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sábado, 20 de septiembre de 2014

Desayuno con boicot

Foto de Internet

No me pregunten cómo, pero no he sabido detectar la mirada llena de rencor de la tostadora hacia la cafetera Melita, que con su ínfima lucecilla, ilumina toda la cocina, tenuemente, hasta que enciendo la luz. Entonces es cuando dos tubos de neón hacen un par de remilgos antes de iluminar de verdad la mañana y el espacio alicatado. Jamás se apaga, para mantener ese líquido que di en llamar café americano, a una temperatura adecuada, y presto a estar en mis labios.

La jarra de la leche, que uso en realidad para calentar el agua de las infusiones, estaba dormida, con su plácida blancura en el rincón, al lado de la freidora, porque ambos artilugios se usan cuando se usan, y descansan las más de las veces en un sueño lelo.

Hoy, como cada mañana, metí las dos rebanadas de pan molde, bajé esa palanquita hacia abajo, a nivel cinco, junto con la subida de mi esperanza de que el aroma de pan tostado me despertara lo justo para enfilar el día de una endiablada agenda.

No intuí a tiempo que la rabia había subido la temperatura de los odios, así que vi, apesadumbrada, cómo dos panes tostados, sin untar de mantequilla, embestían a la cafetera, quien acababa de decidir exhalar agua hirviendo justo en ese momento.


Con la ropa hecha polvo, sin tiempo para perder, y nulas posibilidades de que la mancha de café en el pantalón se pudiera disimular, grité en medio de la cocina a la tostadora iracunda:

- A ver…nadie te ha hecho nada. No trabajas más que cuando te bajo la palanca. Estás limpita, y resulta que porque odias a tu compañera de desayuno..me haces esto?.

Sé que poner mis brazos en jarras les ha impresionado un poco. Y sí. Mi tono de voz con noventa decibelios un poco más. Que me he pasado un poco. Tal vez sí.

Estoy trabajando, con el rodal de ese agua que pasé por la mancha en el aseo de la empresa. Llevo un rato preguntándome…cuando un artefacto se pone a pegar coces...¿qué quiere?, ¿que lo ignore?. 

Pues para eso dejo de pagar la luz,  y nos quedamos todos a oscuras, y sin desayunar.




martes, 15 de julio de 2014

Verano en tu playa


Sabor a verano 
y a conversaciones a media voz.
Rumor de oleaje 
que espera nuestros pasos en la orilla.
Olor a sinfonía 
de risas alocadas, apostadas en hilera.

Volver a mecerme 
en la calidez de tus brazos.
Volver a disfrazar 
el miedo a perdernos, con ansiedad.
Volver a paralizar 
los relojes preñados de sed, con besos.

Como las olas 
de un mar que se nos escapa.
Como el sonido 
de cada envite de sal... sobre la playa.
Como la brisa nacida del agua, 
que deja huellas en mi mirada.   

miércoles, 9 de julio de 2014

Comarruga a mi medida


Comarruga me da hambre y sueño siempre.

Te ofrecí que vinieras, 
si podías, y que sería un placer 
tenerte con nosotros, 
por esa sensación de cargar pilas

No hay tráfico. Ni ruidos.
Sin comodidad alguna,
mantiene el aspecto digno
y limpio en pintarlo cada año, 
y siempre de blanco sus paredes


No nos entendimos, 
como es ya lo normal 
entre tu frecuencia 
de expresión y la mía. 
Nuestros dialectos
son incompresibles entre sí, 
e incompatibles.

Dices que no entiendo nada. 
Qué verdad. 
Un planeta donde todo
todo me importa, 
pero no me quita el sueño
no entender porque sí siento. 

Comarruga es mi marmita,
de Obelix desfasado
done en instantes me rehago, 
me reencuentro, 
me reconozco y me quiero.

Comarruga me dice...
sigue latiendo nena, 
sigue sintiendo 
que naciste para ser feliz. 
Porque nadie puede obligarte 
a cuestionar lo que es real para ti.




martes, 1 de julio de 2014

Mecedora de letras



Se ausentó por ver las estrellas.
Y sin previo aviso,
agazapado entre cohetes de verbenas
un asalto de muerte por la espalda.

cubrió los amaneceres de suspiros.


Las lágrimas inundaron las mejillas de Elena.
Y sus almohadas.
Y sus pañuelos.
Y los rincones de sus anhelos.



El tiempo comenzó a amarillear las cartas
y los papeles.´
Y las viejas facturas.
Y a falsear los recuerdos,
y a escamotear las fotos.
Porque ese mundo siguió girando. 
Porque no dejó de girar por él.

Sólo un poemario que no quiso acabar, sigue esperando. 
A unas manos, de preferencia  las de Elena 
para recobrar su sentido de ser..
o las tuyas, o las mías... 
para reverdecer los otoños de las partidas. 
Para revivir la historia... de su poesía.


Pacientes sus páginas
Tranquilo su equilibrio.
Todo su ser en tenso acecho, 
por volver a cobrar vida, 
para unos ojos que deseen vivir,
leyendo...al mecerse de unas líneas... 
en palabras... bien mecidas.

jueves, 26 de junio de 2014

Katana de recuerdo

Imagen de Google, manipulada

Cuando descubrió que el juego no era tal, ya era tarde. Por su cuello se le escapaba la vida, en borbotones pulsátiles, en bocanadas de pez en tierra. 

El muchacho seguía mirándola, hipnotizado, con la katana en su espalda. Esa que minutos antes decorara la pared de los recuerdos. Su preciada pared, donde a resguardo de la lluvia del tiempo o el olvido... se disponían los objetos de sus futuros viajes. por emprender hacia ella. La deseada mujer.

viernes, 13 de junio de 2014

Colores para vivir




Voy a pintarme la cara con colores.
Los que el tiempo no podrá ir destiñendo.
Los que otros prados ahogaron en mis flores.
Los que echaron de mi boca la palabra miedo.

Y me pintaré estos ojos  de mediodía.
La que sepultó el salitre de ese mi tejer sin fin.
La que se avino a bañar de luces mi monotonía.
La que derribó los muros de un gris marengo triste.

Pintaré mi boca de un azul sobre quimeras.
De un rojo fuego que engalane  fantasías
De un naranja salvaje que huela a primavera.
De un dorado que levante en volandas, mi alegría.

martes, 10 de junio de 2014

Hogar de fantasía



La vi pintada. Había escuchado de ese chaval que, por una pasión incontrolable hacia lo que vuela, iba pintando aves. Un periquito azul juré haber visto pintado de amarillo, entre las palmeras que les  dejan su penacho por guardería de nidos, a esos huidos.

Divagué contigo, recuerdas? De tanto posible trato para la palabra “hogar”. La llar de foc. El hogar del fuego. La chimenea tibia sobre la que extender las manos.

Estuvimos dibujando tantos posibles…

-La cintura de una mujer, el pecho de un ser querido, el mar con ida y vuelta de los sueños, la cocina, el campo, tus latidos...-sugería yo entre tus brazos.

-Una campera donde dormir en noches de carreta…- decías. Sin más antena que la de la Osa  Mayor-apostillabas tú.

Ahora, que te has ido. Ahora que no logro encontrarte, creo recordar que acordamos, que hogar es donde uno regresa, porque jamás se aleja de esa sensación que nos deja tal impronta en el alma.

Así, con este aspecto, en la barandilla, no te he reconocido. 

Pasa si quieres- te he dicho.

Ahora, cuando te veo caminar por la plazuela, separada de otras palomas, mirando como sólo tú sabes mirarme, ahora me da igual lo que crea o no la gente.

Ahora nuestro hogar será el balcón donde tú te pares. Por verme.


viernes, 6 de junio de 2014

Relato perdido a trompicones

La tecnología y yo no seremos amigas nunca. Eso ya me consta desde hace mucho tiempo. Lo que no sabía, es que por algún error informático, esta madrugada ha llegado un pequeño relato de alguien, que sin duda sufre un dolor a ausencia, al que no podré contestar ni con una mínima palabra de consuelo. Dejé el correo abierto, y andaba chateando con una amiga lejana en los mapas, sobre la palabra joia. Comentaba con ella la maravilla de que esa palabra catalana tenga dos significados, siendo alegría y joya dos motivos para latir... latiendo.

Cómo se ha colado un internauta no lo sé. Porque sin duda lo que ha llegado, a trompicones, era un relato. Sobre el dolor de  la vida, a través de un gato.
Ha sido al cerrar la sesión con mi amiga, dando por zanjada la bella similitud entre alegría y joya, cuando, con fecha de entrada, y a golpe de verdaderas entradas de chat, se iba escribiendo el relato que les paso.   

Aquella primavera había sido especialmente húmeda, más que lluviosa. La hiedra trepaba constante y vital, con su imperceptible trepar sobre el canalado muro que dividía las dos cajas solariegas, casi asomándose  ya al canto superior del muro, las hojas primeras , distanciadas levemente, dejaban un discontinuo sol y sombra donde salamandras aturdidas se movían  los breves espacios de actividad.

El pequeño gato que trajo Gustavo a casa, a finales de octubre, encontrado en la calle, según él, pero sospechosamente pulcro, miraba durante horas, con curiosidad e innato deseo cazador, aquellos ínfimos  reptiles. Así, casi todas las mañanas de los últimos días que le recuerdo. Hasta tomarlo como una costumbre, más que habitual, diaria.
Un día de aquellas fechas, volvió en un permiso penitenciario el hijo de la vida colindante. Tenía un semblante torvo, huaño y difícilmente definible en su expresión amenazante.

Oímos un chillido como si hubiera estallado el aire. Seco, corto y envuelto en un silencio enmudecido. Al salir, vimos el gato con una postura extraña, inmóvil y babeando un hilillo de sangre roja, como las primeras rosas de la maceta de entrada al patio. Había junto al gato, un ladrillo comido en los ángulos, por su  uso,  en una tapia que soportaría un tejado que evitara las lluvias al grano. El presidiario, había descargado su rabia contra aquella expresión de libertad atemporal que veía en el gato.

Recuerdo su pelo corto aún, su color, como el de esos barnices que suele darse a la madera de halla, con su silencioso ir y volver a ningún sitio concreto. Y lo recuerdo vivo, ese es mi dolor. Que el tiempo no calma, cuando veo la tapia donde un gato de Gustavo, perseguía salamandras en su afán cazador de lo que se mueve.

Ahora, cómo decir al autor que la vida no estaba en el gato que miraba salamandras, sino en los ojos del que leía?.

Por si le ven, le dicen que me llegó al alma el gato asesinado. Que la rabia del delincuente no bastó para matar la gran ternura que generó su relato en mi alma recién levantada y de estreno a día de hoy, viernes, seis de Junio. En Reus, España.

Por si le ven, mi caricia de voz para sus frases, y mi aplauso para ese relato que se perdió dentro de su ordenador.