, ni en un momento de debilidad.
EliminarPero es un suponer. Un abrazo
Preciosa escena, llena de belleza y sueños.
ResponderEliminarUn beso
Enhorabuena