jueves, 5 de julio de 2012

Desayuno con sinestesia

Tomado de google

Habían compartido la visión de la música y los colores de las palabras. Desde que coincidieran en opinar que la música puede verse, un hálito de complicidad se había instalado entre ambos.
Ella, por algún motivo que él no acertaba a explicar, a veces se quedaba absorta al mirar rótulos de precios en un supermercado de las afueras.



Tomado de google
Le contaba cómo veía los números blancos sobre fondo verde, buscando en la pared irisada el matiz para definir de qué manera, los rojos y añiles, a todos los números les hacían sonreír , pero en especial a los ceros. Explicaba divertida que estos aros ovalados se volvían locos cuando se emparejaban en los precios. Se excitaba  al referir que los veía jugar a pídola y entrelazarse en el rótulo verde.


Le intentaba explicar, con una mirada iluminada, la cimbreate cintura del ocho trazado en blanco con tal lujo de detalles que, por prevención, empezaron a esquivar las secciones con precios entre setenta y noventa euros.

Cuando la oía bajo la lluvía él podía oler el aire que levantaban sus brazos bajo el agua del paraguas.
Cuando le escuchaba en la ducha, ella podía ver paisajes de montaña y nieve.
Cuando en la playa ambos escucharon una sonata y a duras penas podían explicarse mutuamente las impresiones visuales, él había tomado una decisión.

Pulsó el ambientador a naranja. Colocó sobre la mesa un inmaculado plato blanco con las fresas en rodajas, formando una interrogación. Extendió sobre la pantalla un tul de un verde pálido, y repasó con sus dedos los rizos imprecisos de sus canas. Ella estaba a punto de llegar.

4 comentarios:

  1. He desayunado unas tostadas untadas de mantequilla con mermelada de frambuesa, y sabían a noticias pasadas, con prima de riesgo desentonada, mientras oía un crujir de llantos, en el periódico que tenía delante, por escuchar algo en la cena.
    Una patada.

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    1. Yo estuve oyendo un cuadro muy bonito. Cuando expreso que el arte a través de una obra me llama, digo exactamente eso. La meninas creo que hablan o susurran quedo...acércate. A muchísima gente.

      Y en el Prado hay cientos de cuadros que no me dicen nada. Serán arte, el mejor técnicamente, pero a mí no me llegan. No interaccionan conmigo de forma armónica, ni como interrogación.

      Analfabeta artística o sinestesia selectiva. Un abrazo con olor a lavanda.

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  2. ¿Porqué se les llama "objetos inanimados a las cosas"?
    Somos de mente estrecha, yo también, que tengo en mi haber grandes fracasos de intento de comunicación. No obstante cuenta en mi haber diálogos íntimos con gran variedad de objetos. Ultimamente hablo con los robots de la fábrica, que conociéndoles tienen su encanto.
    Un besote musical impregnado de olores costeros de salitre y algas.

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    1. Y quién no hablaba al coche en las subidas de las carreteras?. Ayer le hablaba, insultaba casi, a este pc cuando no guardando un trabajao...tuve que volver a empezar.
      Por qué me haces esto?-decía yo, apesadumbrada.

      Pues quién sabe si la razón era que tenía una vela encendida con un intenso olor a vainilla, y ese olor me dispersaba la mente hacia cualquier otro sitio lejano a una pantallita

      Un abrazo de vainilla y helado tutifruti.

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Ponen un gramo de humanidad a este lado de la pantallita blanca. Por eso, son siempre bienvenidos. Gracias por leer.