Le había gustado mucho, de hecho, los finales agridulces no eran de su agrado, ese sí, y era tan bonito, que le gustaría que fuera un
libro, para poder tenerlo y leerlo. Ese hatillo de folios mecanografiados en
sus manos era como asistir a un parto. Los
hijos traen un pan bajo el brazo, dicen, y María
hace tiempo que tiene una idea de negocio. Quiere ser editora, y ya he leído
otros textos de sus posibles representados, y nunca se rinde, así que, aun con un final en
el queda en el aire el futuro confortable, será una ventaja no añorar demasiado
el mar. Los de secano, como ella, están, acostumbrados a vivir sin él. Los finales
medio imprecisos, no sabe por qué, tienen
una lectura esperanzadora, y es que María sigue queriendo creer que si hay amor todo es posible, y ella se ha enamorado de una novela inédita.
El mar puede curar, con sol,
salitre y espuma, todos los males del alma, y algunos del cuerpo. Ante las olas
que lamen la playa desierta, su actitud es como un canto a la esperanza, en
tiempos de confinamiento, donde dos seres se enamoran y viven su propia
historia de amor. El murmullo del oleaje como fondo, les une mucho más de lo que parece,
ya que dos son almas libres. Ella, ante el mar, sujetando lo que ha decidido
publicar cuando pueda, rezuma amor,
compenetración y esperanza. Esos parámetros para sobrellevar el confinamiento
con ilusión y sin derrumbarse le son de especial valía. Le queda un suspiro latente y
así, enamorada, de la lectura, y del
mar, ya tiene quien le escriba y, tal
vez en un futuro, una rastra de hijos.
Porque pase lo que pase, de todo se sale, se dice.
Después de lo pasado, el
posible despido inminente tras la pandemia, será lo menos importante. Habrá
otras opciones que le permitirán salir del bache hasta que su editorial vea la
luz, pero ha descubierto algo que la mantendrá fuerte, la vida le ha dado una
oportunidad, y ha decidido disfrutarla. Tiene en sus manos una historia que
demuestra cómo una amistad por internet puede crecer hasta convertirse en un
proyecto de vida. Mirando al mar, se queda añorando los veranos en las playas de la infancia y el contacto
físico con las personas amadas, sabiendo que todo regresará. Tiene una imaginación para ver y enlazar la belleza de lo leído, aún fresco en su cabeza, con las
imágenes de ese bestseller que llegará a ser, siendo
consciente de que tiene la fuerza para saber que, sean cuales sean las pruebas que le pongan,
siempre saldrá a flote con esos textos que le enviarán los escritores, y donde siempre dejan una parte de ellos.
Siempre, y cada día, se deslizará por
los textos como quien se lanza por un tobogán. Sabe que hay amor entre las palabras
y ella, y que saldrá adelante. Un
acontecimiento, la llegada del manuscrito, es casi como una señal divina, que
augura un nuevo mundo, una nueva oportunidad.
La vida en su más pura
esencia; aquella que se abre camino, y aquella que sufre y pende de un frágil
hilo, será editada por María, y reeditada. Está segura. "Nada se va, hasta
que nos haya enseñado lo que necesitamos saber", se dice, cuando el sol
asoma por el horizonte marino. Esa romántica historia, que hará pensar que
dentro de todo, la vida presenta regalos, más allá de aquello que falta por contar,
es el inicio de una nueva vida para ella. En la adversidad es donde uno se crece,
lo sabe, y en esta ocasión podrá contar con el apoyo y toda la fuerza de quien le ha de acompañar
en el camino. Es consciente que la vida nunca es de color rosa, que siempre
plantea dificultades para que nos mantengamos ocupados. Ese abrazo de la mujer
con libro, está teñido de esperanza, porque mientras ambos se acunan, será más fácil
enfrentar lo que venga. ´
La imagen a contraluz, es un canto a la
esperanza, esperanza verde como ese mar que María añoraba aun siendo de secano.
Se ha generado, por amor, un ecosistema que abarca todo que lo ocurre en este
confinamiento y de lo que ocurrirá más allá. Ojalá perdure el amor por la
lectura, y cuando pasen los años, y
llegue a ser una viejita con nietos, pueda contarles cómo salió adelante tras la
pandemia de primeros de siglo XXI, se dice. El abrazo al recién nacido, aún
desnudo, contiene la fuerza de que el amor todo lo puede en la vida. No importa
cómo. Es posible que tenga que superar los sustos iniciales de un nuevo proyecto.
Confiará en Raúl, lector empedernido y
hermano de letras, y con el ingenio y olfato de ambos, este proyecto recién gestado ratificará que arriesgarse
ante lo desconocido, puede ser un paso
hacia la felicidad.
Este texto está confeccionado con los comentarios del post previo, así que gracias, amigos blogueros, :-) .























