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lunes, 3 de diciembre de 2018

El teléfono

De Google

Pendiente del teléfono, mirando al vacío, suplicando que el tiempo se encogiera y llegase temprano el segundo preciso en el que tu voz sonase a través del móvil. Atada al tiempo de ese pulso en las sienes, deseaba que acabara pronto la espera, y  que ese momento exacto, atado al vacío, me permitiese agarrarme de tu mano, nuevamente.

Esperando, aún atada el teléfono, poder desatar los segundos, colgar luego el aparato, olvidar las súplicas y los suplicios, y calmar a las prisas de la incertidumbre. Sin miedo al ayer, machacón, ni al porvenir , indeciso, ansiaba volver a sentir que estábamos unidos por un  hilo invisible y sólido de esa pasión que mientras más daba, más desbarataba los minutos y segundos de la ausencia.

Malogramos esa magia por no haber sabido medir el espacio y el tiempo, por no haber podido entender que la distancia se parece demasiado al vacío, a pesar del hilo invisible. Nos alejamos, sin remedio, tal vez por un malentendido, pero el teléfono, con su enconado silencio, se negó a sonar, y nos perdimos, irremediablemente. Seguramente, para bien.

Salió el sol, las gaviotas volaron divertidas otra vez, las ventanas se tiñeron de nuevos amaneceres sin esperas telefónicas, las manzanas volvieron a oler a nuevas emociones y el corazón se dispuso a encontrar el ritmo justo en el que ninguna espera  preludiaba y,a taquicardia alguna de ausencias.

Bach, siempre adecuado

viernes, 30 de noviembre de 2018

Sospechas y sorpresas.


Regresaba de Soria. Con sus padres había discutido, por enésima vez. Confirmó que Joan tenía desconectado el móvil. Aparcó con un suspiro y en el bolso rebuscó, en vano, el maldito llavín del trébol de cuatro hojas. Empapada y hambrienta llamó al timbre. Esperó unos minutos, que bajo la lluvia le parecieron siglos. El hambre y la lluvia le azuzaban el ánimo, y pronto empezó a nadar entre presagios y malos augurios. Miró arriba de nuevo. La ventana parecía abierta, pero no había luz. Llamó una última vez al timbre antes de llamar al interfono de la vecina. No había de otra que pedir a doña fisgona que le dejase pasar por el patio de luces. Su galería estaba siempre abierta, así que respiró hondo, y atusándose el pelo llamó al timbre del tercer piso derecha,  asomando una sonrisa tímida e impostada. Tras una explicación sucinta, se vio a sí misma saltando de ventana a ventana por la galería. La lluvia dificultaba el proceso, pero no menos que los gritos de Doña Obdulia, la vecina, quien, apostada en su ventana, y con la excusa de la seguridad, le toqueteó las nalgas a conciencia. 

Entró en su terraza, clavándose la punta del tendedero en el hombro izquierdo. Disimuló el dolor mientras agradecía a la vecina, por la ayuda brindada, y, entrando en la cocina, suspiró hondo. Caminó con sigilo por el corredor, notando cómo sus latidos se aceleraban a medida que se acercaba a la puerta cerrada del cuarto, a través de la cual, se distinguía el sonido inconfundible de jadeos entrecortados.

Contuvo el aliento, llegando al fín a la puerta. Se detuvo un segundo antes de abrir, para pensar qué decir o qué hacer si tras la puerta le esperaba la conversión en certeza de lo que hasta ahora era simple sospecha. Tras recuperar un ritmo cardíaco normal, abrió decidida, y se encendió la luz. 

Allí estaba Joan, su hermana, su cuñado y Lola, su compañera. Con gorros de papel y matasuegras en los labios sonreían y gritaban a la vez ¡Feliz cumpleaños!. Dios qué susto, gritó. Miró el reloj: eran las 0,37,  así que ya era día quince. Cumplía cuarenta años, y no tenía la menor idea de qué hacer. Tras tragarse el discurso que habían preparado, apoyada en la puerta, improvisando una sonrisa, saludó a todo el mundo sin poder olvidar las sospechas que llevaba tanto tiempo arrastrando, porque la manera en que Joan miraba a Lola era sospechosa, más desde la Nochevieja, en que desaparecieron tantas horas. Tomó la decisión que le nació del corazón sin pasar por las razones: Recordando la conversación con el domador del circo que estaba en su ciudad desde el martes, brindó con todos, les besó y tras cortar y repartir la tarta, comunicó que había decidido dar un giro a su vida. 

Mañana sin falta partiría a embarcarse en un sueño largamente acariciado. Anunció. Le habían ofrecido el puesto de trapecista humorística suplente en el archiconocido Circus Popoff, e iba a aceptar. Observó las caras de escepticismo, pero lo tuvo claro desde joven, el humor y el circo serían su trabajo. Ni la carrera, ni el Master, ni el matrimonio, ni el piso, ni el coche le hicieron olvidar lo que en Soria había vivido en su juventud.  El Circo Popoff, cada Junio, sin falta, la sumergía en el sueño de poder trabajar en él. Esta vez, una nueva oportunidad del destino, podría cristalizarse en conseguir su objetivo juvenil.

Viernes en sintonía I


Me uno la iniciativa de Ester, viernes hasta Enero

Mi aportación
                                         Lagos del parque Nacional de los Picos de Europa

Silencio y verde
montañas sobre el agua
Picos de Europa

Nota. En Julio tenía previsto ir a Córdoba, pero el calor me acobardó. El cambio a Asturias y Cantabria me desveló los secretos de las querencias tan arraigadas de sus habitantes.
Córdoba caerá el próximo puente, si no hay imprevistos. Espero que me sorprenda tan gratamente como estos paisajes norteños.



jueves, 29 de noviembre de 2018

Escribiendo

Imagen de Google

Llevo un rato contemplando, absorta, la pantallita del portátil. He abierto un nuevo documento word. De pronto, aparece una letra. Luego otra. Las siguen más y más. palabras. Luego se van formando frases, acabando por ser expresiones con estructura gramatical. Son párrafos que reflejan ideas, o sentimientos, o historias, inventadas casi siempre.

Qué curioso: yo juraría que eran mis dedos los que se movían al mismo ritmo en el que iban apareciendo esas letras y esos signos. Más curioso aún es comprobar que los pensamientos se transforman en este texto que justo ahora concluyo  

máquina de escribir, Jerry Lewis

martes, 27 de noviembre de 2018

Los tertulianos

Imagen de Google. 


Se había puesto un pantalón de cintura baja, un suéter negro de cuello alto y unas zapatillas. De incógnito total se situó a prudente distancia de la tertulia televisiva. Tal como sospechaba, sus supuestos amigos murmuraban de él. En realidad le despellejaban vivo cuando no estaba. Se fue al lavabo  y regresó, ya al natural, siendo acogido con falso fervor y vil camaradería. Qué hatajo de hipócritas, se dijo.
Lo peor fue cuando él empezó a hablar mal de sí mismo. El grupo entonces, como una sola persona, saltó indignado, echándole en cara que no podían consentir oír hablar así de un amigo delante de ellos, y menos estando él presente.
Los encontronazos fueron a más. La acritud era palpable, parecía que podía cortarse, formaba una especie de nube por encima de las cabezas , casi visible cuando se pusieron en marcha las cámaras, para grabar el programa. Cada uno empezó a hablar mal, tanto de sí mismo como de los demás. Tanta crítica y autocrítica llevó a los tertulianos a un estado tal, que ya no sabían si al ejercer la crítica se criticaban a sí mismos o a los demás. Seguramente tampoco importaba. La cuestión era criticar.

Una y otra vez


Desearía poder detener mi corazón, porque mis latidos no me delaten. Oigo al otro lado de mis latidos, un rumor de pasos sobre la hojarasca.  Cada vez más cerca. A través de ríos de negras nubes, bajo las copas de hojas temblando antes de desprenderse,  un fugaz destello de luna baña la bruna del bosque. Creo reconocer tu cara, tu gesto, tus andares. El tarareo de tu voz, en una canción que no supe reconocer. parece sumarse a los sonidos de la montaña otoñal. Dudo entre agazaparme tras un tronco, o salir a tu encuentro, o  salir en busca de tu recuerdo. Me quedo inmóvil, oyendo la frecuencia de mi taquicardia. Contengo la respiración

Tras unos minutos, el todo de inquietud y añoranza  desaparece. Los pasos se alejan, lentamente. Tu silueta, tus andares y tu tarareo dejan paso a la realidad del hoy.  Paso a paso mi corazón vuelve al ritmo del otoño de mi tórax. Después, el silencio. Hasta el próximo otoño. Seguramente.


Time after time, Eva Cassidy

domingo, 25 de noviembre de 2018

Encadenado con Alfred 4

No usábamos imágenes entonces, y esta me encantó. De Internet

P.
  La sonrisa en la boca, la falda al viento. El manillar con un timbre y ese cestillo de mimbre. Abriendo el paseo, con sus pedales. Iluminaba el aire con sus movimientos, adaptados a una canción. Los auriculares blancos rompían el negro azabache de su melena. Me enamoró su luz

A Resplandecía su sonrisa ante un matojo de cabellos rizados al viento, su acompasado pedaleo, marcado por la canción le obligaba a un sobre esfuerzo, que le llenaba de vida...

P. desde las puntas de los pies a los latidos de su corazón en la subida. Con el ritmo de un sonido abierto a la claridad de su cintura, cimbreando sobre el sillín de negro cuero.,,,

A. esa música rítmica, que le marcaba el paso, y le conducía por un camino entre el deporte y la distracción, con unas faldas como banderas de una juventud inacabable, enamorando a los paseantes que compartían su meta

P. La misma que cada viandante guardaba en su propio corazón: saberse vivo, sentir el aire, amanecer despacio y disfrutar del pedaleo de la vida, por cada avenida que se iba tendiendo ante cada uno. Buscando el paso, a pedales o zapatillas gastadas. Haciendo camino a la vida.

A. un camino, que sólo necesita un buen y decidido pedaleo, con la suficiente fuerza para no decaer en el recorrido escogido, con unas piernas moviéndose sin descanso, para conseguir un sueño.,,

P que perdure más allá del verano. Que se retrase en cada hilo de noche, que llegue al otoño y no ceje en su línea de color, que ofrezca la fragancia de sentirse...

A.  sentado en un pretil de la carretera, con la cara enrojecida por el calor y el esfuerzo del pedaleo, con la meta de llegar a la playa postergada, esperando reponer fuerzas, veo pasar como una exhalación, la bella imagen de una ciclista, con melena y faldas acompasadas al viento.

P. Esa chica, que tras verte, dice adiós, girando con ello su cara, que sigue sonriendo al sol. Gracias por jugar.

A. Mientras embobado, con una sonrisa que se queda pétrea, la ve alejarse, le dice adiós con la mano y se presta a seguirla, con el corazón





sábado, 24 de noviembre de 2018

Ahora, y ¿por qué no?


Imagen tomada de Google

Ahora que has transitado los lugares que creíste más acertados. Que has evitado charcos de delirio y trampas de grandeza. Que has sobrevivido al vacío, y te has intentado mantener atado al suelo, descubres que los últimos puñetazos del ring de la vida, han podido contigo. Has caído. Quieres darte vuelta sobre las costuras, como un calcetín, porque sabes que el tejido de tu esencia sigue intacto, pero no es fácil, ni permite prisas.

Ahora, que el corazón sigue latiendo, y las neuronas bailando el vals de las noches vacías, sólo puedes pensar en llenarlas de nuevo, en abrumar al olvido, y a la soledad persistente, con tus ganas de seguir en pie, dirigiendo tus pasos a algún lugar donde no importe de donde se venga ni hacia dónde se vaya. Habrá más noches en las que pensarás ser feliz por estar acompañado, sin entender, una vez más, que el son al que bailas, al final, es el ritmo que marca tu respiración entrecortada, tu pulso, alterado casi siempre, por las prisas en encontrar algún resquicio de luz, alguna señal que te ayude a recuperar los pasos perdidos, a encauzar de nuevo el timón de tu deriva y la libertad de gozar del aire en tu rostro, en la aurora de otro día, irrepetible.

Ahora que un nuevo amanecer ha surgido, entre la nada espesa del calendario, para avisarte de que, a pesar de todo, merece la pena seguir caminando y abrir los ojos. Ahora, que has de volver a inventar el destino, la jugada, la postura y el acierto de ser dueño de este día. Ahora, que en tu locura de creerte invencible, te ves capaz de mirar de frente a todas las derrotas pasadas.

Ahora que te ves con fuerzas para  luchar contra todo lo que apuesta por echarte de la partida, por marchitar tus sueños y esperanzas, nuevamente. Ahora que sabes que no bajarás la testuz por penúltima vez, que no hay atajos ni artificios de farmacopea para llegar hasta dentro de ti mismo, y sientes la necesidad de recuperar las ganas de seguir en pie, a pesar de las zancadillas del destino. 

Ahora puedes emprender el viaje más duro de tu vida. No está en mapa alguno, ni hay agencia de viaje que te ofrezca ese estado de gracia que buscaste. En ese devenir del tiempo, acompasado, de las estaciones de nuestra alma, es donde está el "tempo" acorde a tu armonía interior,  y nadie puede darte ese billete, ni necesitas maleta para emprenderlo. Basta con que te abroches el cinturón, por si vienen curvas. Otras curvas.

Mi homenaje a Freddie Mercury. Hoy hace 27 años que murió