miércoles, 27 de julio de 2011

El vaso rosa y las musas con parris.

Tomado de Google

Caminaba sin prisa y sin objetivo tras una niña de coletas marrones, con lazos azules, que iba de la mano de su abuela, con un vaso rosa de plástico pegado a la oreja izquierda.  Al acercarse a ellas, que caminaban más lentas,  le pareció que la niña hablaba al vaso un momento y luego volvía a pegarse el vaso al oído. Y se permitió dirigirse a ella.  
- "¿Qué escuchas en el vaso?".
- "Todo...Lo escucho todo".-dijo la nena.

Pasaron unos días de trabajo intenso, de gimnasio a estragos, de levantares precoces, de noches cargadas de ideas oníricas y de sueños reales.

Cuando se despierta un jueves, oye el mar arremolinarse entre los rizos de su pelo. Algo le susurra al oído -" El vaso rosa de la nena es una caracola de mar, de un islote de la polinesia, cuyo primer propietario se llamaba Kubutsoé, el rey.de la isla".

Esa mañana, con prisas para no perder la costumbre de llegar justa de tiempo, tropieza con la niña a la entrada del colegio. Entre la confusión de uniformes y coletas, entre los sonidos de la infancia y los coches en doble fila. Ambas se miran un instante y cuando se separan la niña le entrega el vaso rosa de plástico.

Confusa pero segura se lo lleva a la oreja izquierda.Sabe que la musa es de colores. Sabe que pertenece al océano y que vino a buscarla. Nació vaso de plástico rosa para ser la musa de Laia. 

Ese vaso, ha ido cambiando de color con el tiempo, de poco a poco, de tono a tono, de puntillas sobre las palabras, ha recorrido un camino de color hasta llegar a ser azul, como una rosa de invierno a la espera.

Como ésta, que acompaña estas palabras, tan cargada de rocío, que  parris me regaló. La que me acompaña en este instante. 

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