![]() |
| Imagen de Pedro Riverol Sicilia |
Siguiendo la iniciativa de https://elbicnaranja.wordpress.com/
La historia de mi vida es una
historia llena de impulsos. Eso sí, hacia las mujeres únicamente. No me tentó
el poder ni el dinero, ni el estatus o la gloria. Tan sólo esas miradas de
hembra que escondía una lucecita verde, como de taxi libre.
Esos impulsos que vestí de sexo
para dejarlos en el cajón de los olvidos, ahora, que el respirador de mi unidad
de la UCI empieza a soltar pitidos, me recuerdan verdades a medias. Tras alguna
sé que sentí rencor, con alguna otra sólo rabia, con algunas un ansia de
venganza por quien me tocase en el coro de la parroquia, y con ninguna amor.
Quiero creer que eran impulsos nacidos de un ardiente infierno que no podía o no aprendí a contener.
Ahora, que la vida se me escapa
como el humo de los habanos que gocé, entre los dedos no me queda ni un color
amarillento de fumador empedernido. No quedan ni las brasas de un fuego. Ni una voluta de mi ayer, porque hasta eso se ha diluido tras el
accidente.
Tanto cuidado en no dejar huellas ni pistas en cada violación, para acabar encerrado y preso, mucho más preso que en un penal.
Tanto cuidado en no dejar huellas ni pistas en cada violación, para acabar encerrado y preso, mucho más preso que en un penal.
Quiero recordar a una mujer. La única a la que no forcé. Se llamaba Eva. Me vienen a la mente algunos bustos, pero no reconozco ni una
mirada en ellos, ni una boca que alguna vez susurrara a mi oído un “Te quiero”, tampoco la de Eva.
Lo que
no puedo recordar es si llegué a hacer una declaración de amor. Aunque fuera una sola vez.








