sábado, 17 de marzo de 2018

Echando la vista atrás

Imagen de Aguirrefoto


Su desmemoria estaba cada vez peor. Parecía avanzar sin que los trucos que iba improvisando pudieran detenerla. Intuía que pronto perdería sus recuerdos, para siempre.  Se puso a escribir, cada noche, su nombre completo, de dónde era y algunos datos personales. No quería olvidar a su esposa, ni a sus tres hijas, sobre todo a la menor, con la que vivía, Patricia.

Una noche se encontró con un boli en la mano ante una hoja de papel. Leyó un nombre, un lugar que no podría ubicar y cuatro nombres más, de mujer. Creyó que eran apuntes para un relato y escribió un rato, hasta que se cansó. 

Una tarde, como todas, se fue a la playa, a mirar el mar. Ese día dudó un poco al elegir el bloque de pisos donde tenía que ensartar su llave, pero llegó bien. Patricia le puso la cena y él intentó recordar a un ave que había estado cerca de él, sin resultado. Sacó un boli, y ante un relato inacabado de alguien, que encontró en la mesa de su dormitorio, fue escribiendo hasta llenar el folio. Podía recordar con exactitud episodios de su niñez, sobre todo de los meses de mayores bombardeos en Barcelona, pero era incapaz de recordar qué había comido al mediodía, ni siquiera qué había cenado hacía apenas una hora. 

Cansado,  intentó firmar, buscando en su mente un nombre, y que tardó en poder plasmar. Miró sus manos, que ahora parecían torpes, y se echó a llorar ante el pijama doblado que le esperaba, sobre la almohada.

Vaya mi admiración a los ancianos y pensionistas alzados en pie de guerra, y con razón

16 comentarios:

  1. Podía firmar debajo de esa frase en la que hablas de que podía recordar nítidamente episodios de su infancia y no se acordaba de lo que había comido ese mismo día.
    Muy buen relato.
    Me uno a tu admiración por los pensionistas hartos y levantados.
    Un abrazo.

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    1. Imagino que no es lo mismo. Tenemos despistes, con cada año que cumplimos más, pero seguro que no es esa desesperación por sentir que la memoria se está diluyendo.

      Gracias, Macondo, por tu lectura. Un abrazo

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  2. Vaya también mi admiración.
    El relato es duro pero me temo que refleja muchas realidades.

    Todo mi apoyo para ellos.

    Besos.

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    1. Refleja la punta de un iceberg de colosal magnitud para el tipo, y para su familia. Para su familia aún más. Es sibilina de demencia, y sobre todo, muy cruel. Ese ser pasa a ser alguien que con el nombre de "mi padre" no logras adecuar a la imagen que tienes de tu padre. O tu madre, es lo mismo. Yo he tenido el privilegio de no vivirlo en los míos, sino en la madre de un compañero, y hasta para mí fue demoledor.

      Intenté que no fuera muy duro, ponerle un gramo de dulzura, pero nuestros mayores vivieron una realidad que a imaginar no alcanzamos, y quise rendirles un homenaje, literario. Un beso y feliz finde

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  3. Un relato triste y duro porque refleja una realidad que, por desgracia, es cada día más frecuente. Profesionalmente he podido constatar lo destructivo de esta enfermedad para el entorno familiar. Afortunadamente ninguno de mis mayores la ha sufrido.
    Un beso

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    1. Es muy triste, pero real, como sabes. Una tragedia familiar. Nuestros mayores, supervivientes de unos tiempos, merecen lo mejor por lo que han vivido, superado y luchado. Lástima que algunos se pierdan el los laberintos de la memoria.

      Un beso y feliz finde

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  4. Lo más triste de todo no es cuando no nos conocen a nosotros, es cuando nosotros no los reconocemos a ellos.

    Un abrazo.

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    1. Esa es la tragedia. Esos seres que fueron mamá o papá no nos recuerdan a quienes eran.

      Un abrazo

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  5. Con mis 82 años, tengo miedo que me pueda pasar algún día lo que al protagonista de tu relato. Por eso no dejo de leer y escribir, es la mejor terapia para avivar la mente y un ejercicio para mantenerla firme.
    Besos.
    Me apunto a ti lista de amigos.

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    1. Perfecta rstraestra. Enhorabuena por tener la mente y el ánimo que manifiestas.

      Un placer tenerte como amigo. Un abrazo grande

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  6. Me uno a tu homenaje, nuestros mayores lo merecen. Un abrazo

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    1. Me alegro. Merecen el mayor respeto, y ni en broma la mala jugada de empobrecerles.

      Un abrazo

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  7. Tu texto me ha sacado lágrimas de los ojos, porque como cercano a mí, como imagino también a los demás hay un ser querido que está perdiendo o haya perdido la memoria, es duro, no perderse en la memoria, no solo entre recuerdos, pero mucho más cuando no recuerdan a los seres queridos.

    Precioso homenaje para quiénes todo lo merecen. TODO. Mi admiración y respeto.

    Y un beso enorme para ti.

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    1. Es un tema muy duro, y quise tocarlo, al hilo de los pensionistas, pero pretendi ser muy cuidadosa.

      Un beso, dulce María. gracias por tu lectura y comentario.

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  8. Muy triste ver como se desvanece lo que has sido.
    Un beso.

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  9. se difumina, con la demencia. Hasta desaparecer. Conocí una mujer con tantos años de alzheimer a sus espaldas, que durante los tres años en los que la vi, era como un bebé, en posición fetal y alimentada con cucharadas de batidos. Su hijo, desde que empecé a tratarles, no le deseaba ningún daño, y tanto él como su esposa la cuidaban bien, pero rogaba porque pudiera morir en paz. La vida, cruel muchas veces, hizo que muriera una hija, por cáncer de mama, y ese hombre no podría entender la mala broma del destino.

    Que no nos toque ese final infame, pero si es mi destino, que me ayuden a desaparecer. Los ancianos, muchos de ellos, están muy bien de cualidades mentales. No sé si será la posguerra española, que a quien no se llevó por delante le hizo más fuerte, pero afortunadamente, hay muchos que están bien, y es una pena que se rían de ellos. Un beso

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Ponen un gramo de humanidad a este lado de la pantallita blanca. Por eso, son siempre bienvenidos. Gracias por leer.