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jueves, 19 de enero de 2012

Miguel García Posada. RIP

Por esas curiosas coincidencias llevaba un librillo en el bolso, pequeño para que cupiera en su tamaño diminuto, de Lorca, para no perder el hábito de beber en su sed por su lectura. Era un ejemplar de la Biblioteca de Clásicos Universales. Leía, de la etapa de Poeta en Nueva York la “Oda a Walt Whitman” y dejó el punto de libro de seda roja en la página 143.

Acababa de leer

….Por eso no levanto mi voz, viejo Walt Whítman,
contra el niño que escribe
nombre de niña en su almohada,
ni contra el muchacho que se viste de novia
en la oscuridad del ropero,
ni contra los solitarios de los casinos
que beben con asco el agua de la prostitución,
ni contra los hombres de mirada verde
que aman al hombre y queman sus labios en silencio.
Pero sí contra vosotros, maricas de las ciudades,
de carne tumefacta y pensamiento inmundo,
madres de lodo, arpías, enemigos sin sueño
del Amor que reparte coronas de alegría…

En la prensa lee que ha muerto Miguel García Posada. Recuerda que leyó hace mucho tiempo “Los poetas de la Generación de 27”, de su pluma de jurado de premios de poesía y cómo por ello se enredó en unas letras y unos ritmos hasta rebozarse de aires de poesía, de genio y de métricas ganadas a los sentidos y las vivencias.

Se quedó callada y buscó un banco donde seguir leyendo. Con el librillo y la luz de las farolas, buscó un lugar especial donde sentarse acompañada de sedal de luna y talles granados. Con la voz comedida de unos versos, pudo oír cómo se recogían en sus renglones todos los pétalos de rosas, que pudieron, con el tiempo, alfombrar la avenida de sus lecturas nocturnas.

lunes, 16 de enero de 2012

Prospecto medicinal.


Tomado de Google


Lee atentamente, con gafas si es preciso, este manual de uso antes de empezar a usar este producto.

1. Conserva este prospecto. Por si tienes necesidad de volver a leerlo. Aunque pareces tener más memoria que un pez de colores, no se sabe si la memoria es algo, o si se define al rememorar un suceso o simplemente se inventan los recuerdos. Los fallos de memoria reciente pueden aparecer a cualquier edad, según afirman los últimos estudios neurobiológicos, así que…tú mismo.

2. Si tienes alguna duda o no estás seguro de algo que interpretes de la lectura de este prospecto o cualquier otra cosa, confirma que no esté la página al revés, en cuyo caso, por favor, dale la vuelta, es más cómoda su lectura.
3. Este producto intangible se ha diseñado para ti. No debes, por tanto, ofrecerlo, o prestarlo a otras personas, ya que puede perjudicarles. Correrías el riesgo de que no les ayude ni convenga, no se adapte a sus necesidades e incluso empeore síntomas mal descritos. Amén del riesgo de que en un préstamo, como ocurre con los libros, alguien pudiera olvidarse de regresártelo. O no se olvidara.
En este prospecto:

1. Qué es UN BESO y para qué puede usarse.
2. Antes de recibir UN BESO
3. Cómo recibir UN BESO
4. Posibles efectos adversos.

1. QUÉ ES UN BESO. PRINCIPIOS ACTIVOS, EXCIPIENTES Y USO.

Los principios activos son: Fracciones de felicidad 500 mg, conteniendo: 60% de buenos deseos, 20% de achuchones cálidos y 20% de abrazos humanos.

Lo excipientes son: Recuerdos por inventar, mezcla seca de buenas risas y tiempo compartido, talco de sabor a esperanza, óxido de Fe de la propia historia previa y una larga serie de restos de mil cosas y fracciones de minúsculos toques de sonrisas.'


USO. Actúa como alivio a corto plazo de los arañazos de la vida por su acción venotónica y síntomas de insuficiencia a los malos ratos y los disgustos leves.
Debe usarse en dosis de ataque sólo en contadas ocasiones, no sobrepasando los 200 millones por día en ningún caso. Su medio de transporte en el corazón, sin previo aviso, puede desencadenar en el producto un enojoso síndrome de frustración, complejos de inutilidad y cuadros depresivos severos.

2. ANTES DE RECIBIR UN BESO
No uses UN BESO

       - Si eres alérgico a los regalos intangibles.
- Si no era para ti o tienes constancia de algún efecto nocivo previo en la especie humana.
- Si estás embarazada o tienes previsto estarlo, consulta a tu médico para valorar la intensidad y frecuencia que pueden ser aconsejables.
- Si la persona que te lo envía tiene signos clínicos de locura intrínseca, peligrosa y contagiosa.
- Los niños y ancianos pueden ser beneficiarios perfectos. Suelen recibirlos con enorme agrado y sin efectos secundarios más allá de una sonrisa.
- Si has de conducir o utilizar maquinaria de precisión, confirma que has sedimentado la emoción no vayas a ir a más revoluciones de las admitidas por ley, o tu capacidad de precisión se haya visto disminuida por la adrenalina, serotonina u oxitocina segregada por tu propio organismo.
3. CÓMO RECIBIR UN BESO
Pues no se ha descrito postura o ánimo concreto. Al final…pues cada uno sabrá.
Tomado de Google



La vía de administración suele ser dérmica. Su administración en mucosas requiere aumentos en la frecuencia e intensidad de adherencia a esta medicación, de modo previo, por lo que…como uno quiera y el corazón le dicte.





4. EFECTOS ADVERSOS DE UN BESO



Por favor, observa atentamente posibles reacciones.
Se han descrito: dolor de ausencias varias, ganas de que esa persona no se aleje jamás, malestar de estar solito… Así como subidas de ánimo, sonrisas de necio, ganas de llamar por teléfono, necesidad de cantar a grito “pelao”, silbar en la ducha tontunas varias y otras manifestaciones leves de euforia.
Si observas algún efecto adverso, pero de verdad adverso para tu salud, consulta con el Servicio Nacional de Toxicología. Podrían abrir una nueva línea de investigación de los afectos y sus formas de manifestación en los seres humanos.

miércoles, 11 de enero de 2012

Esa acuarela.

Estrenó el año redimensionando su casa. Con el júbilo de estreno aún en su calendario de bolsillo se animó a reinventar su espacio, dando un nombre único a cada objeto.

Se disfrazó de medium y en el recibidor vio una acuarela de un puerto anclado en el siglo XIX. Llamarla acuarela de la entrada, o marina de veleros era dar nombre a un objeto. Como en su mente era un tiempo concreto, una luz especial y un ánimo definido que podía recuperar al vuelo, la bautizó “Marina plan B”. La compró en un mercado de segunda mano, en una mañana especialmente luminosa y tras buscar unas sillas para su nueva casa.

Al pronunciar su nombre llegó una suave brisa de Septiembre, un olor a tabaco de pipa y una ventana con cortinas a cuadros escoceses. Sintió la presencia de un hombre maduro, de pelo cano y foulard gris que mezclaba colores y agua, paisaje y sueños en la tarde. Pudo distinguir una melodía, a lo lejos, sin poder identificarla y la llegada de un niño cauteloso a la habitación. Con la certeza de que el niño estuvo quieto, mirando sin decir ni una palabra, cerró los ojos y esperó. La ventana abierta movía la cortina. El hombre seguía pintando.

Sólo ella pudo llegar a percibir una voz muy tenue que decía “Para Luis” y creyó ver cómo los trazos se movían levemente en señal de agrado, tras el cristal del marco. Esa marina tenía nombre, un nombre propio, y ya no podía negar que llegó a sus manos por puro enredo de fechas y destinatarios.

La pregunta nació de forma natural pero tardaría unos años en volver a dar nombre a las cosas y unos más en averiguar quién era ese niño que conquistó la tarde de un hombre que fumaba en pipa mientras pintaba una acuarela.

martes, 3 de enero de 2012

La lectura.


La vi y esperé unos minutos a que uno de los padres acudiera a recogerla. Mi reloj marcaba las dos y mucho. Mi tren salía a las tres y media. El plato combinado estaba en plena tarea de ser digerido y mi tiempo podía rifarse entre un par de fotos, o unas páginas del libro que me acompañaba, o en un nada de vagabundeo en un invernadero de metal y tiempos muertos entre vías de un tren hacia algún lado.
Esperé segmentando mis miradas entre la gente y la escultura y al fin me acerqué. Le pregunté sobre qué iba su libro y sin desatender la lectura me contestó - “sobre una bruja malvada.”
Y en ese resumen del cuento que había secuestrado a Alicia se esfumaron el dolor de pies y las ganas de café. Se evaporaron las prisas y la impaciencia y hasta el olor sesgado de mi colonia. Se deshizo el enfado por verla quieta rompiendo la foto que pretendía hacer a una escultura. Y se esfumó por encanto el peso de mi vida en cada hueso.
El hechizo de la bruja malvada me llevó, sin pago previo, a unas lecturas de voz de hombre sabio. Esos cuentos sin cuento que deshojaba en las noches el sonido de una voz entresacada de la vejez y el arrullo. De un sombrero con escondites de besos y conjuros contra el dolor. A ese sentarse en el suelo con un sonido de radio de galena en una cocina cercana y a ese relato donde habitaba el miedo a controlar para enseñarme que el miedo puede ser vencido.
Esa bruja malvada, según me refirió, era una mujer que provocaba dolor porque le gustaba ver llorar a la gente. Y dijo llamarse Alicia. Y dijo esperar a su padre que estaba por llegar y que siempre la recogía en ese lugar de la estación.
La dejé donde estaba. Bajé las escaleras del tiempo hasta el presente. Recorrí con mi mejor cara y mi peor temor el tramo al bullicio y la tontuna de prisas y locura por diagnosticar y sabiendo que Alicia, si es que es su nombre, se salvará de la quema de alguna noche de cuchillos largos.
Alejándome de un cuento con final feliz, fotografié un instante mientras me dirigía al andén que la megafonía anunciaba. Con la lectura como compañera en mi bolso en bandolera..

domingo, 1 de enero de 2012

Extraño baúl de recuerdos.

Ese día se había hecho tatuar la hoja de ruta bajo su pecho izquierdo con tinta de calamar. Esa vez quería seguir el rumbo de la cáscara de nuez hasta su destino, sin dejar que las corrientes profundas pudieran regresar a puerto una nave tan ligera.

Construyó unos cubos transparentes con voluntad y ánimos crecidos por un baño de sol y un secado de aire de Neptuno. Las esferas le parecieron difíciles de llenar ordenadamente y prefirió un poliedro para empaquetar las pertenencias que quería conservar del tiempo y del olvido. Depositó durante el día, y de una a una, las sensaciones y recuerdos que le habían calado hasta los huesos, con y sin chubasquero puesto. Queriendo y sin querer mojarse. Pequeñas y no tan pequeñas. De un instante y de un rato.

Al caer la noche confirmó que eran más de las creía. Descubrió también que eran esponjosas y que al ser depositadas abarcaban un espacio que paulatinamente se iba ampliando por sí mismo y que, de forma simultánea, se iba poblando de una luz blanca y fría.

Cuando llegó la noche, no podía explicarse el volumen de ese baúl que, a esas horas, parecía un arca de Noé con las especies a preservar.

La tapa encajó perfectamente. Tanto que quiso poner un lacre en la solapa de un sobre imposible.

Escribió entonces una carta, a nadie, con tinta negra y una letra picuda, ambas adoptadas del mismo calamar que la ayudó con el tatuaje. Y en ella sí usó la barra, profusamente además, y estampó por sello un símbolo en V, dentro de la señal que dejó el aluminio de un abre-fácil de una lata de mejillones.

Hace un año encontré en la playa una botella de cerveza con un tapón de corcho. Dentro había una carta con un lacre intacto. He tenido ocasión de leerla y hasta hoy no he sabido qué significaba. Si la cáscara de nuez de la que habla llegó a su destino no lo puedo saber por ahora, pero ha llegado a mi correo una foto de un objeto hallado en un sótano de una casa derruida de un pueblo costero y que adjunto.

Ruego a quien pueda conocer a una dama que guardó recuerdos en un poliedro de luz, le haga saber, que, aunque leída, su carta está a su disposición en un cajón de mi escritorio. Ese en el que guardo los objetos que encuentro en la playa, y que parecen perdidos y huérfanos, esperando a su dueño.

lunes, 26 de diciembre de 2011

La sombra.


Hoy la sombra del espejo se ha decantado por cobrar vida, en ese trayecto sin retorno de irse vistiendo poco a poco, y año a año, de un oscuro rencor cada vez más oscuro y más espeso. 

Demasiado tiempo prolongando el ego de ese ser abyecto en su cortedad de miras, en su hedonismo absurdo, y sus ínfulas de todopoderoso. Cuando se decide a atacarle, descarta un ataque por la espalda. Quiere ver su rostro antes de destruirle, entre la viscosidad de sus brazos. Se crece hacia delante desde el ángulo imposible de la luz mortecina del vestidor que la envía hacia atrás.

Lentamente se va transformando. Su densidad va en aumento y, haciendo un rodeo, consigue abarcar primero los hombros de su creador, y posteriormente formar una masa ante él. Puede verle con su sonrisa de triunfo, su eterna mirada altiva y desdeñosa, y el ademán de soberbia de un ser odioso apegado a su ego.

Poseedora de la certeza de que la imagen domesticada que regala el vidrio debe ser destruida, se demora en su abrazo calibrando que con esa aniquilación se irá la dimensión física de su propia existencia. Ya es demasiado tarde para retroceder su silueta a la posición inicial sobre la puerta del armario de tres cuerpos.

Cuando unos dedos vestidos con un solitario de oro trazan un nudo en la corbata de seda a rayas, ella constata que él no se apercibió de la densidad acumulada a su alrededor, ni del negro dolor que tras él ha ido dejando en cada escalón de su carrera. 

Cuando el tipo envidiado y laureado puede sentirla y reconocerla, se estremece, y el pánico le asalta al notar unas manos que aprietan con mayor intensidad de la que ordena su cerebro.
Siente entonces una niebla densa como el mercurio que aprieta su tráquea. Esa oscuridad asfixiante sí le devuelve la imagen del espejo, junto a una opresión en el pecho. 

Benlliuere. Relieve del pedestal a Goya. En calle Felipe IV de Madrid


Puede verse boqueando, con los ojos como sólo ha visto en las pescaderías, y una especie de esfera perfecta, de negro humo que va penetrando en su boca entre unos labios azulados. 

Siente un olor a alquitrán denso de odio y de afán de destrucción sin cuartel. Sus manos luchan, enloquecidas, contra un nudo y un botón de camisa. En un último intento de dejar paso al aire, desvía la mirada hacia un lado, buscando un respiro y una oportunidad de salir vivo.

Una figura alargada, con una guadaña apoyada en el suelo, le señala una lámina enmarcada de un cuadro de Goya mientras le mira en calma, bajo el quicio de la puerta.

jueves, 22 de diciembre de 2011

Gorro arlequinado.

Foto tomada de un cartel.

Por la rendija de sus ojos entró un amor de contrabando, con su envoltorio de peineta y un lazo de seda azul. Se agrietaron las paredes de suspiros y arrebatos. Se habitaron las noches de sueños confusos y de despertares salados. De alimentos que no sacian y de agua que no hidrata.

Quiso epatar a su sombra y se dispuso a emprender el camino mil veces desestimado, el de buscar la fusión de redimirse en ella, entregándose desnudo en un mar por dibujar.
Diseñó con calma un andamio de estrategias de conquista, con un arsenal que iba creciendo a medida que resultaban invisibles a su corazón de junco. Se fue demorando en sus ritos cotidianos. Se desvelaba al hilo de un pensamiento circular. Se desbordaba en una imagen imposible de pieles fundidas y alientos compartidos. Se iba dejando las horas en un cajón de tiempo muerto y en un quedarse en los huesos. Los días iban pasando y ella seguía impermeable a la lluvia de su amor disparatado.

Cuando hubo de rendirse a la triste realidad de que dos son solo uno si ambos reman en una misma dirección, desanduvo los anhelos. Se dejó precipitar en el llanto denso y oscuro de una certeza tan vieja como la vida. Y esa noche de Mayo, dispuso en la mesa las más bellas palabras, las metáforas más sutiles, los sentimientos a jirones de carne trémula y sangre coagulada y vio llegar la aurora, teñido de desaliento y armado de dislate, con el pelo enmarañado y los ojos enrojecidos en la mirada perdida tras las gafas.

El soneto era perfecto. La obra nacida del desamor estaba escrita. Cuando pudo leerla a través de los restos de las últimas lágrimas, tomó el papel y lo dobló en dos en un postrero afán de cerrar una grieta que en su desarrollo destruía toda la casa. Justo antes de volver a doblar en dos el rectángulo donde había dejado su alma prendida a unos renglones, algo muy hondo le hizo plegar hacia afuera los extremos de papel y se lo colocó en la cabeza. No se detuvo a mirar la imagen en ningún espejo.

En el gorro de papel arlequinado dejaba descansar el sueño de reinventarse.

jueves, 15 de diciembre de 2011

Llamada perdida.

Vétigo, obra de Antonio Sánchez-Gil


Me sentí envalentonada porque la imagen de mi espejo de baño, dejó que la niebla se dispersase. Me vi magnífica. Espléndida. Acabada de pintar por pinceles de marta y pigmentos de arcilla.

Cuando la tenue luz de la mañana, con la magia de una promesa, fue calentando mis horas, incluso aquellas en que ya no te esperaba, me destruyó el instante en el que el impulso de mi corazón te había olvidado. 

Porque era ocasión de abrir otra puerta a la vida. Ocasión para pasar página y rehacer lo vivido. De acomodar en mi almohada la levedad de tu talle para enterrarlo, y no sufrir más por la hoguera de mis sentimientos caducados.

La llamada perdida en el móvil me recordó, por un breve instante, que sólo estabas a diez horas de avión. Pero no eras tú quien llamaba.

Me pilló pensando en ti cuando sonó. Descerrajé el candado de un baúl intangible, para recuperar la brisa que creí olvidada. Esa ahíta de aroma de playa y canela, de sal y agua, que quedó prendida en mi pelo cuando te amé. Por última vez. Cerca del mar

Ya no sé qué debo hacer, porque me cuesta, y cómo me cuesta olvidarte.