martes, 1 de noviembre de 2011

Pablo sonríe con razón.

Unos decían que era un suertudo, otros que parecía simplón y otros que resiliente. Como si dijeran que era rubio y bajito. No entendían que la capacidad para mantener un funcionamiento adaptativo funcional y armónico tras los avatares de la vida, en especial los traumáticos, no es una característica absoluta ni se adquiere de una vez y para siempre.

En su caso era el resultante de un proceso dinámico y evolutivo que varió según las circunstancias, los eventos que la vida le fue trayendo, el contexto anímico en que le hallaron y la etapa madurativa en que se fueron sucediendo. Porque por mucho que puedan pensar que es un regalo llegado del birlibirloque su necesidad de sentirse vivo y optimista no era más que el fruto de la interacción entre él y su entorno, y una forma de vertebrar su historia vital, siempre en aras del azar.

Le dicen que es una suerte que tenga tanta seguridad en sí mismo pero olvidan que su familia le enseñó a que ser especial es un privilegio que no debe malgastarse en compararse con otros.

Le reprochan que nunca le faltó apoyo social pero ignoran que el apoyo lo construyó con la empatía, con un estar con y por los que le rodeaban.
Le censuran que siempre crea que algo siempre está en su mano por hacer y se mofan de que sienta que su vida tiene un sentido que va más allá de su propia permanencia en este mundo pequeño con su fecha de caducidad desde la cuna.
Le recriminan que su humor lo lleva a temas serios, tan serios como la trascendencia de la vida y los derroteros de la muerte  pero él sabe que al final de los finales el humor libera endorfinas que aligeran el pesar de los pesares. Comenzando por reírse de sí y sus despistes es incapaz de reírse de nadie porque la ética la lleva atada con imperdibles en su corazón de pan sentado.

La vida nunca es gratis, porque aunque te la dan…jamás te la regalan. Sólo él sabe que sonríe con razón de igual manera que hacen los necios sin ella.

2 comentarios:

  1. ... y yo sonrío con él, y contigo, su creadora. Por esa justicia que antes o después pondrá a cada uno en el sitio que se merece.

    Un beso, Albada.

    ResponderEliminar
  2. Pues ya somos dos. Detrás de cada persona aparentemente feliz suele haber , además de sabiduría, mil momentos duros que no lo derribaron.
    Gracias por leer y comentar.
    Un beso.

    ResponderEliminar

Ponen un gramo de humanidad a este lado de la pantallita blanca. Por eso, son siempre bienvenidos. Gracias por leer.