sábado, 23 de septiembre de 2017

Otra trampa de los tiempos

Otra opción para escribefino
Pepe se casó con María Constanza, quien olía a primavera cargada de fruta. Quiso subir por el ascensor de sus afectos, pero ella le cerraba su corazón de amianto, porque esperaba a un jinete delicado que nadie enseñó  a ser a Pepe. El hombre había de ser bravo en el amor y la mujer sumisa en la alcoba. Le hizo un hijo en la noche de bodas, que se murió bien chico, y otro más tarde, que se olvidó de ambos en la ciudad.

El silencio fue inundando las agujas con las que ella tejía unos jerseys para nadie, que luego destejía  y volvía a ovillar. El silencio era el aderezo de sus manos en la cocina. El silencio era la sábana que la tapaba en las noches bajo las manos callosas de Pepe. Esa boca de fresa que él soñara con sembrar de  caracolas y espigas era un muro ciego, un pozo sin fondo, una negra nube que no podía penetrar


Pasaron los años y él  fue huyendo de su boca callada, y de sus brazos cruzados, y de sus miradas hacia el horizonte. La taberna se convirtió en el hogar donde él podía ser. Y escuchar, y comentar, y tal vez imaginar que su hijo volverá a verles, por rescatarles de tanto silencio. De tanta duplicada soledad

8 comentarios:

  1. Cómo duele ese hijo que jamás volvió...

    Uffffff

    Besos.

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    1. Es un posible. La mujer cerrada entre las murallas de su dolor. Náufrago en su isla insondable, ni el amor, rudo aunque sincero pudo penetrar.

      Las ausencias, qué lastre. Un beso

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  2. He leído las dos entradas seguidas y he pensado que hay muchas María Constanza y muchos Pepe, la vida que se lo podría haber dado todo les negó las ganas. Un abrazo

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    1. Era común que las mujeres fuesen pasivas y los hombres tuvieran que demostrar que eran duros. Creo, como tú, que ambos acababan perdiendo las ganas de emocionarse por un presente equilibrado. Por suerte los tiempos han cambiado en España.

      Un abrazo

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  3. Bien por ti, Albada. Se nota que estabas inspirada al momento de tejer esta historia. Y como dice Toro Salvaje, cómo pesa la ausencia de ese hijo.

    Saludos y saludes.

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    1. Gracias. Es una imagen real de un viaje a la España prufunda de la autora. Y ese pueblo encalado me ha hecho pensar en las años cincuenta españoles, cargados, rebosantes de silencio

      Un abrazo

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  4. No me extraña que el hijo no quiera volver.
    Un beso.

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  5. No me extrañaría a mí tampoco, la verdad. Criarse entre el silencio en un pueblo perdido en mitad de la gran nada, ha de ser poco recomendable.

    Un beso

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Ponen un gramo de humanidad a este lado de la pantallita blanca. Por eso, son siempre bienvenidos. Gracias por leer.