miércoles, 7 de marzo de 2018

Caminar, tal vez correr


Han pasado cuarenta años desde  la detonación. El cartucho de dinamita se había adelantado unos segundo a su hora de explosionar, y me había dado de lleno una roca, que, como un obús, sentí que me empujaba, desde abajo, en un mar de ruido infernal. Caí sobre la tierra boca arriba. Mientras volaba, unos pocos metros que parecieron largos, puedo recordar con precisión cómo mi vida pasó por delante de mi vista, y me acuerdo de la sensación de dejà vie que me produjo. Pensé, qué raro, se parece a lo que muestran las películas. 
Con mis veinte años las imágenes no eran demasiadas, pero mostraban los momentos importantes de mi corta vida. Asumí que estaba por morir. Me llenaba una paz interior, que también luego descubrí  que personas al borde la muerte explicaban, que me tranquilizó. Me había preparado para desaparecer cuando reboté en el suelo. No sentía sonidos ni sensaciones. No había dolor alguno, tal vez estupefacción  porque la sensación placentera se había convertido en la percepción de que seguía viva. 

Hice el gesto de levantarme, de incorporarme con los codos y ponerme en pie. Ahí el dolor acudió con una virulencia que desconocía. Algo andaba mal, muy mal de cintura para abajo. Escuché mi respiración, agitada, y los pasos a la carrera de mi compañero de turno. Me escuché diciendo " que venga la ambulancia", y le escuché, muy nervioso decir que aguantase, que estaba de camino.

La amputación era inevitable. Lo descubrí después, cuando en la cama del hospital el traumatólogo bromeaba con que se estaban experimentando con nuevas prótesis muy eficaces y naturales. Me animaba a no desesperar. Podría correr los cien metros lisos. Algún día

Durante años soñé reviviendo el accidente. También soñaba repetidamente con correr, con alejarme del lugar de los hechos. Lo que nunca imaginaría aquel médico, es que ayer acabé una maratón, a mis sesenta años  Una medalla de bronce ahora luce sobre mi cama. Espero que me sirva de talismán, contra las pesadillas.

Inspirado en Un texto de Soro

12 comentarios:

  1. Cuando, por casualidad, consigues ver una carga explosiva que detona cerca de ti, el primer sentimiento es de sorpresa, si vas con alguien, quieres decirle:¿Qué es eso?. Pero no tienes tiempo de nada. Es un punto muy blanco y pequeño que, en una fracción de segundo, se expande en una esfera grandiosa. Antes de que te dé tiempo a nada estás levitando en el aire y sólo una fracción de segundo después oirás la explosión. Cuando te levantes del suelo, si es que puedes levantare, estarás sorda y, tu pánico se desatará cuando intentes hablar y creas que te has quedado muda porque no te oyes. Luego vendrá todo lo demás. Si no ves la explosión inicial no sabrás lo que ha pasado ni verás nada pero las siguientes sensaciones serán iguales. Quien lo ha probado lo sabe.
    Saludos y gracias por tus comentarios.

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    1. Quise ponerme en la piel de una minera, o de una trabajadora de la construcción de un pantano, o de destrucción de edificios, que fuera alcanzada por una roca o similar. Al aire libre y con una distancia prudencial del lugar de la detonación. Con resultado de amputación de una pierna y afectación de la otra. Parece que tú has vivido lo que narras, porque, como dices, quien no lo ha sufrido no puede sino creer la descripción de las sensaciones que propones. Sin duda exactas.

      Un saludo, y te seguiré leyendo. Aunque no se cómo seguir las entradas de tu blog. Un placer y que tengas una tarde sensacional

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  2. Me has hecho recordar la onda expansiva de una granada y fragmentos de la misma que pasaron silbando cerca de mi cabeza.
    No era la guerra eh... era en la mili...
    Qué poca cabeza la de aquellos instructores... casi me dejan sin la mía.

    Besos.

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    1. Jolines con la mili y los instructores. La sensación tras un brutal impacto es muy variada, pero me alegro de que, en tu caso, quedara en un susto sin secuelas aparentes. Hay impacto anímicos que cursan con secuelas similares a la pérdida de un miembro. El dolor del miembro fantasma sería un ejemplo, pero hay deflagraciones en la vida que nos dejan peor que amputados, y no hay prótesis de diseño que puedan volver a hacerte caminar.

      Un beso

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  3. La pérdida de un miembro tiene que ser algo tan traúmatico que me aterroriza sólo imaginármelo.
    Un beso.

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    1. Ha de ser horrible. Perder la capacidad de moverse, de desplazarse es una marranas, una estafa de la vida.

      Un beso

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  4. Cuando ves películas siempre acaban bien, la recuperación es maravillosa y el amputado es feliz sin su miembro. Mentira, no lo superan ni físicamente ni mentalmente. Los dolores nerviosos son imposibles de quitar, no hay medicamentos para que no te duela una pierna que no tienes, las prótesis causan heridas, y los desnudos en publico son mortales. A pesar de todo cada vez se supera mejor, hay mas metodos y algo mas de esperanza. Un abrazo

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    1. En las pelis los argumentos van sobre superación, siempre. La realidad es menos halagüeña. La lucha es titánica, pero la recuperación es posible. Con fuerza de voluntad y prótesis cada más más robóticas, la calidad de vida de los amputados hoy en día es buena. Quise explorar a una mujer como muchas, una heroína de la superación.

      Feliz día de la mujer, a ti, que como todas, eres una luchadora. Un abrazo

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  5. Es admirable el espíritu de superación de esas personas que, lejos de venirse abajo, se levantan de su desgracia y nos dan un ejemplo de entereza.
    Un abrazo.

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    1. Se llama resilencia. Es la capacidad de salir más fuerte tras una tragedia. Es un fenómeno que se ha estudiado muy bien tras el 11S de N.Y. Hay unos componentes personales que si están en una persona, pueden superar, con ganancia, de los sucesos adversos, sean anímicos o físicos. Todos conocemos a esos héroes que tras un suceso trágico, casi siempre se ve en infartos o cánceres, salen más fuertes del evento.

      Un tema interesante. Un abrazo

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  6. Admiro a esas personas que siempre tienen tanto ánimo y optimismo, conozco a alguien así, y siempre tiene la sonrisa en la boca, y tantos ánimos, los que tantos nos faltan a veces los que estamos bien, de verdad, me fascinan esas personas.

    Besos enormes.

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    1. Son seres irrepetibles que nos dan su lucha contra el desánimo. Nos regalan la posibilidad de no rendirnos y eso no tiene precio

      Un beso, María

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