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domingo, 6 de enero de 2019

Muchacha triste

Tomo el relevo a Alfred
Imagen tomada de la red
Este dibujo lo están cerrando en Facebook, y se ha de reproducir tanto como se pueda, para denunciarlo, y es un dibujo

Miedo en la cara. Llanto en los ojos. Impotencia en la mirada. No importa cómo llamemos a las muertas a manos de su pareja o ex-pareja. El promedio es de una por semana. Muchas de ellas sin haber puesto demandas previas de maltrato. Lo llamen como lo llamen ya hay una víctima de violencia doméstica ¿?, por celos, y era una mujer, qué casualidad.  Ayer comentábamos en mi casa, en la sobremesa, el por qué las mujeres no denuncian el maltrato, o lo hacen poco, visto lo visto. Bueno, imagino que porque han de volver a su casa, al lado del tipo, lo que no haría más que enfadar al susodicho. 

En la calle seguimos en la misma historia de siempre, mujer sola y de noche, algo  estará buscando. Sí, tal vez tomar el aire, o ir a trabajar, por poner un ejemplo. La ley no está hecha por mujeres, y se nota. Mis deseos de que en un futuro cercano no tengamos que educar a las niñas para que se protejan, porque la mentalidad de los hombres haya cambiado. No se puede generalizar, por supuesto, porque hay hombres, cada día más, que  abogan por la igualdad de trato y sobre todo, de respetar la igualdad de derechos, pero a día de hoy seguimos sufriendo ese mundo machista y esa justicia patriarcal. Basta ya 

viernes, 9 de marzo de 2018

Gabo y Mario en Barcelona


Imagen de Internet

Gabriel residió en la Ciudad Condal desde 1967 hasta 1975, y muchos, entre ellos yo,  muy jovencita, descubríamos “Cien años de soledad”. Vivía entonces en la calle Caponata, del barrio de Sarria y prefería el ron con coca-cola y no ese que hacíamos aquí con ginebra. Comentó alguna ocasión, que había conocido a un  librero catalán, Ramón Vinyes, a quien incorporaría a Cien años, como el “sabio catalán”, y que prefería Barcelona a Paris para vivir. En la ciudad de la luz había pasado hambre y penalidades, y en Barcelona se encontraba como pez en el agua, cuando ese boom artístico había sembrado la ciudad de escritores, fotógrafos, diseñadores y sobre todo buenos editores. Cuesta vivir de la literatura, y como había pasado con Vargas Llosa, fue la editora Balcells quien propició que ambos pudieran vivir de su tal vez único y gran talento: la escritura.

Vargas Llosa llegaba a Barcelona en 1970 por el empeño y tutoría de la gran Mamá Grande, y vivía en la esquina de la calle  Caponata con calle Osio, así que acudían ambos a menudo a la pastelería Foix, en plaza Sarriá. Tan diferentes, tan alejados… uno con pinta de galán y el otro bajito y desaliñado compartían amistades en Barcelona, con reuniones en una u otra casa. Al extremo de que habían de colaborar en una obra común, que por supuesto, con el alejamiento entre ambos, quedó  frustrada.

El pacto de silencio tras el puñetazo  de Mario a Gabo en 1976 debe respetarse, pero Mercedes Barcha, la esposa de Gabo,  hizo un comentario muy elocuente: "es que Mario es un celoso estúpido". Parece ser que tras una ausencia de Mario, su esposa Patricia, se refugió en la amistad con el matrimonio de Gabriel y Mercedes. Recordemos que los hijos de ambos autores jugaban juntos como una verdadera familia, pero tal vez Mario creyó que su amigo fue más allá del apoyo amistoso. La foto famosa se la hizo un amigo y fue testigo de esa agresión de un doce de febrero, Elena Poniatowska, escritora y periodista. Lo que menos importa es ese incidente, que pudo reducirse a un simple lío de faldas, sino el ambiente bohemio que desprendía Barcelona.

En el verano de 1975 la familia se iría de Barcelona. No regresarían a vivir en la ciudad de los prodigios de un boom latinoamericano, en las postrimeras  de un franquismo, que fue eje de la literatura en español. La distancia ideológica se fue incrementando con los años, pero la admiración de Mario hacia Gabo no decayó. El premio Nobel les vuelve a unir en un barrio de laureles y promesas, constatando que son dos grandes, y no olvido que Gabo nos espera en su Macondo, desde su partida en 2014.

Quiero creer que en estos tiempos, lejos de ya de las utopías de la estrenada democracia de esas fechas, se esté gestando un nuevo boom de talento literario, de mestizaje de cuna y universalidad de miras, que en poco tiempo veamos  una nueva constelación de gente con brillo interior que nos deslumbre, y nos deje atrapados a estilos literarios que nos lleguen al alma, para sacudirla.

Hoy me ha apetecido escribir sobre el incidente del ojo morado de Gabriel GM, para curiosos que aún no lo conozcan, que imagino que serán pocos. El puñetazo de Mario a Gabo