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lunes, 20 de julio de 2015

Gaudí y sus escaleras

Foto de aguirrrefotobcn. Interior de la Pedrera



Voy a perderme en tu escalera. Entre los escalones de espuma de un fondo marino con burbujitas de mar donde tú esperas. 

En el ascenso, hacia al cobijo de las palomas de esa azotea de guardianes de  sueños, me dejaré mecer por  las imposibles esquinas de tus deseos.

En el ascenso, deslizándome entre la brisa lunar, remontaré, entre irisadas esferas, las curvas de tus desilusiones, y de mis cuitas. A horcajadas de mis dudas y de tus miedos.

En en ascenso, cerrando los ojos con vendas de heridas resanadas, te ofreceré la mano, como a otro ciego, en laberintos de caracolas, sin restos ya lamentos.

Y llegaré a lo más alto de tu edificio maltrecho, a golpes de ausencias rancias, de pretendidos logros, y de desaprovechados ecos.

Para llevarte conmigo. En el ascenso


sábado, 18 de julio de 2015

Barcelona en blanco y negro

Foto a la puerta de Santa María del Mar. Barcelona.  Obra de Aguirrefotobcn

Se atrincheró la tristeza bajo el cabello. Sobre la silla... el tedio reposando en el zaguán de unas páginas que quedaron atrás. 

Barcelona esconde el sabor de los triunfos cosmopolitas. Posee mil guiños de un turismo enfebrecido. Atesora noches planas y hasta auroras de tibia indiferencia. O nos regala pasados, a la espera de un incierto futuro. porque está viva y late la ciudad de los prodigios.

Esta imagen me habla de un fracaso, de una desilusión, o de una soledad tal vez, pero a recaudo de aquellos ojos que nunca sabrán ver del todo lo que envuelve una mujer sentada a la puerta de una iglesia. 

Magnífica mirada la de esta foto, que rescata del tedio de tan grande olvido, a esa anciana que encarna, ante la vida que pasa y galopa en una plaza, la olvidada presencia de una pose para el diafragma avizor.

Tal vez a punto de darse por vencida...una anciana sola y sentada... mendiga cual estatua viviente de algunas ramblas...estática ante la gran ciudad.

viernes, 17 de julio de 2015

Michogato sobre el techo de lata

Foto de Internet

Michogato es esa mascota perdida, que vive en la calle, pero que no apatrulla la ciudad. Quiero creer que una tieta de Serrat cualquiera se fue hace unas semanas, y sus sobrinos, huérfanos de mimos que ella regalaba como soltera irredenta, cerrando el piso de la "tieta Marta", no han sabido mantener al gato castrado y viejo en sus respectivas casas. O él no quiere alejarse de su portal de auroras tibias.

Atigrado en gris, bigotes finos, y ojos de terciopelo acostumbrados a la penumbra de las tardes, navega ahora por las calles, a la espera de una Marta al rescate de sí mismo, que esta vez ya no vendrá.

Le he estado viendo, de sombra en sombra por las paredes de los edificios del barrio, sin alejarse el portal 48 de una avenida que no quiere dejar el sabor a extrarradio calé y febril de guitarras y palmas al caer la noche estival.

Acepta que te acerques, pero no que intentes tocarlo, cosa que ni intenté jamás. Le miro, sin más, cómo vegeta sus días en estado de espera sin relojes. Le he visto adelgazando, a pesar que hay latitas delatoras de alguna alma caritativa y felina que le suministra lo necesario para vivir, ...pero sin Marta.

Cada noche dormita o duerme, vegeta o sueña con una mano huesuda, artrítica seguramente, que le trajera la luna blanca por la ventana de sus deseos, con gatas de angora sabiendo a miel entre algodones.

La furgoneta azul marino, con su escalera de trabajo en su lomo, le servía de abrevadero de luces de quita y pon por esta noche, y  sólo cuando un mando a distancia ha activado las luces intermitentes de los delirios de un finde en ciernes, se dignó mirar al tipo de mono amarillo que le rompía la madrugada. 

Le vi tranquilo, mirando a un balcón,  hasta que el sujeto, viendo que se inmutó bien poco con las lucecillas, le ha gritado un -¿vete!, y bajando sin prisas, Michogato ha trepado a un techo de lata blanco, como mi luna azul. 

jueves, 11 de junio de 2015

leona, mascota amiga




Cuando la vio mover la cola imaginó que estaba contenta, pero al oír los arañazos en la puerta comprendió que exigía su paseo diario. El despertador estaba desconectado, sin duda porque él mismo lo había programado de ese modo, sin darse cuenta. Así que, sobre el pijama, se enfundó en su sudadera, se calzó las botas.y con la cadena de hierro firme en su muñeca, sacó a la leona al parque vecino.

Aún no logra entender por qué las pocas personas que se cruzan con ella a las cuatro de la mañana huyen aterradas. Porque tanto el felino como él, son vegetarianos, casi siempre.

La imagen de la leona volviendo a ver a sus amigos, me hizo recordar que los animales tiene un qué sé yo de nobleza humana. Y que demasiados humanos se comportan como verdaderos animales.



viernes, 24 de abril de 2015

El grillo no es una mascota


Los perros dejaron de ladrarme, y me ladraban todos, cuando yo dejé de temerles. Una sola vez me había molestado un can, quien, por cierto, no me llegó a tocar. Me siguió corriendo, eso sí, mientras yo aceleraba de manzana en manzana, a la hora de la siesta, en una ciudad dormida.

Con mi nula capacidad de pedir ayuda, iba acelerando en mi carrera, a sabiendas de que era de las más difíciles de pillar en el juego de policías y ladrones de mi barrio y creyendo que eso era mi ventaja. Pero por más que aceleraba yo, más cerca sentía al perro, hasta creer notar su aliento en mi cuello. Oí un silbido potente, y al girarme respiré. Alguien le había detenido, dejándome el pulso acelerado, la respiración entrecortada y un pavor que no sé cómo se instaló tan adentro de mis miedos.

Yo era una de las personas que cruzan de acera por evitar una verja con perro, porque desde ese episodio, cómo no, me ladraban todos Parecían estar compinchados, de tal manera que hay barrios de casitas pareadas, todas ellas con perro, que yo evitaba, por el alboroto que provocaba mi presencia.

Tal vez el miedo huele a miedo. Adopté un cachorro de can, por dar una oportunidad a un abandonadillo, que pequeñajo y lloroso no me dio miedo, sino pena.

Desde que tuve a Humberto, don Pimpon para mis amigos y para mí, me buscan todos los perros, queriéndome lamer, cosa que me repele. Estoy cansada. Pasear por parques de canes es un desfile de perros de todas las razas y todas las mezclas, que quieren acercarse a mí. Lo malo es que desde que tengo gato, esto se está complicando, porque los gatos no van atados ni obedecen a sus dueños. Me siento flautista en Hamelin.

Era inimaginable que un día, una señora creyese que fuera yo quien lleva latitas de agua, y cuencos con pienso para ese ejército de felinos que cobija un solar vacío y baldío. No me entretuve mucho a explicarle el equívoco, porque empezaron a seguirme los mininos. 

Ya las pulgas me las han prestado una vez y no me apetece encariñarme con insecto alguno. Recuerdo a mi abuelo Miguel, con su afición de cazar grillos. Les dejaba en lugares cercanos a nuestra casa, porque le gustaba oírles cantar por primavera. No. Insectos nada de nada, gracias. No adoptaré a ningún animal más. Insectos, peces, aves...a ninguno.

jueves, 23 de abril de 2015

Montblanc, semana medieval





Es un vídeo del año pasado, cuando recorrimos mi hermano y yo, una Vila donde viví los tres mejores años de mi vida, criando a mis hijos en el mejor lugar posible. 

Un pueblo cuya muralla es donde se ubica la Leyenda de Sant Jordi, San Jorge. Este día, no festivo, es algo así como un San Valentín familiar, donde los hombres regalan rosas a las mujeres que le rodean 

La mujer regala un libro al hombre, pero en la realidad se comparten libros, porque no en vano es el día de la Lectura. Cita obligada de escritores cuyas obras se presentan en mucha ocasiones, poco antes de esta fecha para poder ofrecerlas como lo que son....flores abiertas a ser leídas, en la primavera de los tiempos de lecturas preciadas, elegidas para quien te importa.

Feliz día de San Jorge, Feliz día del Libro


martes, 21 de abril de 2015

Martes tras lunes

Tomado de Internet
Les paso la crónica de mi lunes, ahora que ya es martes.

No encuentro el teléfono, a pesar de que no lo uso de despertador estos días, porque ¿¡ y si resulta que me duermo?! Es mi deseo, pero está costando vueltas como puedo en la cama. Así que duermo poco, y duermo mal. Pero encontrarlo en la mesita de noche me dice la hora, que no es moco de pavo. Y por si llegara el caso...me despertaría. Pero hoy no estaba el aparato en su lugar.

Me levanté, más a trancas que a barrancas, y vi que eran las cinco. Sí, de la noche. Me puse al revés las zapatillas de estar por casa, signo inequívoco de que sería un día malo donde los haya, pero por suerte no soy supersticiosa. Cambiar los pies de sitio costó un poco. Suerte que no uso lentillas, porque me las habría puesto, caído y perdido en un cerrar de ojos. Pero NO. Veo de lejos muy bien. De lo de ver de cerca tampoco importa para el caso.


Estornudé una sola vez. Primaveras con el polen en desbandada alegre... para sembrar los campos de asfalto, ¡que ya son ganas! Justo con el café con leche en una mano y la otra en la muleta, sensacionales los efectos colaterales de los estornudos sin manos.


Muy temprano para todo, miro si hay en Internet si figuran los correos electrónicos de un lugar donde he de hacer una gestión médica, enviar un informe, pero no existen. Hay fax, que no tengo, pero no aparecen los correos. ¡Y yo creyendo que lo del fax era como los mp3, que sólo lo uso yo! Resuelvo que habré de escanear en la nueva impresora. Una que recibe vía wifi pero que no tiene carpeta de "mis escaneos", como la vieja, que cambiamos hace un mes porque el carro debió de albergar muchas migas de pan, imagino.  Tomo nota de teléfonos, para que me informen de correos, y a las ocho, ya me pongo a llamar para que me informen de cómo hacer llegar un doumento escaneado, a las dos doctoras que me llevan. Un tándem sensacional, a nivel médico, sin quejas.


Decido hacer una foto de mi pierna lesionada, y el cacharro me dice que tiene la memoria llena, que ¿dónde lo guarda? Y yo qué sé. O que borre fotos. Bueno pues borro, tampoco hay muchas, y ninguna para un Publitzer.


Luego ya no encuentro el cable que conecta al ordenador con el puerto USB.  Ustedes,  lectores de este inicio de día, no merecen que les diga que sigo esperando en esta tarde la llamada de las doctoras, una u otra, o un triste mail como que han recibido sano y salvo mi informe escaneado. Ni que les cuente que hay lunes, que aun no trabajando, son una prueba  maratoniana de supervivencia.

El día acabó con buzones de voz llenos, con personas en reuniones que no podían ponerse, y hasta con el gato teniendo un día movidito. Suerte de mis hijos y de la perra.  Los primeros me aguantan hasta en los momentos malos, con la cara de según hayan tenido su propio día, eso también hay que decirlo. La segunda, cánido fiel donde los haya, medio sorda por la edad y de tamaño pequeño, sí me mira como escuchando

Casi derrapo el tenderme en la cama, esperando que la noche, con un Morfeo despejado, a pesar de la resaca por sobre-exposición a la luna llena de artificio, se hiciera cargo de los remos de mi canoa, dando unas coordenadas por referencia para navegantes desorientados que fueran exactas, y me llevaran a un sueño reparador. A ver si  mi cuerpo, magullado de arrecifes, y con la piel empapada de lodos de voces acalladas, al fin llegaba a puerto, con un bello sueño. 

Y sí. Hoy eran las siete cuando el día me ha despertado, cuando el sol casi se abría de luz por los rincones de mi cuarto, y sobre las calles que hoy seguiré sin pisar.

lunes, 20 de abril de 2015

Cuadro con orla

La foto siempre perdiendo matices, miles de matices
El coche se había empotrado en  la pared del estudio, dejando un maremágnum de ladrillos con yeso, un desconchando bajo el techo y el morro de un  Ibiza alunizado. Se ha empotrado en la casita que habito, orientada al norte. El conductor se ha salido de una curva de una carretera la comarcal gallega, zigzagueante como otra cualquiera.

Hemos podido poner orden en el caos.  Entre los cascotes que albergaban figuritas, desde la montaña pequeña de escombros con papeles y unos libros, asomaban un cuadro y mi orla. Ambos descoyuntados, ambos malheridos.

El bodegón había quedado desparramado todo él. Con la leche empapando el diario y otros papeles. El jarro de lata tenía una abolladura más que antes, y el libro, abierto, montaba a horcajadas la pipa, que por suerte estaba apagada.

El lienzo, con pigmentos de la base descoloridos puede servir para otras pinturas que tal vez me atreva a pintar, pero la orla ha quedado inutilizable.
Mi madre se empeñó en enmarcarla, ya ven,  por los birretes, digo yo. Lo cierto es que por no contrariarla, accedí a ponerlo en el despacho, nombre que ella sostuvo para lo que siempre fue mi estudio. Ese lugar donde a ratos hago como que pinto, a veces escribo,   a menudo  uso para entrar en Internet, y donde siempre hay música bajita como telón de acero frente al mundo.

Como mi madre ya descansa, no he pensado en reparar la orla hasta hoy mismo. Porque el vidrio hecho pedazos vale más que el valor que yo otorgo a esa instantánea, tan lejana ya en mi vida a estas alturas.

Sin límites cuadrados ni vidriosos que contengan el retrato colectivo, la orla,  algo amarilla,  me llamaba… ¿para echar un vistazo desde el hoy a mi pasado? El rectángulo con fotos ovaladas me ha dejado muda. Faltaban algunas caras sobre algunos nombres. La de Sonia no estaba. ¡Pues mira que la lloré en su funeral,... o nos lloramos!, recordando ante su tumba  las noches en las que rematamos la adolescencia. Aquellas en las que consumimos los últimos cartuchos de una edad inocente en retirada. Enfrascadas ambas en amores incipientes, o dolientes, o exultantes,  entre apuntes de derecho canónico o mercantil, o entre cervezas. Tampoco estaba Pablo, mi único amor, ahora que lo pienso. 

He seguido mirando huecos, por ver qué otros nombres rotulaban otros rostros ausentes. La oquedad rotulada con mi nombre está a punto de desaparecer. El dolor lo siento sordo, mantenido, mientras dejo caer la orla, para agarrarme al hombro izquierdo que me desborda ya, compitiendo con el deseo de coger mi  móvil y marcar... o dejar de asirlo.