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martes, 10 de mayo de 2022

La manzana de Adán


 Para taller de narrativa

Eva soñaba despierta muchas veces, casi siempre con hombres, pero nunca con su marido. Solían ser de edad similar a la suya, y con mucho pelo negro, como la misma Eva. Esa mañana, en el metro, un tipo con un libro en la mano estaba sentado enfrente de ella. Cruzaron las miradas, pero con la avalancha de pasajeros en Paseo de Gracia, se levantó un muro de minifaldas y shorts, de bañadores de turistas y de parasoles como lanzas. Eva llevaba una manzana para media mañana, porque siempre salía sin desayunar, y así, al menos, aguantaba bien hasta el mediodía.

Con el traqueteo y el aroma a vainilla de la chica frente a ella se quedó en duermevela, y se le cayó  de la mano la humilde manzana verdosa, para aterrizar, rodando, al lado de una mochila multicolor. La fruta iba creciendo de estación en estación, aunque parecía que nadie se percataba salvo ella, quien no pudo recogerla a tiempo y ahora le era inabarcable. En la Barceloneta medía más de un metro de alta. Con el golpe de una sillita plegable se despertó sobresaltada. El tipo de enfrente le ofrecía una manzana roja, brillante y húmeda. Sin pensarlo se la aceptó, sintiendo el sabor de un posible pecado, de la mano de Adán, o como se llamase el tipo de pelo negro y ojos verdes.

 


sábado, 7 de mayo de 2022

Las gotas


 Ejercicio de taller

La luvia se iba organizando en las nubes, grises, pero como con poquitas ganas de trabajar. Había comido más fuerte de lo que normalmente es mi almuerzo, y estaba medio amodorrada en el sofá, como otros mediodías.

La luz fue virando a un grisáceo amenazante. La primera gota fue rotunda, sonó como un ladrillo sobre el vidrio. Desde mi cómoda posición, no pude distinguir con precisión qué llevaba en su interior, pero creí ver una serpiente azulada y prisionera en esa jaula acuática y ovalada. Luego creí ver a un hombrecillo, también preso en otra gota que se deslizaba hasta el alfeizar de mi ventana, y luego otra con un feto dentro, y otra más con un prado en miniatura que me recordaba a El principito, y así, hasta que una me pareció que había un sol amarillo en otra gota, la más grande, como un globo de agua explotado.

Cuando sonó el tema musical de mi móvil se acabó la siesta, mientras una señorita me llamaba por mi nombre y me preguntaba si ya tenía le descuento en mi factura de la luz. La lluvia de la realidad tenía calima, e iba dejando rastros marrones sobre los cristales, repiqueteando en sucio lo que soñé tan lindo.  Claro, es lo que tiene los sueños, que son irreales, me dije, mientras pensaba qué paraguas coger para ir a trabajar. En el camino fui imaginando gotas con muy varados componentes en su interior, y acabé por reconocer que vivo en mi burbuja, en el castillo de mi imaginación. Como en una gota enorme de reflejos al sol, ese que me despierta cada día, la misma ilusión por soñar.


viernes, 6 de mayo de 2022

La brújula


 Ejercicio de Taller 

Ese viaje a Costa Rica era el deseo de mi vida, el destino soñado, el sueño cumplido. Esa mañana me desperté temprano, como siempre, y estaba la primera en el desayuno del hotel. El autobús iba medio vacío, sólo diez personas, contando a la guía, una mujer de unos cuarenta años que nos contó muchas cosas de esa reserva natural a la que íbamos.  Equipada con un poco de todo, no me faltó ni el repelente de mosquitos, ni un antinflamatorio potente por si me picada algún insecto. Todo fue muy bien. Salvo mi interés desmedido por captar esa imagen mil veces observada en los documentales de la tele dos.

Puse mi mapa sobre la piedra más plana que encontré en esa jungla densa de naturaleza desbordada. La guía había sido muy taxativa al prevenirnos que no nos despistásemos, pero la mariposa emperador estaba tan a punto de quedarse quieta que no pude seguir al grupo.

Rezagada, no me puse nerviosa. Tenía mi brújula, que coloqué sobre el mapa, pero debí colocar el mapa al revés, porque acabé en una colina donde no había nada de lo prometido en el paquete de excursiones. Tuve mucha suerte al encontrar a una pareja de canadienses con agua y comida, y lo que es mejor, con contacto con su hotel, cercano.

Ha sido una aventura intensa, con fotos que nunca pensé poder hacer. La mariposa estaba brillante, quieta, impávida ante mi móvil, y ya me veía concursando en algún certamen de fotografía. Pero pasó lo inesperado. Tuve que ir tan deprisa el lavabo que el móvil me resbaló del chubasquero de plástico, y allí quedó un smartphone del Carrefour, de los baratos, junto a mi impotencia y la regañina de la guía. Tenía toda la razón, así que me disculpé con ella y con el grupo de españoles. El viaje prosiguió, pero nada fue igual. Me sentí perdida sin mi móvil, La brújula debí dejarla olvidada en algún lugar, porque ya no la vi más.