jueves, 27 de julio de 2017

La maleta roja

De Google

Están llamando a mi puerta. Me pongo a fisgonear por la ventana. Me acechan.  Ya no me cabe duda. Anoche era un tipo con cara de facciones oscuras, sudamericano seguramente, y hoy una chica flaca que ahora mira su móvil mientras, de soslayo, consulta la puerta de mi casa.


El viaje fue maravilloso. Compartí con una barcelonesa los paisajes que siempre quise, de esa jungla costarricense que anhelaba conocer. En el Prat cogí mi maleta de la cinta, roja, con su adhesivo de un sol sonriente amarillo y llamativo. Llegué con tal cansancio y tantas ganas de regresar a casa que no abrí mi equipaje hasta ayer. No era el mío. Contenía ropa de mi talla y unas bolsitas con harina, seguramente con harina de maíz, porque los pasajeros que subieron en Madrid venían de un vuelo procedente de D.F, así que pensé que sería para hacer tortitas para tacos. Abrí las bolsas, las quince,  y las vacié en el wáter, tirando de la cadena después. Ahora dudo si fue una buena idea.

10 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Igual es que le dio pereza buscar su maleta y ese polvo le molestaba :-)

      Un beso

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  2. Está muerta.
    Es cuestión de horas...

    Besos.

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    1. Quizás minutos...porque hay cosas con las que no se juega, creo

      Un beso

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  3. Menudas gachas se podían haber preperado con la "harina de maiz". Incluso se podía haber invitado a probarlas a los que estaban en la calle.
    Un abrazo.

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    1. Se hacen tortillas estupendas, pero hay que saber. Las bolas de masa se hacen fácilmente , pero aplanarlas es cosa de buena mano o de tortillera, se llama así.


      Un abrazo

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  4. No arriesgo por las bolsas, ni por ka harina.. Y todos tan felices!


    Besos

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    1. Esas bolsas eran motivo como. O para desear devolver la, maleta, pero la cándida protagonista peco de inocente.

      Un beso

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  5. Ainssss pero qué mal que no fuera su equipaje.

    Besos enormes.

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    1. Ese despiste puede ser el último que tenga la viajera. Si fuera real, claro.

      Un beso y feliz noche, dulce María

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Ponen un gramo de humanidad a este lado de la pantallita blanca. Por eso, son siempre bienvenidos. Gracias por leer.