domingo, 8 de julio de 2012

Crisis de valores





Cada día tengo una sospecha más incisiva. 


Mi sospecha es si están intentando convencernos que la única salida a esta persistente crisis son los recortes. 
Precisamente esos que afectan directamente a los servicios sociales como la educación, la salud y los gastos en medicación. 
Y sea lícito o ético sostener unos gastos en otros servicios como La Iglesia,  el ejército, esa institución llamada Faes y los repetidos gastos en apoyar a la banca. 


En mi santa ignorancia me pregunto si la ingeniería financiera pueda usarse para someter países a su voluntad de acumulación de poder. 


Opino que obligar a deudas soberanas de imposible cumplimiento, condena a poblaciones enteras a pérdida de calidad de vida o a un incremento de personas que vivan bajo el  umbral de la pobreza. Necesariamente. 


Ante ese panorama pueden llegar a a producirse situaciones: como que el Sur no podamos comprar los productos fabricados en el Norte, como parece entender la Sra Merkel al fin. Pero lo que sí está sucediendo ya son  mil circunstancias de difícil solución. Entre ellas los aumentos de suicidios, ya constatado en Europa desde 2008 a la actualidad, el aumento de niños que no meriendan, las familias en depresión diagnosticada en más de uno de sus componentes, y ese tiznado aire oscuro que parece revolotear sobre la gente, dejando lejano el tiempo de la alegría callejera.


No pretendo hacer un pasquín. Pero cuando además, tenemos que escuchar, y ha calado en la población, que la culpa es de los españoles, que estiramos más el brazo que la manga, es que me pongo a pensar en los banqueros, especuladores, constructores y sueldos vitalicios  y se me agota mi paciencia de escuchar estupideces.

La culpa de ese señor que durmió en el banco seguro que es suya. Por gastar de más. La culpa del negro que me pidió un pollo para comer, seguro que es suya. Por venir a España cuando aquí había trabajo que los españoles no querían hacer. 



La culpa es de todos, menos de los que generaron este debacle. Se enriquecieron unos cuantos, pero lo pagaremos todos, menos ellos. Según parece. Y no es justo.

Si Tierno Galván u otros levantaran la cabeza, se volverían a morir del estupor que produce vivir en esta crisis económica, pero de valores. Aquellos valores que no debieron abandonar los representantes de la población. Ni de la economía global.

2 comentarios:

  1. Seremos sumisos hasta que la verdadera necesidad, la de comer, nos obligue a tomar acciones más allá de manifestarnos. No les afecta ni les remueve una conciencia muerta hace años. Ya no sirve el clamor popular. Lo siento. El próximo episodio será violento. Ya tachan de terrorismo el mero hecho de reunirse. Se ve que intuyen este cambio de actitud al que nos estan empujando.
    Me gustaría mantener la esperanza en una solución pacífica, pero mentiría.
    Un besote con paz alterada

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    Respuestas
    1. Agárrate a la esperanza. Porque creo que es la tabla de salvación al desencanto.

      Un abrazo esperanzado, lúcido y pacifico.

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Ponen un gramo de humanidad a este lado de la pantallita blanca. Por eso, son siempre bienvenidos. Gracias por leer.