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martes, 21 de abril de 2015

Martes tras lunes

Tomado de Internet
Les paso la crónica de mi lunes, ahora que ya es martes.

No encuentro el teléfono, a pesar de que no lo uso de despertador estos días, porque ¿¡ y si resulta que me duermo?! Es mi deseo, pero está costando vueltas como puedo en la cama. Así que duermo poco, y duermo mal. Pero encontrarlo en la mesita de noche me dice la hora, que no es moco de pavo. Y por si llegara el caso...me despertaría. Pero hoy no estaba el aparato en su lugar.

Me levanté, más a trancas que a barrancas, y vi que eran las cinco. Sí, de la noche. Me puse al revés las zapatillas de estar por casa, signo inequívoco de que sería un día malo donde los haya, pero por suerte no soy supersticiosa. Cambiar los pies de sitio costó un poco. Suerte que no uso lentillas, porque me las habría puesto, caído y perdido en un cerrar de ojos. Pero NO. Veo de lejos muy bien. De lo de ver de cerca tampoco importa para el caso.


Estornudé una sola vez. Primaveras con el polen en desbandada alegre... para sembrar los campos de asfalto, ¡que ya son ganas! Justo con el café con leche en una mano y la otra en la muleta, sensacionales los efectos colaterales de los estornudos sin manos.


Muy temprano para todo, miro si hay en Internet si figuran los correos electrónicos de un lugar donde he de hacer una gestión médica, enviar un informe, pero no existen. Hay fax, que no tengo, pero no aparecen los correos. ¡Y yo creyendo que lo del fax era como los mp3, que sólo lo uso yo! Resuelvo que habré de escanear en la nueva impresora. Una que recibe vía wifi pero que no tiene carpeta de "mis escaneos", como la vieja, que cambiamos hace un mes porque el carro debió de albergar muchas migas de pan, imagino.  Tomo nota de teléfonos, para que me informen de correos, y a las ocho, ya me pongo a llamar para que me informen de cómo hacer llegar un doumento escaneado, a las dos doctoras que me llevan. Un tándem sensacional, a nivel médico, sin quejas.


Decido hacer una foto de mi pierna lesionada, y el cacharro me dice que tiene la memoria llena, que ¿dónde lo guarda? Y yo qué sé. O que borre fotos. Bueno pues borro, tampoco hay muchas, y ninguna para un Publitzer.


Luego ya no encuentro el cable que conecta al ordenador con el puerto USB.  Ustedes,  lectores de este inicio de día, no merecen que les diga que sigo esperando en esta tarde la llamada de las doctoras, una u otra, o un triste mail como que han recibido sano y salvo mi informe escaneado. Ni que les cuente que hay lunes, que aun no trabajando, son una prueba  maratoniana de supervivencia.

El día acabó con buzones de voz llenos, con personas en reuniones que no podían ponerse, y hasta con el gato teniendo un día movidito. Suerte de mis hijos y de la perra.  Los primeros me aguantan hasta en los momentos malos, con la cara de según hayan tenido su propio día, eso también hay que decirlo. La segunda, cánido fiel donde los haya, medio sorda por la edad y de tamaño pequeño, sí me mira como escuchando

Casi derrapo el tenderme en la cama, esperando que la noche, con un Morfeo despejado, a pesar de la resaca por sobre-exposición a la luna llena de artificio, se hiciera cargo de los remos de mi canoa, dando unas coordenadas por referencia para navegantes desorientados que fueran exactas, y me llevaran a un sueño reparador. A ver si  mi cuerpo, magullado de arrecifes, y con la piel empapada de lodos de voces acalladas, al fin llegaba a puerto, con un bello sueño. 

Y sí. Hoy eran las siete cuando el día me ha despertado, cuando el sol casi se abría de luz por los rincones de mi cuarto, y sobre las calles que hoy seguiré sin pisar.

lunes, 13 de abril de 2015

Fin de Semana Santa


Las carteras y mochilas con los deberes esperando nuevamente, despertar en el piso de la ciudad, con  el Nesquick tibio en las mesas, dando su adiós a la mini-vacaciones de Semana Santa. Porque las vacaciones escolares, quedaron atrás.

Con esos horarios reconquistados. Con ese  trajinar de nuevo por las calles llenitas de niños con cara de sueño y de ilusión. Con esas mochilas que ya no lucen nuevas, sino ajadas, por el recorrido de los meses del curso escolar. Con los sonidos a vida tras las ventanas.

Los patios de luces rezuman de los conocidos sonidos de los chavales, con esos apremios a que apremien, entre tejemanejes de cucharas removiendo los desayunos. 

Luego se oyen, desde los recibidores, las puertas cerrándose, y los pasos por la escalera entre sonidos de risas y alborozo infantil.

De la calle llegan los sonidos de las rueditas de las mochilas por las aceras. De las madres que intentan frenar el ímpetu de los más lanzados, y los sonidos de las madres que luchan por acelerar a los remolones. Y ya, sobre las nueve de la torre en el campanario, el día nos regala el silencio que marca el nuevo cambio de los ritmos en la ciudad. Hasta el mediodía, los tiempos seguirán otros sonidos, y otros ritmos. Dando un respiro a quienes habitamos en pisos en zonas de colegios.

Muchas mujeres respiran. Luego toman un café con leche, con otras madres que han llegado a la meta de ver entrar a los críos en el colegio, y que respiraron aliviadas, como las demás. Todas ellas, acomodando los traseros, comentando cosas banales. Para ese mundo no son tan banales, y casi siempre llenas de cuadernos,  deberes, notas o evaluaciones, y hasta "colonias" en puertas, con sus pesadillas organizativas.

Las oigo, en ocasiones, dejar sentadas las pericias, y hablar de algunos titulares de prensa, para despedirse entre las mismas páginas del mismo guión, de los mismos quehaceres, de las mismas vueltas de las próximas peripecias, frente al desafío de la casa, la comida y de esa la vida en círculos cerrados que me recuerdan a los peces boqueando, por falta de aire, a esos peces de ciudad.

jueves, 1 de enero de 2015

Feliz Año



Quien más quien menos hemos sobrevivido a la Navidad y al Fin de Año. ¡Y con qué estrés!



Pasada la etapa de montar un Belen, o el pesebre. Con un río de papel de aluminio que de tan limpio parece imposible, y con esas palmeras que luego rociamos con nieve...que ya me dirán que contradicciones!. Y con ese niño Jesús tan desnudo. Pero si era de Noche, pobrecito!, y venga a llevarle los pastores ovejas y gallinas...Un buen abrigo, por favor!. Eso si no hemos optado por un abeto de Navidad, que manda narices el gusto de comprar uno natural y la bobada de uno sintético, pero que en ambos casos hay que calcular tamaño de adornos y número, porque no quede la cosa atiborrada, o de una pobreza de espíritu que quite el alma. Y si se decide poner las dos cosas...bueno, un máster de cálculo y física cuántica como poco.


Todo el mundo lo pasa bien en estas fechas. Pero qué agobios en cena de Nochebuena no? Y eso si es que no hay cuñados pesados en enseñar su ipod. O en Cataluña tengamos algún invitado con afán independentista, porque entonces ya la cena se convierte en una maratón de diplomacia!.
Del Tió o Papa Noel es que ya es un tema aparte. Más estrés en compras, más  dotes adivinatorias de gustos..en fin, que uno acierta o no acierta, pero siempre, y eso es verdad, el espíritu de la Navidad invade de buena voluntad las intenciones, y por ende, los presentes que se obsequian y se reciben.

Lo de la noche vieja es más estrés si cabe, pero esta vez más de mucho más, porque además este estrés viene con límites  de reloj en mano. Las compras para la cena son de episodio de guerra de obstáculos, y su preparación de tetris en acción, porque se ha de cuadrar con la preparación de uno mismo. Y es que está feo empezar el año hecho unos zorros!. Y ojo a los preparativos para el brindis y las doce uvas. De lo segundo por no descontarse al preparar la docenita exacta, y que no tengan semillas! porque entonces, ya si hay que pelarlas y quitarles los pipos, requieres un tiempo y una destreza que no tenemos ya tras atracarnos en la cena!.

Ay, las doce menos diez ya??? Y esas explicaciones de la bola y los cuartos...como si ese reloj fuera un misterio como el boson de Higgs!. En fin, que no falte ropa interior roja, (ay!), y anillos de oro en las copas...ay de ay!, y ojo que empiezan las campanadas.(ay, que si suenan los cuartos..)...Tong. ¡Ahora, ahora, va... Una...!! Tong...¿Cómo que seis? Tong...¡Eh!, ¡deja mis uvas! Tong... ¡Es que se me ha caído una con el gato! Tong... grounfffffff... Me sobró una uva!.. Pues a mí una campanada!

Se sobrevive tragando o engullendo, para brindar y darse un beso ¡con la boca llena! Feliz año, eeeeh, felicidades, grfdddfd... Y ahora suerte que no suenan los teléfonos!. Porque nos pillaban los buenos deseos con la boca sin poder hablar oiga! Vaya manera de empezar el año, no?

Lo malo es que tienes la obligación de divertirte. Así que hay quien remata con fiestuqui, disfrazados de vampiresa, o de duque cuanto menos. Ellas con tacones y con más frío que un cubito, y ellos con baños de desodorante, y chorreando gomina en el pelo. No todos, seamos francos.

Yo ya mejor que no. No estoy para que alguien me coja por detrás gritando Congaaaaa, porque a ver cómo escapas de una de las doce congas que puede haber en un garito! Si hay riesgo de colisión, o con otra conga, o con una columna vestida de adornos navideños! Y eso que no haya heridos, porque si no, tras la ambulancia sigue la fila de congueros hasta el hospital, donde el personal de guardia aún lleva los gorritos y/o, los collares de hawaianos, porque estar de guardia no implica no celebrar un poquillo la Nochevieja. Porque seamos francos...si uno no disfruta de estas fiestas...cuándo va a disfrutar uno, no?

Lo dicho, que habiendo sobrevivido ya...sólo nos queda disfrutar del Año que empieza, Feliz Año! 

domingo, 26 de octubre de 2014

El veroño, esa nueva estación



En la playa el termómetro marcaba 27 grados. Con un sol de poca broma, el bañador sigue por ahí. Sin guardarse, pero ahora anda cerca de la mantita que me echo sobre las piernas para leer, cuando la tarde va en retirada.

Ayer, unas jovencitas se enviaban mensajitos sobre el veroño este. Me parece una palabra imposible, pero veraz. Es esta estación, a caballo entre el verano, con su manga corta y su luz, y el calendario tenaz. Este cabalgamiento se empeña en que los panelletes, castañas y boniatos anden por las estanterías del supermercado, pero que no podamos dejar de mirar a los granizados, y otros frescores de los aparatos de congelación.

En la playa sigue varada la cometa que perdieran la parejita feliz un día de Agosto, y esa imagen congelada en la retina, me acentúa las sensaciones confusas de mi estancia por la playa este fin de semana.

Poco puedo decir que no imaginen quienes viven en España este otoño. Vemos los anuncios de flores para el día de los Difuntos, y la ropa de otoño-invierno con un acento en la vista de incredulidad. Porque son imágenes de otoño, que vemos en mangas de tirantes.

Por si les sirve de consuelo, sepan que esta mañana una abeja andaba revoloteando sobre unas flores pletóricas. No sé si saben que me producen desasosiego, pero es así. He buscado una prenda de ropa para ahuyentarla. A mi izquierda el bañador que ya estaba seco, y a mi derecha un foulard de lana que anoche tuve que usar. He usado el foulard, pero milagro que no fuera una bufanda.

Me falta una comida que mezcle sabores y texturas, así que me pediré  un granizado de castañas,  si lo encuentro, para dar fondo a la visión de las golondrinas perdidas que surcan el cielo. Imagino que la líder anda perdida para emigrar al Sur, en busca de calor, porque por aquí sigue haciendo en demasía.

El abanico no lo llegué a sacar del bolso, así que ha venido bien. Por lo demás, con el cambio de hora, a las seis, hasta ayer las siete, será casi anochecida, y sin querer, buscaremos un gazpacho en la nevera, tras sacar el ahuyentador de mosquitos para no despertarnos con el zumbido de esos insectos veraniegos.



lunes, 20 de octubre de 2014

Gato escapista, neón guasón.

Estatua "mujer con gato". Foto de Google. No sé yo...

El gato ha aparecido. Al encender la luz de la cocina, para calentarme un agua donde poner una infusión de verdor para levantar el vuelo a mis deseos…ha aparecido.

He abierto la puertezuela del microondas, tras ver cómo hoy seguía haciendo el tonto el fluorescente de mi cocina. Le han cambiado una cosa que se llama cebador.  También han repasado la instalación eléctrica de esa estancia, porque la nevera hizo locuras la semana pasada, pero todo está bien.

El tubo de neón es nuevo, y su gas ahí encerrado debe estar boyante de buenos deseos, pero no consiente en ser encendido a la primera.

El gato tiene cuatro meses, por lo que tiene la sangre en estado de rebeldía, y una curiosidad que no se agota. Le hemos encontrado en un armario de cocina, en un armario ropero, en la ventana que da a la plaza, en una caja de botas de montar nubes, y en algún sitio que no recuerdo, pero hoy tocaba la sorpresita del día.

Al abrir el micro, para meter la taza con agua ha salido…Sin más. Ha pegado un elegante salto al suelo, y se ha dirigido a su cajón de arena, para ir después al bol donde tiene sus cereales para junior, de colorines y con pollo y quién sabe qué más cosas, para que crezca bien hermoso.

Le he mirado, me ha mirado, yo desde el minuto 0,  él cuando ha querido y me ha dicho
-“Te hacía más lista, querida”.


Ha seguido comiendo, y yo he llegado tarde al trabajo, pero no pienso preguntarle dónde ha estado, ni para qué.

domingo, 28 de septiembre de 2014

Lavadoras justicieras


El torbellino ha sido puntual.
Como cada último domingo de mes la lavadora me ha devuelto lo que me ha abducido durante estas semanas.

Como otros domingos, he visto cómo dispersaba, y quedaban en el suelo los elementos usuales, llegando a un rincón un calcetín blanco, allá un cordón de zapatilla, y algunos botones. Esas cosas habituales. Como en todas las  casas donde hay jóvenes viviendo. Porque imagino que es un efecto que llevan ahora las lavadoras, tras tantas quejas por pérdidas de horquillas, moneditas, botones, cordones y los innumerables calcetines que quedaban sin su pareja
Hoy, por ejemplo, había dos botones. Uno sé que  es de un pantalón de hilo, veraniego, que ahora descansa en una estantería del armario, y el otro es de una camisa de hombre, o de un polo.

Ayer vi a un joven con los cordones desparejados. Uno era lila. El otro blanco. Igual no tienen paciencia en casa para esperar a que la pareja “fugada”, regrese al lavadero, pero me hizo gracia, porque un hijo tenía unas Converse idénticas, blancas y amarillas, con detalles en color lila. Recuerdo que los cordones, primitivamente, ambos, por supuesto, eran de un vivo y alegre color violeta. Lo recuerdo porque la lavadora se comió uno de ellos, hasta que lo regurgitó. Pero era tarde. Yo aún no sabía estos turnos de la nueva lavadora, y ya había comprado otros.

Bueno, lo sorprendente es que hoy, además de lo normal,  ha salido un perro yorkshire de ese remolino. Creí que sería un peluche de un osito, con lazo rojo, pero no. No es un peluche, sino un perrito, seco,  pequeño y con cara de ¿dónde estoy?

Si alguien ha perdido un perrito, de unos dos meses, contacte conmigo. El animalillo está bien, sólo asustado. Aprovecho para rogar, a quien pudiera haber encontrado a un osito…que me lo haga llegar. :-)

sábado, 20 de septiembre de 2014

Desayuno con boicot

Foto de Internet

No me pregunten cómo, pero no he sabido detectar la mirada llena de rencor de la tostadora hacia la cafetera Melita, que con su ínfima lucecilla, ilumina toda la cocina, tenuemente, hasta que enciendo la luz. Entonces es cuando dos tubos de neón hacen un par de remilgos antes de iluminar de verdad la mañana y el espacio alicatado. Jamás se apaga, para mantener ese líquido que di en llamar café americano, a una temperatura adecuada, y presto a estar en mis labios.

La jarra de la leche, que uso en realidad para calentar el agua de las infusiones, estaba dormida, con su plácida blancura en el rincón, al lado de la freidora, porque ambos artilugios se usan cuando se usan, y descansan las más de las veces en un sueño lelo.

Hoy, como cada mañana, metí las dos rebanadas de pan molde, bajé esa palanquita hacia abajo, a nivel cinco, junto con la subida de mi esperanza de que el aroma de pan tostado me despertara lo justo para enfilar el día de una endiablada agenda.

No intuí a tiempo que la rabia había subido la temperatura de los odios, así que vi, apesadumbrada, cómo dos panes tostados, sin untar de mantequilla, embestían a la cafetera, quien acababa de decidir exhalar agua hirviendo justo en ese momento.


Con la ropa hecha polvo, sin tiempo para perder, y nulas posibilidades de que la mancha de café en el pantalón se pudiera disimular, grité en medio de la cocina a la tostadora iracunda:

- A ver…nadie te ha hecho nada. No trabajas más que cuando te bajo la palanca. Estás limpita, y resulta que porque odias a tu compañera de desayuno..me haces esto?.

Sé que poner mis brazos en jarras les ha impresionado un poco. Y sí. Mi tono de voz con noventa decibelios un poco más. Que me he pasado un poco. Tal vez sí.

Estoy trabajando, con el rodal de ese agua que pasé por la mancha en el aseo de la empresa. Llevo un rato preguntándome…cuando un artefacto se pone a pegar coces...¿qué quiere?, ¿que lo ignore?. 

Pues para eso dejo de pagar la luz,  y nos quedamos todos a oscuras, y sin desayunar.




domingo, 4 de mayo de 2014

Moscas en Mayo

Imagen de http://tienemigalacosa.blogspot.com.es/2009/12/cuando-el-diablo-no-tiene-nada-que.html

Miré la frase por la que ha de empezar el microcuento de la SER, de cuentos encadenados. Ahora que las moscas incursionan en las casas, casi que es inevitable recordar a Machado.

… Inevitables golosas,   que ni labráis como abejas, ni brilláis cual mariposas; pequeñitas, revoltosas, vosotras, amigas viejas, me evocáis todas las cosas.

Fuera de concurso me puse a seguir el hilo de la frase de inicio. No deja de ser primavera, y el tiempo de un sol radiante llama a helados y paseos. ¿Cuántas bolas de colores no habrán acabado en cualquier sitio?.

Mi pequeño homenaje a las moscas, a quienes les debo ensimismamientos infantiles, despertares de siestas inconclusas, resguardo de frutas con campanas aislantes, y tantos movimientos articulares que me permiten unos movimientos de brazos amplios.

No lamentamos, hipócritas, de no haberlo visto venir. El artefacto, una reja coronando un palo flexible, nos pilló desprevenidas. ¿Cómo no estarlo, si andábamos de tertulia sobrevolando un reguero de helado?. Marta había dejado caer un cucurucho rosa, que olía a felicidad, cual promesa de un paraíso por conquistar. 

Ni vosotras, compañeras cobardes, podíais sospechar la afición reconquistada de cazar moscas de su madre.

La versión de Serrat del poema.