María, en su Pluma de cristal propone capturar un instante de este confinamiento, y esa mañana fue especial. La comparto, a sabiendas que fotos de la superluna hay miles mejores, pero esta es la mía.
Del martes al miércoles, la luna debía estar muy cerca de la Tierra, lo que sin duda dejaría ver un disco más grande de lo habitual. Lo habían advertido y ahí estaba yo, mirando por verla salir desde las ocho de la noche. Había nubes y me cansé de mirar. “Mañana me pongo a mirar de nuevo, antes de que salga el sol, así la veré, me dije”.
Como suelo madrugar, no fue problema.
Subí al terrado y mirando al sur me quedaba el sol saliendo por el este, y al girar
la cabeza, una luna casi llena y que quería retirarse ya, por el oeste, me sonreía.
Al frente tenía el mar lejano, y que no pude ver, pero que suelo visitar.
Seguro que saludaba al astro rey, guiñando
un ojo a la luna, que, cercana y bella, le había dado la serenata de un noche
irrepetible de abril.

