martes, 6 de noviembre de 2012

El charol de aquella piel


Entraba y salía de su vida como la señal de cobertura de telefonía en el tren paralelo a las Costas del Garraf. En los sucesivos túneles y requiebros de las vías, asomaba o se perdía el aroma a canela de los despertares de esa mujer, de color azulado en su negrura y tacto de marfilina.

De forma imprecisa, y deliberadamente indefinida, ella parecía estar hastiada, o expectante, lejana o amorosa, trémula en su voz, o dedicida y hosca en sus despedidas.

Sus labios, carnosos y dulces, dilapidando palabras para verle enloquecer, consiguieron despertar al fin el rugido de elefante recién estrenado. Ese que ahora albergada dentro de su corazón.

Esa fuerza especial, la había oído nacer casi como el abrir de un girasol,  bajo su piel sudorosa en el safari fotográfico, ante la negrura acharolada de esa esfinge. Una mujer de una belleza radial, como telaraña de sueños, irisando destellos al amanecer de la sabana.

2 comentarios:

  1. Con el salakof puesto, para mitigar los rayos de sol, con el pañuelo anudado al cuello, para absorver las gotas de sudor, contemplaba aquella escultura de ébano, que le había dejado desposeido de voluntad alguna.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Con su Nikon succionado el aire de los movimientos de ella.
      Con su loca apuesta por rescatarla de un trabajo en hotel, y con su voluntad recuperada, la envió de regreso al reino de los sueños de delirio y ébano por destejer.

      Un abrazo y gracias por tu lectura.

      Eliminar

Ponen un gramo de humanidad a este lado de la pantallita blanca. Por eso, son siempre bienvenidos. Gracias por leer.