Acaricio tu cuello
de cisne blanco.
Me recorren tus manos
de lluvia y amapolas.
Susurras en mi oído
rimas de agua y fuego.
Me demoro en tu pecho
de suaves colinas.
Te apresuras en mi vientre
primaveral y florido.
Te recito un poema
de frente y de perfil.
Me impaciento en tu talle
de otoño esculpido.
Te aúpas por mis piernas
como por una escalera.
Me propones un verso
reposado y con burbujas.
Me detengo en tu mirada
cálida y curiosa.
Me cuentas en la espalda
mis lunares y mis lunas.
Atempero tus ansias
con puntos suspensivos.
Nos miramos a los ojos
con color de caramelo.
Como ciegos nos palpamos
sin braille y con vocación.
Nos permitimos derrapar
a punto de colisión.

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