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domingo, 13 de diciembre de 2015

Punto y coma

Tomado de Google

Le pediste una coma en la locura.
Un punto y seguido en sus desvelos.
Un desapego de ese albornoz a oscuras.

Una catarsis de entrañas… y de anhelos.
Un punto y final en una jungla de espejos.
Le pediste un punto y coma entre unos ceros.
Un paréntesis entre una y miles de premuras.
Un pequeño agujero, por donde mirar el cielo.
Una interrogación a su encumbrada cordura.
Un tablón de corcho entre añejas conjeturas.

La fuga de sus pies, resonando en la avenida
dejó a un punto suspensivo ahíto de preguntas.

Por puro amor, 
el punto jamás se separó ya de la coma.
Naciendo el punto y coma, en su conjura.

sábado, 12 de diciembre de 2015

Divorciados en Navidad

-        
Tomado de Google
    Teléfono

          -No Paula no.
-         -¿No …qué?
-       -Que los niños pasan las navidades conmigo.
-        -¡Ah… eso! Luisito, que me oiría hablar con mi madre.
-       -Sea lo que sea, el crío ha llegado diciendo que estarás muy sola. Y más chantajes no, ¿vale?
-       - Ay Luis, no te líes. Llamaron mis padres, que querían venir por Navidades, y yo les dije que los niños estarían contigo, que la pasaría sola. Nada más
-        -Mira. Ellos hablan de que estás sola más de una vez, y estoy harto de tu afición a hacerte la víctima, reina. Más no
-       -Eh, eh...para el carro. No me hago la víctima, pero tú vives con Lola, así que no estás solo, y eso es una verdad como un templo.
-        -No es el caso, y lo sabes
-      -Sí lo es. Y si este año iban a venir mis padres para verles y hacer el tió y eso, pues sí importa el que yo esté sola, ¿no?
-        -No empecemos. Más tretas no. Ya no.
-        -Pero es que tú ya tienes otra familia.
-        -Sí, pero ellos son mi familia, Paula, y parece que por haberlos parido sólo son tuyos.
-        -Mira, déjalo Luis. Déjalo. Que vengan por fin de año y ya está
-      -Eso es lo que tenías que haberles dicho desde el primer momento a tus padres. Que estarán contigo por fin de año, porque el año pasado pasaron las navidades contigo, y yo las pasé solo. Pero no, la señora ha de ir con el cuento de la lástima…
-       -No te consiento que me insultes. Y no es cierto. Me hago un hartón de trabajar para estar por ellos, y sí, tú les quieres mucho, y sí… tú les disfrutas mucho...
-      -Claro que les disfruto. Y mucho, y sabes que Lola se mata por caerles bien y hacerles felices, como yo…
-       -Sí Luis, pero soy yo quien les aguanto, ¿entiendes? Coles, lavadoras, deberes…
-        -Pues que vivan conmigo, ya se lo dije al juez- Dice subiendo la voz-
-        -No sigas, Luis. No sigas, que sabes que hay muchas cosas que es mejor dejar en paz 
-       -Pues no las dejemos en paz, di lo que sea que tanto te amarga reina, porque yo ya me cansé de escucharte.
-        -No, ahora ya no vale la pena.
-        -Vale. Quedamos en que pasan las navidades conmigo y fin de año contigo, y ya está
-        -De acuerdo. Pues ya está, que mis padres vengan por fin de año, y así tú eres feliz…
-       -Paula…no puedo, no pude entenderte tal vez. Yo sí que deseé siempre que fueras feliz, conmigo o sin mí.
-      -¿Ah sí? Caray...y yo sin enterarme…- Ahora la que sube la voz es ella, y habla con retintín
-     - No, Paula, déjalo. Venga, que pases unos días felices con tu familia, y saluda a tus padres de mi…
-        -Pririrpiri….llamada finalizada.

Luis no puede ver cómo cuelga el teléfono, cómo va a la cocina, se pone leche en un vaso que entibia en el microondas. Esa leche que luego se desparrama por el mármol cuando, "sin querer", golpea el vaso con el codo.

Paula no puede ver cómo mira sorprendido su móvil, para clicar que cuelga, ni cómo se va a la cocina, donde Lola hace cuentas para ver cómo hacer la comida de Navidad para ellos y los niños de él, y calcula el precio de los regalos que les harán.
-    ¿Qué pasa?
-    Nada reina…Paula y sus neuras.

Se abrazan mientras Lola observa de reojo las cantidades anotadas en un papel reciclado cuya raya inferior ya trazó, con rabia.


lunes, 7 de diciembre de 2015

Música maestro

"Clase de piano", Veemer

Dejo que la ventana abra paso al nuevo día, con mis pestañas aún plagadas de hilachas de rastros de mis sueños.

La ducha me recibe con unos pases de agua y de notas musicales que refreno en mi garganta para no encender de enojo a los vecinos. La toalla abraza la piel por acabar de despertar a los sentidos y el aroma del café de cápsula deja ir, como ambrosía, un compás de promesas para el paladar.♪♪

Abro una ventana más, donde a menudo, por un plasma inerte se me antoja un saludo de a de veras, que me lleva a una loa de sinfonía que acaba por despertar a la mañana.♪♫

Salgo tarareando hacia el trabajo, con una provisión de grato aroma a cuarto con piano de caja, con metrónomo,  y peluca blanca como la alegría.

Mi día me lleva y me trae, como las frutas del mercado, hasta que en algún momento, por la ventana inexistente de las cosas, la vida de las notas musicales se acopla a unos instantes de asueto e islote perdido.♪♫♫

Sin nombre, sin presencia y sin más identificación que un simple apodo, siento que el aire queda quieto. Nada más que calma se acomoda en una página sin dueño. La amabilidad que sabe a café calmo con miel, sin arrebatos, disponiendo un bodegón para este cuadro.

Ese que contemplo cuando lo veo, pero que sé que forma parte de mi casa, como los cuadros que engalanan las paredes de los ratos tranquilos, sin requiebros.
Y en muchas ocasiones son los sones que me llegan del bodegón de los afectos impalpables, los últimos compases♪♫♫ que me llevan al paisaje de otros nuevos sueños, con Morfeo

domingo, 6 de diciembre de 2015

Coulant de chocolate

Tomado de Google
Tengo entre manos la elaboración de masa madre cuya autoría es de una amiga italiana, de origen judaico. Como algunas cosas que merecen la pena, tiene un tiempo para fraguar, desde los campos de trigo hasta que llega a la mesa, por lo que me permito, sin que sirva de precedente, cocinar una pócima de mayor grado de complicación y mayor número de ingredientes que otras veces.

Mi receta, sin embargo, está al alcance de principiantes en el noble arte de la restauración y los manteles.

En la  alacena, con su cortinilla a cuadros blancos y azules, la tableta de chocolate reposa para mí. La tomo, con la suavidad y el mino que los frutos de la pasión requieren, y son los doscientos gramos de aroma a merienda con pan. De la libra del envase, que equivalen a cuatrocientos gramos, ya hice desaparecer la mitad en ataques nocturnos de apetito de dulce y querencia a chocolate, pero la mitad me bastará

Al baño maría, dejo que el rectángulo marón se bañe con mantequilla, y juntos hacen una pasta densa. Ese baño cojnunto lo aceptan más por complacencia que por deseo de calor. Mientras remuevo la argamasa van charlando de sus cosas. La mantequilla, tan fresca de la nevera, anda quejándose al chocolate porque la ensucia, y éste de las manos heladas que quieren abrazarla, pero acaban entrelazándose en un tango arrabalero al ritmo de la espátula en un allegro desatado. El recipiente queda aparcado y por el silencio, deduzco una emulsión perfecta.  

En el bol de los secretos de las noches dulces, bato cuatro huevos cuyas yemas bailongas juegan con el tenedor al pilla-pilla, mientras el azúcar espera con aire circunspecto. Estos huevos – dice el azúcar-, siempre resbalando. Ella es consciente de su importancia, y los setenta gramos de blanca nieve los dejo deslizar, confirmando cómo  eriza y se entremete con los colores anaranjados de puro ballet, en una danza del vientre que quiere salirse del recipiente por dos veces. La varilla está exultante con sus sonidos metálicos que alegran al canario y le provocan un trino.

El horno está pidiendo que lo alimenten y ese calorcillo por las piernas me resulta muy confortable pues la nieve ha hecho acto de presencia en la ciudad, y los tejanos abrigan poco para fríos de helar  las cañerías.

La harina espera en el estante, tan impoluta, tan fina ella, queriendo vestir de máscara veneciana todo lo que toca.

En la fuente de porcelana grande, como apoteosis final, mezclo  el conjunto de ambos bailes, dejando que los diminutos copos blancos de unos setenta gramos, al fin se avengan a conjugar los verbos del mezclar y del fusionar entre mis manos, que notan la húmeda tibieza del aroma a chocolate y dulce sueño de algún  bizcocho infantil.

El molde es con forma rectangular, como la cámara de fotos, hondo como los afectos y engrasado por la risa de confirmar, que tal vez, por puro azar, tras unos diez minutos a fuego medio de un horno de pan sin miga, acabe saliendo un coulant de chocolate.

Adornaré la ración, si sale bien este postre, con fresas, rojas como rubíes de luz  y pintaré una cenefa de sirope de abrazos blancos como la ternura.  

sábado, 5 de diciembre de 2015

Lluvia de lodo

Cae la lluvia. 
Tomada de Internet

Sólo sé que llueve sobre el camino.
Y que la senda se hará intransitable en pocas horas, 
y que las azucenas empapadas
no aguantarán el barro que se avecina, 
si no para de llover.

Y que las mariquitas y las mariposas andan cautivas, 
a la espera de un sol, que vuelva tibio
sobre los campos de las esperanzas, 
agostadas por esta lluvia de desvarío y lodo, 
que han convertido el sueño en pesadilla.

Y que el pan no estará en la mesa
si en los trigales de la fe no se siembra. 
Y no se siembra porque con esta lluvia
de mentiras y cinismo,  de corrupción impune,
las ganas de sonreír andan marchitas.

Cae la lluvia, 
que no alimenta ni nutre. 
Cae la lluvia y nos faltaran paraguas
si no para de llover.

viernes, 4 de diciembre de 2015

Lágrima cautiva

Tomado de Google

Se formó despacio.
Maduró en silencio.
Esa única lágrima nació como si nada.
Solitaria, interna, inmensa y desalada.
Tejida con hilos de esperanzas rotas
y de realidad contrastada.
Savia de tristeza de un devenir que la arrincona.
La sorbí con mis labios, 
cuando aterrizó en mi boca.

Pétalos de mar

Tomado de Internet

Sentí el regocijo
de tu fuerza desnuda entre las olas.

Estaba oscuro, y, 
cuando entre altibajos de luna y chapoteos
llegué a tu cuerpo, no me cupo duda alguna
sobre el amparo que ofrecía tu piel anfibia entre las aguas.

Y sentí hasta qué punto, 
tú, mujer, inventabas las cosas del amor
para ser puerto de mis brazos y sal de mi pan,
y es que desatas la fuerza de mis olas, prendida en tu mar 


miércoles, 2 de diciembre de 2015

Cosas de viajar en tren


Subí tras una mujer con niqab en Sants. Anduve por el corredor del vagón y cuando vi un asiento libre me senté, con el libro de lectura que ahora cargo, de Ernesto Mallo, un compendio de su trilogía del comisario Lascano. Me sorprende el título, a toro pasado, porque menos detallista que yo hay poca gente lo que haría de mí una detective pésima.
Libro en mano alcancé a ver, desde detrás a una mujer que viajaba en la otra fila de asiento, dos hileras más adelante…que se empezó a peinar el pelo. Largo, y  oscuro cual azabache.

Seguí leyendo.  Empezó a llenar el aire un aroma de cosmética, pero como he visto antes a muchas mujeres usar ese tiempo  para acicalarse, en verdad ni me sorprendía ni me distraía de la lectura. Cuando el olor a acetona llego flotando por el vagón, la cosa empezó a interesarme. Es que me causaba extrañeza poderse hacer la manicura con el movimiento del tren, pero he visto hacerse la raya de los ojos en un metro, así que tal vez la envidia de pulso de cirujano en cualquier ocasión es lo que me llevó a mirar, por entre los asiento, ya que todo el convoy iba con los asientos mirando hacia adelante.

Llegué a San Viçens de Calders a la hora prevista. Yo me espero a que el tren esté totalmente parada antes de levantarme, así a señora, y otros viajeros desfilaban delante mí hacia la puerta de la plataforma de bajada.

Un bulto negro de ropa descansaba bajo un asiento, pero no hice gesto de cogerlo, ni tocarlo siquiera con el bastón.

No es habitual que haya  policía en ese nudo ferroviario. Sí hay siempre dos personas de seguridad, pero ayer estaban ellos, y dos policías nacionales en la puerta de la pequeña estación, mirando a cada pasajero que llegaba, antes de que cada uno pudiera atravesar el pequeño recinto que da lugar, por el otro lado, a la zona de aparcamiento de la estación.

Ante mí el cabello negro ondulaba sobre un vestido de cuadros, que peinaban unas piernas con medias negras y tacones.
Cuando se giró, brevemente, tras haber pasado el control de seguridad, esa uñas color rosa me hicieron sonreír. Pero luego la sonrisa se me fue cayendo cuando dos pasajeros comentaban que parece ser que había habido una alerta de bomba en Sants, y que pudiera ser que un  yihadista hubiese tomado este tren que va Tortosa.

- Una falsa alarma, parece.
- El qué
- Una mochila abandonada que dejó una mujer.-dijo el pasajero de gorra gris.
- Pues vaya bromas.

Yo pensé lo mismo, mientras la chica de cabello suelto y uñas de chicle subía a un coche  de barbudos que la esperaban en el aparcamiento.