viernes, 18 de mayo de 2012

Copa de vino

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En el silencio del sótano, del celler más bello, hay una barrica con un distintivo. Sobre una mesa se dibuja  un decantador y una copa pequeña tapada con un pañuelo blanco, con ribete de encaje de bolillos. Pregunté la razón, ya que había otras copas boca abajo, descansando en una bandeja. El bodeguero me explicó la historia de la barrica, y sospecho que es verdad y no artificio, ya que esa barrica fue cedida a la cooperativa de la región por su propia familia.

Habló de un hombre especial, que, por azares del destino, encontró una cepa de cavernet sauvignon en su viaje a pie por las fincas cercanas. Con sus manos, y armado de paciencia , la sacó de su asiento pintado de sangre y fuego, y con esfuerzo la  transplantó hasta el viñedo familiar, previo consentimiento del propietario. 

Uno de tantos republicanos  de paso hacia el exilio, que conservaba la sabiduría, la razón y la certeza, de que podía ser su última oportunidad de dejar rastro de su paso en este mundo.
Durante su breve estancia en la masía, un niño agonizaba en ella. Los cuidados de ese caminante, con sus botas permanentemente embarradas, su templanza y sus conocimientos, fueron  esenciales en la recuperación del crío,

El invitado, como la legión de perdedores que buscaban llegar a Francia, cabizbajos, vencidos y humillados, siguió su camino hacia el norte. La cepa  alargó las raíces, entre nuevos terrones de barro. Aún puede verse tras un recodo. Sigue dando fruto.  Irradiando, bajo la luz de las tardes, aroma a serenidad.   

Me explicó que esa vid, está  cuidada con unos mimos insospechados. Es la consentida , la reina de la uvas de ese rincón del Penedés. Se recoge en el momento exacto de maduración,. Los racimos se cortan por manos expertas y amorosas. Sus frutos son prensados únicamente, por pies de los chavales de la familia, El mosto que produce, va a la barrica marcada, de cuyo silencio y reposo sacan, sólo de forma ocasional, alguna cata, que sirven en esa copa tapada por el pañuelo.

Hay que dejar que repose, quiere silencio.- Me dijo.

Y asentí. Por alguna razón me dio a probar una dosis, que resultó homeopática .

Olí la copa al acunarla entre mis dedos y parecía visible la oxigenación y el desprendimiento de cada aroma que exhalaba, en cada centímetro del cristal, la gota exacta de un río rojizo de vida diluída. Con los efluvios sentí una sensación de paz, la reconocible sensación de estreno y puerta abierta a la vez. Sabe a libertad y huele a viento azul, con un desliz de salitre. Como si algo te cosiera, a punto de vainica, al cuello de la vida que contiene. Para poder degustarla, despacito, a lentos sorbos. 

Como sommelier de pacotilla, apenas un diminuto sorbo trajo a mi paladar, la auténtica sensación de que los taninos podían renovar mis gastadas letras usadas.

Desde ese día, cuando una copa concreta de mi anaquel, me saluda con su luz violácea, siento cómo regresa a mi lado el olor a barricadas. Las del " No pasarán", ecos que jamás antes había oído. Desde entonces, las palabras se me hilvanan con menos desaciertos. Noto el olor a barro de sus botas, que no eran de siete leguas, sino de tamaño normal, porque su destino era de muy largo recorrido.

Hay una cierta prisa que me ha abandonado, y que entorpecía mis manos ante el folio en  blanco,  y parecen llegar las palabras con más fluidez, como traídas por el viento a libertad que ese hombre trajo con él.

No se conoce el final .de su camino hacia el exilio. Creo, pero no lo divulguen, que parte de él quedó en esa vid. Sin final feliz o con él, cuando desayuno el bocadillo de jamón acompañado de una copa de tinto de esa cooperativa, no cambiaría mis desayunos ni por mil diamantes.

Los enológos sabrán de mil situaciones físicas sobre tipo de suelo, temperatura y otras circunstancias, Yo afirmo, que si fuera medible, con un aparato inventado, hallarían en la barrica, mezclada con el vino, un poso de sabiduría. 

La pena es que no se me contagió. Sólo alcanzo a poner una palabra tras otra en este momento. Precisamente cuando quería rendir homenaje a un gran ser humano , a un republicano sabio.

Cuando un rayo de sol acaricia mi copa y la hace cosquillas, su sabiduría  acompaña mi historia...

Su historia....,
La Historia.




6 comentarios:

  1. Cálido homenaje a las victimas de la diáspora republicana, centrada en una bella historia, cuya inspiración a través de una copa de buen vino, si te permite poner las palabras adecuadas.
    Levanto mi copa y brindo contigo, por toda esa buena gente que perdimos.

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  2. Es un tímido y bastante torpe homenaje a unos símbolos y a unas personas.

    Símbolos: más de uno, personas: todos los que se dejaron la vida en el empeño de la libertad.

    Pensaba en alguien especial, que tengo en inmenso aprecio.

    un abrazo Alfred

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  3. Maravilloso, Albada. Me ha encantado. ¡Cómo no me va a gustar un relato de mi adorado Penedés! Tu relato tambien huele a libertad, a buen vino, a compasión, con una pátina de nostalgia y añoranza. Esta tarde brindaré a tu salud.

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    1. Querido Andrés.
      Me alegra que te haya gustado. Los buenos vinos, gran crianza, tienen ese qué sé yo que nos hace sospechar la historia que pueden traer consigo.

      Los caldos del Penedés, tu tierra, entre los mejores. Sin dudarlo.

      Brindo por ti. Un abrazo.

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  4. Precioso homenaje Albada. Quiza eché de menos algun símil entre el rojo vino y la sangre "roja" (y tambien "azul") derramada por las cunetas.
    Un besote en copa ancha

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    1. Gracias por tu lectura.
      Uso "la gota exacta de un río rojizo de vida diluída. Con los efluvios sentí una sensación de paz",... y uso el color azul. "...huele a viento azul, con un punto de salitre". Y a punto estuve de usar el negro. La CNT dejó muchísima sangre roja, como amapola encendida sobre una bandera negra. Le ha ido de un pelo, la verdad.
      Pero es un texto a medida de una persona. Sin estandartes ni pendones ni carnet alguno, creo.
      Una guerra civil tan cruenta y larga, dejó sangre con filiación y sin ella.
      En la posguerra sí entiendo un sólo color en el horizonte visual de la grande y libre España.

      La sabiduría, casi siempre, proviene del tiempo y el dolor.

      Un abrazo.

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